La próxima vida de Joe el Abogado

 

Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

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José Dávila Román falleció en la tarde del pasado jueves en el sector Berríos de Morovis. Lo atendió hasta el último hálito de vida su hermana Leida, su esposo y un número reducido de familiares y allegados.

Lo que hubiéramos podido anticipar como una vida apartada y aburrida, José es toda una celebridad a su fallecimiento como lo fue de activa su vida. Sus amigos están preguntando hasta el cansancio a qué hora abren el Teatro América para presentarle sus últimos respetos a ese ser que nos tocó a todos los que le conocimos, por su grandeza social.

«Joe», como se le apodaba, se acercaba al medio siglo de vida. No era un niño. Pero a pesar de su grado de retardación mental, se conducía con una seriedad social impresionante. Por sus gestiones como paralegal, oficio que no estudió formalmente, pero de lo cual ejecutaba muchas tareas y de su presencia en secretarías de tribunales y oficinas del Registro de la Propiedad, se le empezó a conocer como «el licenciado» o como «Joe el abogado».  Eso generó un estado de fantasía personal y colectiva de que en realidad era un abogado debidamente licenciado y en ocasiones, hablaba de una relación con el mundo del derecho y la justicia de Pueto Rico.

Algunos abogados de Vega Baja y de otros pueblos le daban tareas para realizar como mensajero. Entre todos, el siempre reconoció como su «mentor» al Licenciado Antonio Arraiza Miranda.

Eso le permitía interactuar con ese mundo de empleados y funcionarios para tramitar documentos. En su vida personal era un ser amoroso, afectivo y hasta humoroso que podía aportar en conversaciones. También cantaba, con buena entonación y recordando bastante bien las letras de las canciones.

En su interior, había mucha sensibilidad. Cuando venía a informar un suceso, su cara lo delataba. Paraba en mi oficina para decirme el estado de salud de los compañeros abogados cuando tenían algún quebranto, pero ya podía leer en su rostro cuando se trataba de un fallecimiento. El último que me informó, según mejor recuerdo, fue el de su madre. A una madre biológica con la que apenas tuvo una relación estrecha porque a los siete meses de nacido tomó otro rumbo en su vida. En el mundo de aquellos tiempos, por verguenza y temor se ocultó una caída del bebé al que después se le diagnosticó una meningitis que explica porqué Joe era distinto.

Leida, su hermana, a la que tuve el honor de conocer horas antes de que Joe pasara por la transición, fue quien lo crió en su infancia y lo protegió en su adultez. Tanto Otilio Natal como el suscribiente podemos atestiguar el ambiente decente y limpio en que Joe estuvo en sus últimos momentos de vida y que fue desde que él mismo ya no pudo valerse por sí mismo, porque dentro de su condición de salud y su deficiencia mental, insistía en vivir solo e independiente.

La trayectoria de vida de José Dávila Román lo llevó al aprecio de todo un pueblo.

Ese aprecio puede resumirse en compasión y admiración. Algunos nos divertimos con sus ocurrencias, otros se han burlado de sus deficiencias y hay quien haya creído que no hizo nada importante para haberle prodigado tantos reconocimientos. Pero quien no haya valorado esta vida desde el punto de vista de aprovechamiento de la sociedad, está equivocado.

Cuando se presentó el libro de Vega Baja, su historia y su cultura, el historiador Carmelo Rosario Natal expresó que la parte que más le había gustado era la de «Los Tipos Pintorescos de mi Pueblo» inclusión que se hizo póstumo a la muerte de su autor, Agustín Alvarez Rodríguez. En la introducción a este escrito, Adrián Santos Tirado escribió lo siguiente:

«La historia de la humanidad, al igual que de los pueblos, también se forja de pequeñas cosas, como las montañas: grano a grano, como los océanos: gota a gota. Las mujeres y los hombres ilustres aportan con su talento, con sus bienes  espirituales y materiales; los más humildes lo hacen con su dolor, con su llana y práctica filosofía de la vida cotidiana; demostrando, tal vez involuntariamente, el principio y el fin de todas las vanidades y los sueños del hombre. Estos tipos y figuras que llamamos pintorescos o folklóricos; que encontramos en toda época y lugar del mundo, dejan también sus páginas escritas con risas y llantos, y su huella, igualmente, se pierde en el polvo del camino, junto a los que aparentemente tuvieron mayor suerte, cuando llegan las sombras de esa larga noche…»

Hay que recordar a José Dávila Román como una celebridad que tuvimos  en nuestra ciudad. Su padre, Fello, era una persona humilde y buena que trabajaba en la Colecturía de Rentas Internas y que desgraciadamente, tuvo un hogar disfuncional. La limitación en la capacidad mental de Joe y en sus movimientos corporales y visuales no le impidió que desarrollara talentos por los que fue reconocido dentro y fuera de nuestro pueblo. Estuvo en televisión en el programa No Te Duermas, fue uno de cuatro personas con limitaciones que fueron exaltadas en una de las Fiestas de Pueblo y se le dedicó los actos inaugurales de una serie del bésbol AA, entre otras cosas. Mike Arroyo, ese ser espiritual maravilloso, le hizo pasar un rato en un ambiente de fiesta en un lugar especial, momento captado por nuestro compañero Investigador, el fotógrafo Tony Muñiz. Mucha gente responsable involucrada en realzar un valor social, no pudieron estar equivocadas.

Hoy Domingo de Pascua, cuando Jesús llega a Jerusalem, habrá de ser el día más indicado para presentarle nuestros respetos a partir de la una de la tarde en el lugar más apropiado, que es el Teatro América. Donde recibimos a Fernandito Alvarez y a Deocracia Santos. Lugar de representaciones teatrales, ceremonias  y música, como le gustaba disfrutar en vida al «Licenciado Joe». Así lo quería José en su testamento oral que nos dió después de regresar de su última crisis de salud.

Personas de carne y hueso como José Dávila Román se convierten en leyendas. Esta generación tuvo el honor de conocerle personalmente,  por lo que cada uno podrá testimoniar desde este momento, sobre la grandeza de un ser menoscabado y humilde. Habrá historias y cuentos sobre quién era esa persona que se convirtió en personaje vegabajeño. Esa es la próxima vida de «Joe, el abogado».

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El velatorio de José Dávila Román se celebrará desde hoy domingo a la una la tarde en el Teatro América de Vega Baja. Mañana lunes se celebrará el sepelio desde en el mausoleo del Ojo de Agua, donde se depositarán sus restos mortales.

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