Un hurto sin importancia…

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

A mediodía de ayer, antes que me robaran la batería del carro, un compañero de la Escuela de la Historia Vegabajeña me preguntaba si había planes para revitalizar el casco del pueblo.

Yo le dije que había mucho blablablá, ofrecimientos políticos, iniciativas ciudadanas, pero todo se quedaba en la nada.  Después de cuatro años y medio de la presente administración municipal se ha «fildiado para atrás», llevándose el Gastronómico para la Playa, reduciéndose la vigilancia policíaca en horas de mayor movimiento ciudadano,  atrasándose las promesas de desarrollo como el Teatro Fénix, reduciéndose el horario de los empleados públicos, aumentándose el costo de los servicios esenciales como el agua comercial (no desde el año que viene, sino desde hace varios años) y la dificultad de obtener permisos en forma rápida.

Pero quedarme sin aliento por el esfuerzo de escribir algunas de las muchas cosas que pasan no es suficiente. Los cacos, nombre alternativo que lo aprendimos de los cómics de México en los años sesenta y que Esmirna usa a menudo en sus escritos, nos han ido dejando sin el cobre de los radiadores de las unidades de aire acondicionado y nos han obligado  la transición al plástico en las tuberías, que según dicen alberga hongos y transporta productos nocivos para la salud. Han desnudado muchos de los edificios. Con sus hurtos causan un gran gasto de reemplazo a sus dueños y en ocasiones el abandono total de la estructura por falta de recursos para restaurarla.

De un tiempo para acá han creado el más reciente negocio de robar baterías de los autos.  A plena luz del día abren forzosamente el vehículo o rompen la cerradura del bonete y tienes que adquirir otra porque esa se la vende el tecato a un acaparador por una cantidad de dinero que le dé para sostener su vicio.

El que me robó la batería ayer lo vieron subir con ella  la cuesta de la Calle Eugenio María de Hostos en ruta al Alto de Cuba, siguiendo la tradición de darle mala reputación a ese sector de mucha gente buena y de algunos malos. En otra ocasión  vi a un comprador usual que residía en un segundo piso de la calle Pérez cerca de Western Auto. En otra ocasión retraté y me enfrenté a merodeadores y sospechosos usuales e incluso hice públicas las imágenes en este diario .

La Policía Estatal que fue llamada para atender la querella no vino y si no es por un buen policía municipal al que le refirieron el asunto, quien me conocía y me encontró por casualidad en la noche, se queda la mía fuera de las estadísticas. Porque sé que mucha gente no informa los escalamientos, los robos ni los daños a la propiedad. Tambien se asume que el ciudadano no tiene interés por lo difícil que resulta el procedimiento criminal en pérdida de tiempo  y por la falta de interés de los policías en dedicar su atención a asuntos de menor importancia.

Como consecuencia de la inseguridad por falta de vigilancia preventiva y de rápida respuesta cuando los delitos se configuran en el casco del pueblo, la Escuela de la Historia Vegabajeña no se reunió anoche ni lo hará el próximo sábado en el Museo Casa Portela, por lo que no estará abierto para recibir visitantes bajo nuestro servicio como lo hemos hecho desde principios de julio. También hemos suspendido la actividad del miércoles  6 de septiembre para dar paso a otra actividad en el lugar.

Reanudaremos el sábado 9 de septiembre para recibir visitantes y con una conferencia a las 10 de la mañana. Crearemos un plan de vigilancia y prevención que originaremos desde nuestra directiva para proteger la propiedad de los compañeros y los que quieran venir a las facilidades municipales del Museo Casa Portela. La pausa no es para claudicar; solo nos permitirá repensar para regresar con más intensidad. El derecho es del ciudadano, no del pillo.

No nos habremos de sentar a esperar que nos resuelvan los problemas ni a quedarnos en la queja, los enfrentaremos como hemos hecho desde el principio de la creación de nuestra institución y ayudaremos en lo que podamos a este pueblo a levantarse de esta crisis que causan personas que no nos quieren de la misma manera que nosotros lo hacemos.

A las autoridades sepan que a la evidente merma en personal y servicios o aun la baja y evidente motivación que sientan los servidores públicos con estos tiempos no será impedimento para lograr nuestras metas. Estaremos presentes como facilitadores y de ayuda para no dejar que nuestra ciudad la tomen de rehén los que no se ajustan a la ley.

Nos robaron la batería del carro, pero no nos despojaron del alma. Ella sigue preocupada pero intacta, con el mismo amor para todos, con la compasión por los delincuentes mas con viejas y nuevas metas a lograr. La interrupción solo nos ha activado la búsqueda de nuevas alternativas y nos ha fortalecido el espíritu. Como José De Diego, tenemos «la frente acostumbrada a la tormenta».

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