No quisiéramos un Texas en Vega Baja

 

Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Vega Baja no ve inundaciones de grandes proporciones por más de cuarenta años. Y nuestra generación no conoce un huracán de categoría mayor. Tampoco hemos sentido un destructivo terremoto.

Somos afortunados. Pero ¿hasta cuando?

La pregunta no debe ser si viene, sino cuando venga. Lo que sea. Hasta el apocalipsis podemos esperar  y el Juicio Final del cual nos hablan las sectas y religiones. Pero tenemos que prepararnos.

Procastinamos, que es dejar todo para mañana y cuando ocurre el desastre nos lamentamos o criticamos a los afectados por no tomar las medidas adecuadas o a las autoridades por no responder pronto o efectivamente. Nos gusta mirar la paja ajena, pero no la viga de nuestros ojos. Es tiempo de ponernos un espejo de frente.

Puede caer un meteoro, como dicen que pasó hace muchos años con uno pequeño que atravesó la torta y se depositó en la sala de una casa en Alturas de Vega Baja. O se nos puede hundir el terreno como consecuencia de los ríos subterráneos y terrenos no adecuados para edificación.  Y podemos vivir con el peligro aéreo, terrenal o acuático y sobrevivir, pero no tenemos que exponernos. La palabra, repito, es preparación.

Orientación no falta, pero a mucha gente no le interesa. Hay mucha indolencia. La creencia general es que no va a pasar nada y si pasa, nos van a socorrer.

Yo tomé el curso de desastres y aprendí mucho con los dedicados servidores públicos de la Oficina de Emergencias. Cuando después convocaron para hablar de las áreas inundables, allí estuve pensando en mi familia, mis amigos y aun la gente con la que no estoy relacionado. Vega Baja es de todos y todos deben procurar su segridad y la de los demás.

Hemos visto por The Weather Channel y otras estaciones de televisión  lo que está ocurriendo en Texas. La gente está perdiendo sus casas, sus objetos y hasta la vida. Y es afortunado, pero no suficiente, los rescates por las autoridades y cientos de ciudadanos particulares utilizando sus botes personales para personas en peligro.

Eso no sólo dan ganas de llorar, esas escenas nos ponen a llorar. De niño recuerdo a Doña María, atacada llorando cuando el mar le llevó sus pertenencias en la Playa Puerto Nuevo. A los residentes de Brasilia y Villa Real, con el agua hasta el cuello en inundaciones, enfermándose con las aguas contaminadas mezcladas con todo. La casa de Aníbal y Fela en Alturas, quebrándose con su hundimiento y ellos a toda prisa tratando de salvar lo que podían.

Esos recuerdos y otros se agolpan en mi conciencia, pero debieran estar en la de todos. Creo pues, que tenemos que reaccionar como pueblo. No podemos dejar todo a las autoridades que en momento de urgencia general tratarán de llegar y a lo mejor no podrán. O tendrán tantas situaciones que tendrán que decidir por las más críticas. Esas son realidades con las que tenemos que lidiar en el presente, aprovechando la experiencia ajena y la propia nuestra, ya que tenemos una historia real de nuestras propias penas y una ubicación perfecta para que nos ocurra desastres como el de Texas.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s