La violencia lastima la democracia

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Cualquier argumento que se manifieste con intimidación o violencia invalida el consentimiento. Esa es una regla antigua pero vigente que matiza todas las relaciones sociales en la vida democrática.  Las personas que toman decisiones, ciudadanos y funcionarios, no pueden estar presionados por restricciones a su libertad de movimiento o acción. Violar esa regla, daña resultados.

Los opositores del gobierno están utilizando el método de la anarquía porque creen que «a río revuelto, ganancia de pescadores». Nadie puede decir que los actos en distintos lugares no son coordinados, porque la generación espontánea no existe. Lo penoso es que no siguen una causa justa que pueda resolverse en nuestro nivel que no sea mediante el voto a largo plazo, pero aun así, temiendo perder, se colocan en una posición para que el ejercicio del poder libre y autorizado, no se pueda dar.

La democracia tiene reglas. Desde escoger a los funcionarios hasta opinar sobre los asuntos medulares. Las leyes, cuando se hacen, siguen un procedimiento donde se pueden hacer constar las distintas posiciones.

Los abusos y la corrupción tienen también consecuencias. Pero hay que seguir los caminos correctos y no permitir, desde ninguna perspectiva social, ni siquiera el acoso como arma para lograr propósitos. La razón es la que siempre deba prevalecer, aunque emocionalmente no nos guste.

Por las redes sociales comienza la intimidación. Leí, por ejemplo, que para promover una canción que escribió Calle 13, dice que la versión oficial de La Borinqueña apesta. Esa es una controversia innecesaria de una persona que en una ocasión, por lealtad a otro gobernador popular que decía que sus hijos les gustaba su música y lo hizo su amigo, dijo que el sucesor Gobernador Fortuño era un hijo de la gran puta.  Después que vino el próximo gobernador Padilla se excusó tardíamente, pero eso nunca debió ocurrir, como ahora con sus comentarios sobre nuestro himno. Esos excesos, a veces por publicidad artística y con ausencia de fundamento real y formulado inoportunamente, encienden los lados de las opiniones que a veces llegan a la ofensa y la polarización con consecuencias. Eso no es saludable para nadie.

Algunos funcionarios, como Thomas Rivera Shatz, mantienen permanente su actitud beligerante, al menos con la lengua. Esto no es delito, sino prototipo del político fogoso, que en ocasiones causa reacciones y prejuicios.  La chispa la enciende cualquiera; las consecuencias, son para todos. Ayer el ex senador Angel Rosa pidió prudencia y yo creo que es lo correcto.

Leo también,  particularmente en Facebook, que varios de mis amigos, algunos de ellos reconocidos militantes del Partido Popular y del Partido Nuevo, acomodan los hechos para justificar sus ideales personales. Para cualquier detalle, le dan una importancia como que eso justifica a favor o en contra de conceptos grandes que difícilmente lo definen hechos pequeños.  El que quiera ganar credibilidad, la reacción instantánea sólo se la resta. Hace falta más sustancia y menos emoción, para convencer.

Por último, es fascinante ver gente que uno no veía en la pasada administración popular ni en las anteriores protestar por nada y que ahora se han activado. Entre ellos hay políticos, líderes obreros y estudiantiles. Gente itinerante cuyos propósitos no son, evidentemente, tener causas legítimas para protestar, sino protestar y crear crisis cuando representantes del Partido Nuevo Progresista o creyentes de la estadidad alcanzan el poder. Esta es una idea generalizada que no suma nada que no sea alentar una crisis artificial de gente descontenta.

Cada cual, que crea lo que quiera. Los ciudadanos comunes, que no queremos estar cerca del calor de la política debemos mirar la corta temporalidad de las acciones que hoy ocurren en nuestra isla. Nuestra experiencia nos previene de posiciones parciales e incompletas donde nadie tiene la verdad absoluta. Habrá que detenerse para ver las cosas como un todo y poniendo en perspectiva un cuadro más grande para obtener resultados positivos a largo plazo. Lo que debe imperar en nuestra individualidad es separar la paja del grano e identificar ideales ciudadanos más altos y responsables.

Nada nos debe impresionar bastante como para  forjar una opinión cuando el consentimiento está comprometido por un ambiente hostil. La consecuencia, si alguna, se pega con chicle cuando esto ocurre.

Cada uno de nosotros debe emplear las energías para aliarse con la verdad y con la paz, porque no hay violencia que no lastime.

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