La noche cultural del pasado viernes

 

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Los amigos del Centro Cultural de Vega Baja luchan por la noble labor de compartir la identidad nacional de Puerto Rico y la de nuestra ciudad. Para eso, trabajan en diferentes escenarios para lograr la mayor integridad y difusión posible de nuestro pasado y nuestra idiosincrasia. Su labor no es fácil, a veces incomprendida y hasta poco patrocinada por considerarse como una élite que excluye ciertos sectores institucionales, políticos y hasta también culturales. La realidad es que todas las personas que tienen la vena cultural pueden encontrarse, participar y compartir la puertorriqueñidad. Otro colorario es absurdo.

Antes hemos elogiado su trabajo por el Día Cultural de Vega Baja y por la creación del espacio Libros Libres. Para llamar la atención y permitir la continuidad y el interés por ese lugar permanente, realizaron una actividad el viernes en la noche.  El propósito principal era presentar el reciente libro sobre cementerios, obra del cineasta ponceño José Artemio Torres.

La velada comenzó con la intervención como maestro de ceremonias de un talentoso  estudiante del nivel superior vegabajeño. Esta oportunidad es obviamente alentadora para estimular a nuestros jóvenes para que asuman su participación en el futuro de todos. Luego se realizó la presentación de la obra, se hizo un reconocimiento a Mercedes Bravo, la administradora de los cementerios de Vega Baja y finalmente se presentó un acto musical y bailable de «Raptus Musae», un trío de bajo, cello y una danzadora. Los que se quedaron después de terminar, disfrutaron de un ágape de vino y comida.

El Centro Cultural de Vega Baja a fines de la década de 1950 se fundó por buenos vegabajeños con la bendición del recién creado entonces Instituto de Cultura. Es la institución cultural vegabajeña más antigua. El lugar escogido, contiguo al que nací, es donde residieron familias históricas de nuestra ciudad, donde estaba el telégrafo y la telegrafista Carmen Román, madre del médico Rafael Guillermo Rojas Román y su nieta Yaira Rojas Torres, dentista que tiene su consultorio en la misma calle Acosta. Allí hubo una financiera y finalmente, la Imprenta Raíces, que un fuego consumió.

El lugar, era pues, perfecto. Un espacio donde pudo haber esa noche un punto de drogas o sitio de citas para las damas nocturnas, se convirtió en una plaza para cultivar la mente, el intelecto y el alma.

La presentación del libro fue interesante. Creo que faltó acreditar que José Artemio Torres no era ajeno a Vega Baja, porque hace unos años produjo un documental para el turismo local que por razones políticas, no fue difundido por la siguiente administración a la que lo ordenó.

No parecía que fuera viernes social, sino de reflexión sobre la muerte y nuestro destino después que termina la vida. Finalmente, el trío de artistas nos ofreció una pieza rara que dependió de las destrezas de los músicos profesionales de Raptus Musae y la danzadora, todos improvisando el curso de la obra musical que crearon al momento.

La ganancia de la noche, con esa buena actividad, ha sido ratificar la plazoleta de Libros Libres y continuar llenando esta ciudad del quehacer humano que con las mentes y manos producen y lo cual identificamos como cultura. Todos los meses debiéramos citarnos en ese lugar para tertuliar, bohemiar y continuar encontrándonos.



Categorías:Análisis, Fotohistoria, Historias, Vegabajeñismo

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