Bandera es cualquier “drappeau”

Carlos M Ayes Suarez

Por Carlos M. Ayes Suárez

La famosa frase del Dr. Ramón Emeterio Betances que sirve como título a esta columna fue malinterpretada por muchos años entendiendo la gente que Betances había exclamado que cualquier trapo podía servir de bandera durante las álgidas discusiones que antecedieron a la adopción de la monoestrellada como bandera puertorriqueña por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Sin embargo, nadie se detuvo a reflexionar sobre el verdadero significado del vocablo francés “drappeau”; que al ser traducido al español significa paño sin la carga peyorativa que entraña la palabra trapo como voz coloquial puertorriqueña.

Tanto la bandera puertorriqueña como la bandera del Grito de Lares, fueron diseñadas, la primera por Don Antonio Vélez Alvarado con la intención de vincular nuestras causas a las causas cubanas; y la segunda por el Dr. Ramón Emeterio Betances, con la intención de vincular nuestras causas a las causas dominicanas. A partir de esos momentos la identificación de todos los puertorriqueños con los pabellones diseñados forma parte de nuestra larga trayectoria histórica.

Cuando se entendió la necesidad de que cada municipio puertorriqueño fuese identificado por su propia bandera, la insigne tarea de diseñar los pabellones fue responsabilidad del heraldista Don Roberto Beascoechea Lota quien aceptó la encomienda del Instituto de Cultura Puertorriqueña de diseñarlos tomando en consideración la historia de cada municipio sin obviar las reglas aceptadas por la heráldica. Así es que surge la bandera y el escudo vegabajeño; con una cambria anglesada que representa el río Cibuco discurriendo por una vega; rosas plateadas que aluden a la patrona Nuestra Señora del Rosario y árboles de china arrancados que aluden al antiguo nombre de la Villa del Naranjal. Tanto los colores como los símbolos adoptados son propios de la heráldica y son adoptados en función de la necesidad de que el escudo y el pabellón plasmen en sus respectivos diseños tanto la geografía del municipio como sus rasgos históricos y culturales principales.

La preocupación gubernamental de que sea correcto el diseño de los escudos y las banderas municipales explica por qué el Editorial del Departamento de Instrucción Pública publicara un importante libro donde explican la normativa que debe prevalecer en el diseño heráldico. Todo ese proceso ha sido un proceso largo donde no se ha permitido que la prisa oblitere la seriedad del diseño y la adopción de los mismos. La adopción de una bandera como símbolo de una comunidad debe no solo representar los rasgos más importantes de esa comunidad y debe tener la aceptación de la comunidad que a partir de ese momento se identificará con la bandera y se diferenciará de las demás comunidades a partir de su simbología.

Aunque es encomiable el proyecto de adopción de una bandera para cada barrio del municipio, el mismo entraña muy serias deficiencias que, al menos, me obligan a compartirlas con los lectores. El proyecto surge como un proyecto del Ejecutivo que en estos momentos forma parte de la agenda de una comisión de la Legislatura Municipal. Los diseños, lejos de ser el producto de un heraldista, fueron producidos en certamen por la comunidad escolar del distrito. La imprecisión geográfica e histórica de los diseños y el total distanciamiento de estos de las normas más elementales de la heráldica han propiciado un largo debate que procura evitar que el mismo sea una aberración o se aborte. Entre los defensores del proyecto ni siquiera prevalece la sensatez y han demostrado una incapacidad total para modificar o enmendar los errores alentados por agendas ocultas subvencionadas por fondos de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades. Bajo el argumento de las fechas límites para cumplir con los términos del proyecto, evitan a todas costas que cualquier revisión del proyecto pueda afectar su calendario.

Si nos circunscribimos única y exclusivamente a identificar aquellos símbolos propios de cada barrio, pronto nos percataremos que nuestros barrios tienen una larga tradición histórica cuyos territorios fueron identificados con topónimos que acusan no solo una gran antigüedad sino que ejemplarizan aspectos geográficos o históricos que contribuyeron al desarrollo mismo de éstos. Resulta incuestionable que el identificar los barrios Algarrobo y Ceiba con dos especies de árboles sugiere la importancia que dichas especies de árboles tuvieron para los vecinos. Entre los rasgos geográficos imborrables que identifican nuestro municipio se encuentran Quebrada Arenas, Río Arriba, Río Abajo y Cibuco. De igual modo los hatos y criaderos registraron su existencia en la toponimia de Pugnado Adentro, Pugnado Afuera y Yeguada. El barrio Cabo Caribe fue el epicentro del desarrollo de la industria cañera aunque su nombre acuse una antigua relación con el territorio continental venezolano.

Cualquier otro símbolo que se adopte para el diseño de las banderas de los barrios representa una falsificación de su historia. El ignorar los principios de la heráldica redundará en la cumplimentación de un proyecto que lejos de contribuir a afianzar nuestra solidaridad como vegabajeños hará de nosotros una caricatura para que se rían y se burlen de nosotros en el resto del país. ¿Sería a esto que se refería Luis Palés Matos cuando escribió sobre la burundanga puertorriqueña?

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