Como puerco robado

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

El espectáculo que montó Carmen Yulín Cruz en colaboración de Luis Gutiérrez fue muy desagradable. Una persona como Oscar López, al que todo el pueblo de Puerto Rico le ha dado un valor social de dignidad ante la adversidad, no merecía que fuera escoltado como un presidiario o un impedido cuando precisamente salía de la cárcel hacia su destino intermedio en ruta a su entera libertad. A estas alturas, después de una conmutación del Presidente de Estados Unidos, es improbable que un accidente causado por terceros imprudentes hubiera motivado que regresara a las rejas, por lo que no era necesario cargarlo literalmente, como cuando se robaban los cerdos de los criaderos.

Oscar López representa algo sagrado para el independentismo porque es parte de la lucha  de discrímen que se vivió en otra época y víctima de esa situación. Es un persona símbolo que nos atañe a todos, porque es parte de la historia local y la de la diáspora.

El movimiento social en que todos participamos para lograr su liberación y los actos del Presidente Clinton primero y Obama después, prueban que hubo una exageración en su condena la cual merecía ser revisada. En un acto de generosidad personal y basado en sus ideales de solidaridad con otros presos de su misma situación, él mismo propició extender su estadía. La oferta presidencial original  no la aceptó, porque Oscar creía en lo que predicaba. Eso hay que respetarlo y admirarlo, aunque uno crea que fue tonto no aprovecharlo, porque el que cree en la libertad de otros y restringe la suya, es una persona de valores.

Pero estos son otros tiempos y lo que lo que el gobierno federal hacía con la anuencia de los gobernantes locales y que emocionalmente indignaba,  ya no tiene el mismo efecto. Aun cuando ambas figuras políticas -Cruz y Gutierrez- quisieron presentarse a la luz del día monopolizando la figura de Oscar López, éste apareció disminuído, frágil y hasta respondiendo automáticamente a los estímulos de quienes le tomaban por los brazos. Hasta para hacerle un close up, fue difícil para los periodistas. Parecía innecesariamente ser obligado al síndrome de los prisioneros, que siguen pensando en el espacio finito en el cual han estado. Probablemente en la cárcel tenía más libertad de movimiento.

Esos dos políticos con algunos acicates quisieron manipular la prensa y la opinión pública. Tal vez hasta pretendieron poner en entredicho las autoridades gubernamentales y carcelarias por poner restricciones, pero exageraron y fallaron en su cometido.

Quisieron ganar capital político. Lo que debió ser una gestión personal, gratuita y discreta o informada adecuadamente a la prensa, lo convirtieron en un circo público donde el misterio alrededor del suceso  iba dirigido a controlar la información y peor aun, manipular la opinión.

Al mezclar sus deseos de protagonismo con los interes  políticos que representan que no necesariamente coinciden con los de él ni con los del resto del pueblo, maltrataron al anciano.

No en balde el maletín de Luis Gutierrez decía «Go Wild». Ese lenguaje ya no se usa.

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