El Che Torres que conocí…

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Foto de José «Ché» Torres restaurada por Rudy Rivera y donada al Salón de la Fama del Deporte Vega Baja Melao Melao

Por Herminio Marrerologo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Hemos leído notas del Vegabajeño José » Ché » Torres Del Rio. Nuestros vecinos de comunidad Ojo de Agua han lamentado sensible partida.

En los años del 1960 Ché Torres, como cariñosamente le decíamos, vivió en El Tosquero, hoy día conocido con el nombre Calle Hnos. Ortiz Saez. Allí su vida transcurría rodeado de amistades como doña Macia, Japonés, Periquín, doña Gloria, Wilson el de la ferretería, don Félix Avilés, Rafin Rey, los artesanos hnos. Andrés y Juan, por mencionar algunos de ellos.

Común era ver a Ché ir a la tienda de Mr. Venegas o la Cooperativa que administraba don Alejo. Se podía notar contextura física bien formada en base ejercicios de un fisiculturista. Ya había incursionado en la práctica de lucha libre que inició en los Estados Unidos. Su modelo de movimientos a seguir acrobáticos y lucidas patadas voladoras fue Atonino Roca, luchador Argentino – Italiano de grandes conquistas en ensogado.

Venía de recorrer grandes lugares en la nación americana e hispana que allí lo mantuvieron con grandes éxitos. Eran los comienzos en Isla de promover con nuestros boricuas eventos de lucha libre profesional. José » Ché » Torres, Tomás Marín » El Martillo », El Eléctrico, El Coyote López y El Verdugo asistidos por el primer promotor comentarista deportivo José Antonio Géigel dieron el primer paso de ídolos del patio.

Era todo admiración para los del barrio nuestro héroe Ché Torres. El rey de las patadas voladoras como le apodaban por todos los ricones y en la televisión Canal 11. Llegaron gladiadores de otros lugar para iniciar el feudo contra boricuas. De México El Gran Toledo. De Cuba Huracán Castillo, Black » el Jet Cubano » Georgie, El Tigre Peréz. De República Dominicana Domingo » la Maravilla » Martinez Molina.

El nuestro siempre fue el rey. Hubo un encuentro de mucha honra para Ché Torres al aceptar enfrentarse a Rodolfo Guzmán Huertas mejor conocido por El Santo. el Enmascarado de Plata, superhéroe popular mexicano. El resultado final de ése encuentro luchístico fue mutuo respeto y admiración entre ellos por el arte de agarres, llaves, patadas voladoras.

El legado dejado es del incansable luchador, hombre de familia, devoto religioso, deportista, servidor público, buen amigo.

Tus vivencias serán recordadas. Ché descansa ya haz peleado la buena batalla. Morarás en el ring celestial, salvado por tu fe junto a Dios.

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