Hay posibilidades con el asunto de la crisis municipal…

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Mis oídos están por las calles y barrios de Vega Baja. Así ha sido desde que nací, escuchando más de lo que hablo o escribo. Y todo aquello que crea que puede ayudar a mi pueblo, lo hago público, para que al compartirlo pueda ser discutido o celebrado por el pueblo. Las noticias, si son ciertas, son objetivas y objeto de escrutinio.  Si son falsas, no las incluimos. No las invento ni tampoco comento a aquellos que nos hacen el favor de opinar. 

En estos días, somos  testigos de que hay mucha opinión adversa a la medida sometida por el alcalde para solventar el estado de emergencia en las finanzas de nuestra ciudad. El núcleo de la discordia pública es la reducción salarial estableciendo distintas varas para medir está en la «desproporción», como denominó el legislador municipal Miguel Ojeda, las reducciones entre los empleados regulares y los de confianza, incluyendo el sueldo del alcalde.

Como persona, admiro la integridad de Marcos Cruz Molina y siempre he hecho todo lo que pueda para hacer más fácil su gestión gubernamental. He sido consistente. Lo he dicho,  escrito y cumplido desde que supe que iba a ser candidato a presidente de su partido. ¿Porqué? Porque es un hombre sin tacha moral, inteligente, dedicado y responsable. Unico, distinto a otros. Un buen vegabajeño, de los mejores. Eso, para algunos insuficientes que ven solo en blanco y negro y no ven matices, tonos y colores,  es cargar las maletas al alcalde. Tan ciegos son que no han visto mis críticas de tiempo en tiempo que me han valido la distancia de parte del alcalde hacia mí y sus cuestionamientos sobre lo que escribo.

Pero yo no tengo nada contra Marcos Cruz. No somos amigos, ni enemigos. Me considero un colaborador, una persona de su equipo grande que quiere todo lo mejor para nuestra ciudad. En esta ocasión, solo quiero expresar públicamente lo que hubiera querido decirle privadamente al alcalde.

Hay unas premisas sobre las que debemos partir. Marcos es un buen alcalde. Sabe planificar y ejecutar y procura limpieza aparente y real en cada una de sus actuaciones. Sacando la paja del grano, hay que analizar las medidas que ha propuesto a la Legislatura Municipal, reduciendo el salario y beneficios de los empleados regulares y de los de confianza.  Pero lamentablemente, la mayoría popular  de la Legislatura Municipal está decidiendo avalar el proyecto de presupuesto como si fuera la Biblia, que es tan autoritaria que no se le puede quita ni una tilde.

El Plan de Presupuesto tiene un error moral que se puede corregir legalmente. La oposición dice que hay partidas que pueden reducirse para aumentar al menos una hora de trabajo a los empleados para que el sacrificio que todos deben hacer no sea tan drástico y perjudicial. Los empleados de confianza deben también colocarse en una escala de ingresos menor para que se vea un sacrificio uniforme y no parcial. Y la Legislatura Municipal, en lugar de estar negociando que no los toquen a cambio de la entrega total en esta medida, que no los incluye,  deben tambien aportar en la misma proporción que se reduce a los demás.

Hasta ahora, la desigualdad ha despertado a toda la oposición, que desde las elecciones no hacían  críticas sustanciales a las ramas del gobierno municipal. Ese es el primer strike contra Marcos Cruz.  El segundo strike está en los empleados municipales populares, que confrontados con una situación que les afecta el bolsillo y su felicidad individual y familiar, se sienten traicionados por quienes antes del evento electoral pasado, los reunió para decirles que habría aumentos y mejores condiciones de trabajo.

Hay un rumor que pulula por los pasillos de la Casa Alcaldía y en otras dependencias y se trata de uno de los funcionarios que puede justificar la poca aportación a esta crisis del alcalde y los funcionarios públicos. De acuerdo a nuestra fuente, el director dijo que si el alcalde le reducía un dólar, él renunciaría. Y el otro rumor es que el alcalde no lo quiere dejar ir porque representa mucho para la proyección de Vega Baja fuera de nuestro pueblo. 

En el dime y direte, no parece que el alcalde ni la mayoría popular quiera moverse una pulgada para hacer que las consecuencias no sean tan adversas. Reclaman sabiduría administrativa pero no se ven buenas intenciones. Esto podría reclamarse, sin duda, cuando todos los sectores aporten de verdad y se planteen todas las opciones.

El alcalde, que debe ser inspirador y no parecer oportunista, debería dar un paso al frente, para despejar dudas de que sigue siendo una persona razonable y justa. El Presidente de la Legislatura Municipal y su mayoría popular, tampoco deberían permitir que se macule el nombre de nuestros representantes legislativos y el de la institución dando el paso a una legislación desproporcionada e injusta. 

Aquí parece haber solución. Para hacer justicia, tienen que moverse los números asignados entre los empleados de confianza y los regulares para que se iguale la cantidad de sacrificio de cada grupo. Enviar un mensaje de que los funcionarios son más esenciales que los otros, es equivocado. Pagar otras cosas que no sea los empleados de carrera es una preferencia discriminatoria que no me cabe que el alcalde la tenga en su cabeza. El  plan de presupuesto es un documento que tiene tantos recovecos, que nunca es perfecto y susceptible a correcciones en forma de transferencias.

No importa como esto culmine, ya hay un estigma. Pero no hay que abundar sobre eso, solo retomar la ruta y hacer lo  mejor. Aun confío en la capacidad y sensibilidad de nuestro alcalde y legisladores municipales, para que despachen este asunto con justicia para todos. Hay posibilidades, pues, para la crisis municipal…



Categorías:Análisis, Vegabajeñismo

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