Historias de la Historia| «Vega Baja desde sus techos de tejamaní y de nubes»

 

Por Carlos M. Ayes Suárez, M.A.logo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

carlos-m-ayes-suarez-2La publicación del libro “Vega Baja desde sus techos de tejamaní y nubes: un recorrido por sus edificios históricos urbanos y lugares abiertos para esparcimiento” de la autoría del Sr. Wilhem Hernández fue subvencionada por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y el “National Endowment for the Humanities” en coordinación con el Gobierno Municipal de Vega Baja en 2016. El mismo consiste de una publicación bilingüe de 220 páginas dividida en 2 partes con la versión al inglés como anejo. La primera parte trata sobre “los edificios públicos urbanos y lugares abiertos para esparcimiento” y la segunda “La transformación urbana de Vega Baja, 1776-2016”.

En la “Introducción” el autor nos comenta que “En este trabajo se incluye una muestra representativa de estas edificaciones, quedando fuera otras por motivo de la limitada información histórica disponible hasta la fecha.” A renglón seguido informa que utilizó como referencia principal el “Inventario histórico-arquitectónico de la Zona Histórica de Vega Baja”; documento que sirvió de base para que el ICP y la Junta de Planificación establecieran la Zona Histórica de Vega Baja en 2004. Dicho inventario fue hecho por los historiadores Luis de la Rosa Martínez y Leonardo Santana Rabell.

Pese a que el autor opina que al estudiar dichos inmuebles “se constituyen en un registro de nuestra historia y de la formación de los pueblos” el manejo de la información obtenida de dicho inventario se basó en la selección arbitraria de los inmuebles como productos de un “shopper” carente de criterios clasificatorios aplicables al estudio de los inmuebles coloniales. Del ordenamiento de la exposición de datos sobre cada inmueble no se desprende si más allá de la selección de sus respectivas fichas del inventario, medió algún criterio clasificatorio relacionado con las funciones generales de los mismos tales como su posible agrupamiento como inmuebles de tipo gubernamental, comerciales, religiosos, militares o domésticos; estilos arquitectónicos o importancia histórica.

Plantea el autor que “los edificios considerados en este trabajo son una visión parcial y un tanto clasista de la arquitectura vegabajeña”. Tal vez, en el capítulo correspondiente a “La periferia urbana” se pudo salvar la limitación “un tanto clasista” que el autor le atribuye a su selección de fichas, incorporando inmuebles representativos de la arquitectura doméstica del pasado siglo tan abundantes en la ruralía de nuestro municipio. Igual limitación de criterios representa la selección única del “Panteón Otero Martínez” en uno de los recintos que urge su incorporación a la Zona Histórica como resulta ser el Cementerio Viejo.

Si bien el uso del concepto urbanístico de espacios abiertos se maneja dentro de una concepción muy limitada, la Parte II, titulada “La transformación urbana de Vega Baja, 1776-2016” cuya redacción mantiene un “enfoque temático-cronológico” (Podríamos decir, positivista) la segmentación cronológica de los tópicos no evidencia un criterio claro para la misma. Aun peor, la minuciosidad en la exposición de los datos correspondientes al siglo veinte contrasta con el ligero tratamiento de los temas discutidos correspondientes a los siglos anteriores. Da la impresión al leerse, que fueron escritos por personas distintas.

Si bien la historia es revisionista, se observa un exagerado intento de parte del autor por aferrarse al año de 1776 como la fecha de fundación del pueblo ignorando las nuevas aportaciones historiográficas a dicho tema. Esta postura un poco cómoda y conservadora también se observa en la sección de créditos de la publicación, donde el autor enlista los nombres de las personas que colaboraron con la publicación en sus distintas etapas de producción. Entre los lectores y lectoras no encontramos ninguna persona, con la excepción del historiador Thomas J. Rosario Martínez, que tengan el peritaje necesario para servir de lectores de un ensayo historiográfico. Sin embargo, aflora un aparente conflicto con lo que cada uno de ellos representa y cuya influencia política es evidente en las esferas gubernamentales municipales.

Pero el problema del clasismo que el autor le atribuye a su selección de fichas arquitectónicas se refleja de igual modo en el evento de presentación de la publicación el cual fue excluyente en su forma y que limitó la participación a aquellas personas que fueron enteradas selectivamente. Es cierto que los problemas de clase permean nuestro acontecer diario en la medida en que uno se sepa parte de una clase social pero no actúe de acuerdo a los intereses de la misma. Recuerdo a mi profesor de humanidades que insistentemente repetía que situaciones como estas respondían a la tendencia de la burguesía de estar siempre bizqueando hacia la aristocracia. Pero admito que no sé si se refería a la aristocracia macaca de la poesía de Luis Palés Matos.

En la publicación encontramos una buena selección fotográfica que sirve de apoyo a la información provista sobre los inmuebles y espacios abiertos seleccionados para la inclusión en el trabajo. Aunque hay que señalar que no se da crédito a los fotógrafos que las tomaron. Lamentablemente se nos presenta únicamente detalles de las fachadas de los inmuebles y carece de fotografías de elementos arquitectónicos de los interiores de los mismos. Cada ficha del “Inventario histórico-arquitectónico de la Zona Histórica de Vega Baja” contiene información de dichos aspectos arquitectónicos del interior de los mismos.

La publicación en español e inglés del libro podría sugerir la posibilidad de que lo mismo responda a un posible plan de desarrollo turístico donde se contempla la llegada de visitantes y turistas de lengua anglosajona. No lo sabemos. Sin embargo, carecemos de información sobre el particular lo que nos lleva a pensar que la iniciativa es una fútil en la medida en que no contribuirá en forma alguna al desarrollo económico del municipio. De ser incorrecta nuestra apreciación, entonces tendríamos que preguntarnos por qué en los lugares de esparcimiento no existe rotulación en ambos idiomas.

La publicación del libro “Vega Baja desde sus techos de tejamaní y de nubes”, es sin lugar a dudas una aportación a la bibliografía historiográfica de Vega Baja. Pese a esto, la postura conservadora del autor que contradice el principio revisionista de la historia evita que la misma represente una innovación en el desarrollo de la disciplina. Al comparar este trabajo con los trabajos previos del autor, no podemos más que concluir que este no exhibe el nivel de rigurosidad científica que sus trabajos iniciales exhibían.

No nos cabe la menor duda de que el autor tiene la capacidad de producir un mejor trabajo que el que nos acaba de presentar. Estaremos pendientes a sus nuevas publicaciones.

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