La Verdad de la Historia sobre el Lenguaje Usado en Lares “Lechi Di Poti”

He tomado muchos cursos de Historia y de Español en mi vida estudiantil y nunca un maestro de los que tuve me hablaron del origen de la frase “Lechi Di Poti ” sobre el habla campesina; los compañeros estudiantes más bien lo hacían en forma burlona y jocosa. Algunos hasta vacilaban y en tono despectivo la usaban.

Muchas veces escuché preguntar a los que la decían, si venían de Lari o de Ciali. Y esto acompañado de un hablar medio raro y chillón además como si hubiese sido el resultado de un añoñamiento del habla; como si tuvieran un problema del habla o de la garganta.

Nunca escuché a mis compañeros universitarios del recinto de Rio Piedras que vivían en Lares decir esa frase y nunca tampoco me atreví preguntarle sobre la misma. Hoy gracias a mi sobrino Carlos Barradas Mejías, aguadillano, veterano del ejército, maestro, estudioso, lector voráz, analítico, residente en la nación americana y quien siente orgullo de ser puertorriqueño que me entero de la verdad de la historia de esta frase.  Carlos a quien cariñosamente le decimos “Tito” me hace llegar este escrito realizado por el Sr. Alexis Morales y que quiero compartir con ustedes mis amigos, los compañeros estudiosos de la Historia de Vega Baja, maestros de Español, Historia, Estudios Sociales, e Investigadores. Con la gran esperanza de que se divulgue esto, formando una gran cadena de aprendizaje. Donde se pueda ver la influencia del regionalismo en el leguaje y que no es sinónimo de poca educación. He aquí el escrito. Espero lo disfruten y lo compartan.

Respeto para nuestros jibaritos. DI DÓNDI VIENI LA LECHI DE POTI
Por Alexis Morales – Cales Rural News
Cuando los sanjuaneros se refieren a Lares, suelen decir en tono burlón: “Lechi di poti”. Para que hablen con conocimiento de causa, vamos a explicarles el origen de ese tipo de pronunciación. Vamos a remontarnos a la España primitiva, a un pueblito llamado Piornal. La villa de Piornal ubica en las altas montañas entre Castilla y León. En sus orígenes era un pueblito de pastores y ganaderos. Era una villa tan pobre que aunque España fue invadida y poblada por los bárbaros, los visigodos y los árabes, ninguno de los invasores se interesó en invadir Piornal. Habiéndonos ubicado en tiempo y lugar, sepa usted que en España se hablan cinco idiomas: castellano (que nosotros hablamos), gallego, catalán, vasco y extremeño. Este último era común en el antiguo Piornal.
A Puerto Rico llegaron familias provenientes de Piornal. Se establecieron en las montañas de Puerto Rico, y su huella se nota especialmente en una franja que va desde los barrios altos de Guayanilla y Peñuelas hasta el sur de Lares, incluyendo el poblado Castañer. Los piornaleros solían combinar el castellano con el extremeño. Por ejemplo, cambiar la e por la i. (venti, lechi, etc.). También las palabras que terminan en O, cambiarlas por U (Humacau, pescau). Cambiar la S por la J (nojotro). Algunas frases propias que identifican al jíbaro como “asina mesmo”. Dejar de pronunciar la D (alreor, méico). Cambiar el orden de las palabras (me – se- cayó). Llamar “Jumbetas” al Diablo (se lo llevó Jumbetas).

Hasta el típico LELOLAY parece venir de Piornal. Queda claro entonces que frases como Lechi Di Poti no son otra cosa que restos del antiguo idioma extremeño de los piornaleros. No son palabras mal dichas.
Los piornaleros quedaron en el olvido, sus tradiciones duraron mucho tiempo. Tal vez lo más notable de la tradición piornalera fueron las tornabodas. Esto era la costumbre de celebrar varias recepciones seguidas tras una boda, durante nueve días. Se celebraba una recepción en casa de los padres de la novia, luego en la del novio, luego en casa de los diferentes tíos. Esa tradición piornalera no se celebra actualmente pues si una recepción es costosa, imagine cinco o seis recepciones corridas.
Habiendo visto este trasfondo histórico, vemos que parte de nuestras raíces están en la Villa de Piornal, en las montañas al norte de España. A nuestros piornaleros les debemos bellas tradiciones, la herencia del idioma extremeño… y la lechi di poti.

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