¿Debemos tomar como político el tema del juego entre Puerto Rico y Estados Unidos?

Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

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La política partidista en Puerto Rico siempre aparece en el deporte. Como ejemplo, hace poco un amigo me decía que el Equipo AA de Vega Baja estaba entregado al Partido Popular  y eso se demostraba en los colores del uniforme, rojo y blanco, en lugar de verde y amarillo, que eran los colores de Vega Baja. En la camisa, el nombre Administración Municipal de Vega Baja, en lugar de Gobierno Municipal, como debe ser, en letras rojas intensas también, confirmaba la teoría de una conspiración política entre Marcos Cruz y el equipo para acreditarle a su partido político el auspicio monetario con dinero del Municipio.robert-rivera-actos-inaugurales-de-la-temporada-aa-011

Sabemos del bullying que se ha hecho contra jugadores puertorriqueños en equipos de Estados Unidos cuando ha habido la oportunidad de jugar contra Puerto Rico. El último ha sido un lanzador de madre boricua. Hay quienes incluso creen que el ganarle un juego a un equipo deportivo que tengan el nombre de Estados Unidos es el triunfo de la colonia sobre el imperio.

No podemos abstraernos en la ilusión y el fanatismo. El nacionalismo deportivo prevalecerá aunque seamos estado de Puerto Rico. El deporte es parte de la cultura, de nuestra actividad humana y por lo tanto, seguiremos siendo deportistas y puertorriqueños aunque seamos estado.

Los mismos independentistas lo confirman. ¿Acaso la canción patriótica que escribió un independentista no dice que seríamos puertorriqueños aunque fuera en la Luna? ¿No es cierto que los independentistas declaran que el destino final es la independencia? Hasta donde sé, lo final nunca es víspera. De alguna manera los independentistas seguirán siéndolo y continuarán con su esperanza a pesar de cualquier «solución permanente» porque sabemos que en un mundo siempre cambiante, esas palabras no existen. La útima comprobación es el Estado Libre Asociado, hoy día completamente desacreditado y herido de muerte, cuando antes  era considerado como un alegado pacto entre Puerto Rico y Estados Unidos.

Suponiendo que en el Estado de Puerto Rico hubiese que vestir obligatoriamente el uniforme de Estados Unidos, se podrá seguir sacando la bandera puertorriqueña en competencias internacionales como hizo aquel nadador de apellido Vassallo en unos juegos regionales e inventando de distintas maneras para hacer sentir nuestra aportación boricua en los asuntos del mundo.

Y podremos seguir pintándonos el pelo y gritar la interjección donde toda nuestra emoción y orgullo se resume:  !Puñeta!



Categorías:Análisis, Vegabajeñismo

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