Definiendo

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Dicen que los nombres describen la cosa, pero a veces se confunde lo definido. Por ejemplo, este es un fin de semana «largo», que no se porque así le llaman, pues la pasada semana terminó anoche.

Los llamados diarios ratifican que el periodismo ha perdido su nombre y debiera denominarse algo así como comunicación continua, porque diario es cada día y en Internet lo hacemos cada segundo, minuto u hora que pasa. No hay el concepto de diario, como lo conocimos y aun lo conocemos en la publicación escrita en papel. Pero no me pidan que cambie el nombre del Diario Vegabajeño de Puerto Rico, porque a uno le duele cuando lo incluyen en el paquete y pide inmunidad o excepción por una u otra razón, aunque no tenga importancia nuestro razonamiento. ¿A quiénes me parezco? A los políticos, desde luego.

Esta mañana, en la comunicación continua de las redes sociales y gubernamentales siguen ellos con sus posiciones privilegiadas. En Primera Hora, Carmen Yulín cree que el plebiscito es un «simulacro electoral». La realidad de todo esto es que el que cree que va a perder, no corre la carrera a menos que quiera aprovechar el ejercicio para aprender. Ella, ni quiere aprender ni quiere perder.

Lo mismo le pasa al PPD y al PIP. A estos lo único que les queda es decir que el plebiscito no está avalado por el gobierno federal, pero si estuviera avalado, tampoco participarían.  A mí me parece que el que el Departamento de Justicia de Trump lo apruebe o no debe ser de ninguna importancia si es que los puertorriqueños quieren expresarse libremente sobre un asunto fundamental. Allá en la Capital Federal también hay cuestionamientos por influir en nuestro destino.

Perderse el derecho al voto, provocar la abstención electoral o seguir con las interpretaciones sobre una exigua participación, no es alternativa real ni justa para la democracia. La definición de democracia no llega a eso, pues los propósitos evolutivos se pierden.

Cuando los populares estaban en el poder, desde 1941, reclamaban participación aunque manipularen los colegios, los resultados y los tribunales que siempre le avalaron resultados ajenos a la realidad como los casos de los pavazos y los pivazos. Si el voto era secreto, ¿como diablos el Tribunal Supremo podía definir la «intención del elector», como ellos resolvieron? 

La historia del oportunismo y de la demagogia tiñe oscuros pasajes de nuestra historia política. Ahora que han caído en la rueda de abajo lo único que hacen es enviar un mensaje de crítica por el diseño, que no es fundamental, porque todos conocen las definiciones de la estadidad y la independencia y la indefinición del Estado Libre Asociado que ha ido cayendo en descrédito en todos los foros como alternativa permanente.

En Vega Baja, el alcalde es criticado por su Mensaje de Presupuesto e implica en una reunión de empleados que la oposición tiene la culpa. Claro que eso no es verdad y nunca lo debió decir, es más, ni debió mencionar a la oposición, porque se entiende como un ataque político partidista, como lo definió Ojeda Trinidad. Y para ser preciso, dijo que la oposición no había sugerido alternativas, lo cual tampoco es cierto.

La realidad es que la única responsabilidad del diseño fallido es de Marcos Cruz, la Directora de Finanzas, la de Recursos Humanos y los que trabajaron en el Plan de Presupuesto por servirse con la cuchara grande de la remuneración por su trabajo. Crearon un mensaje de existencia de dos grupos, que antes se llamaban de confianza y de carrera y que da la impresión de ser ahora los privilegiados y los perjudicados. Eso ya se vivió en los años que estuvo Edgar Santana. No es justo que lo que tanto se criticó, que motivó la mayor cantidad de reclamaciones judiciales de la historia de nuestro pueblo y que causó un cambio electoral sin precedentes, se reanude de forma solapada apostando al silencio de las ovejas.

Si el sacrificio fuera para todos en forma uniforme, desde el principio, no hubiese caído tan mal. Ese error de juicio puso al alcalde en una posición de imagen vulnerable e insostenible.  Ahora que el daño está hecho, porque la historia no se puede enmendar, se dice que habrá cambios que pudieron hacerse antes del desastre comunicativo con las mismas herramientas de la cordura y el mismo dinero que antes había. 

El camino no debe ser la politiquería chiquita, sino la de dejar que la democracia representativa se manifieste, sin el control maquiavélico del príncipe. Así, la responsabilidad de distribuye entre todos los sectores y no hay culpables particulares sino el producto de un ejercicio razonado y responsable.

Marcos Cruz  no debió dar ese traspiés y nunca debió meter la pata hablando de sus críticos en el lugar en que lo hizo, porque los errores de las personas decentes y de buena intención no conllevan contestación, sino corrección. Ese debe ser su próximo paso y el mejor camino. Si el alcalde no sigue esa ruta, declaro no conocerlo.



Categorías:Análisis, Vegabajeñismo

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