¡Qué bueno fue…Elliott Castro!

De luto la escena deportiva del País ante el fallecimiento del reconocido periodista

Elliott Castro
>Suministrada/Carlos Uriarte

La confirmación en la mañana del domingo de que la celebre frase “¡Qué bueno es!”, y muchas otras, ya no serían escuchadas más a través de su gestor, el periodista deportivo Elliott Castro Tirado, inundó de tristeza los medios y el deporte de un País que había puesto sus esperanzas en un pronto restablecimiento del conocido cronista.

Castro Tirado, que había sufrido un derrame cerebral el pasado mes de mayo, expiró a consecuencia de un paro cardíaco mientras estaba recluido en un hospital de Bayamón. Su deceso dejó al escenario periodístico local sin uno de sus más importantes críticos y mentores.

Cientos de reacciones, muchas de ellas de colegas de los medios y atletas, inundaron las redes en solidaridad con el fallecimiento de Castro Tirado. 

Castro Tirado, de 68 años, laboró como periodista activo en el diario Claridad en donde se hizo célebre por la publicación ininterrumpida de su columna ‘Las canto como las veo’.

Trabajó en múltiples coberturas locales e internacionales, y fue parte por 18 años del grupo de veteranos periodistas puertorriqueños Carlos Uriarte, Norman H. Dávila, Joaquín Porrata y Francisco ‘Paquito’ Rodríguez.

Fue, además, voz principal de las transmisiones locales de eventos de la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI), Juegos Centroamericanos, Panamericanos y Olímpicos a través de las producciones del Comité Olímpico de Puerto Rico.

Laboró como comentarista en carteles boxísticos y fue un defensor incansable de los atletas del País.

“Tenía tantas cosas buenas, que es un ser humano muy difícil de sustituir”, dijo con pesar Norman H. Dávila.

“Conocía de siempre a Elliott, pero no fue hasta que empezamos en el programa ‘La Descarga’ que inició nuestra gran amistad. Estuvimos juntos en muchos eventos de baloncesto internacional: en Argentina, Turquía, etc. Uno de los recuerdos que tengo es cuando fuimos al Preolímpico de Neuquen, Argentina, la guagua tenía que esperar 30 minutos en lo que Elliott saludaba a todos. Todo el mundo conocía a Elliott”, añadió el veterano cronista hípico y principal voz de ese deporte en la Isla.

El sábado 27 de mayo, fue la última vez que Dávila, un también exescritor hípico de EL VOCERO, interactuó con Castro.

“La última impresión que tengo de Elliott fue el sábado antes de que sufriera el percance de salud. Salíamos del programa, él se subió a su auto y me hizo una señal con sus brazos diciendo “somos indestructibles”, añadió con suma tristeza.

Por su parte, Porrata resaltó la manera en que Castro Tirado defendió a los atletas.

“Fue un hermano. En todas las facetas de la vida influyó en muchas personas, tanto en lo humano, político y social. No tiene sustituto. Defendió todas las causas nobles y justas de todos los atletas. Era pro atleta”, comentó Porrata.

Mientras, para el también veterano exeditor de Deportes de EL VOCERO y actual editor en ESPN Deportes, Hiram Martínez Colón, la muerte de Castro Tirado deja un gran vacío en la escena local. Su partida toca a muchos por, como decía Porrata, su influencia social.

“Elliott se convirtió en familia. Yo me siento como si se hubiera muerto un tío, un primo, alguien muy cercano. Cuando nos conocimos yo apenas estaba empezando como reportero en el Nuevo Día, y recuerdo que en unas Justas de la LAI en 1988 o 1989, él me preguntó “¿Tú eres el nuevo del Nuevo Día?”, y rápido me dijo “estoy a tus órdenes”, y desde ahí siempre me saludaba con un abrazo, pero no con cualquier abrazo, sino con uno fuerte al cuello, casi una llave. Ese cariño y sus críticas, las llevaba así mismo a su columna ‘Las canto como las veo’. Nunca tuvo problema en decir cómo veía las cosas. Era un tipo de mentor sincero y generoso”, agregó.

Castro Tirado fue gran seguidor de las revistas deportivas del País, en especial de la extinta revista ¡TRIUNFO!, publicada todos los sábados en EL VOCERO, y en donde desde finales de los noventa también colaboraba otro fenecido gran conocedor del deporte, José ‘Pepe’ Crescioni.

“Él era un lector asiduo de ¡TRIUNFO!. Siempre decía algo bueno de la revista. Fui quien le dio la noticia de la muerte de Crescioni y la sintió muchísimo. Creo que ahora ante la partida de Elliott, Puerto Rico pierde un maestro. Todo lo hacía divertido y de ahí nacieron sus célebres frases como “¡Qué bravo es!”. Él se vivía lo que hacía. Para él era diversión. Aprendimos mucho de él en una época en donde siguen desapareciendo los grandes mentores”, concluyó.

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