Análisis

A un mes del huracán María

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Director, Diario Vegabajeño de Puerto Rico

He escuchado la frase regreso a la normalidad muchas veces. Es como un dicho de consuelo, porque la normalidad solamente es relativa con nuestra complacencia colectiva. Si la normalidad era tener energía eléctrica en apagones diarios o con una infraestructura débil y obsoleta, que era lo usual antes de Irma y de María, los que proyectaron su colapso, acertaron. Si la normalidad era que la gente se estaba yendo de Puerto Rico por la situación económica difícil, pues ahora siguen partiendo porque también la economía se detuvo, sin potencial inmediato de ganarse el sustento  y la pérdida de su trabajo de muchos empleados a corto o largo plazo.

Si la normalidad era que el Gobierno Municipal estuviera con un estreñimiento económico, ahora hasta las instituciones que le daban donativos legislativos recibirán cero aportación el presente año fiscal, excepto, claro está, aquellas que el alcalde da personalmente según algunos, para el figureo social y la captura de votos en las elecciones y según otros, para que no se pierda la sensación de que hay un hermano mayor que está pendiente de los detalles de los valores educativos y deportivos. Eso no me lo invento, la Legislatura Municipal se reunió la pasada semana e hizo lo propio, lo adecuado, lo correcto, aunque dejó el incentivo de educación de las becas alcalde y algo para las pequeñas ligas. La minoría ayudó a mejorar la legislación a pesar de que el recientemente confirmado Director de Finanzas no se apareció a defender la medida presupuestaria.

Los vitrales de la Iglesia Católica se rompieron en mil pedazos y hay que reconstruir lo que se perdió de esa histórica estructura. Casas de familia desaparecidas, sistemas eléctricos y de comunicaciones en el piso, rótulos que volaron a otros lugares y encima de eso, los cacos robando plantas y todo lo que su dueño no está constantemente vigilando.

Los buenos del gobierno municipal no han descansado. Alguno que otro de la oposición política está llevando pizza a los refugiados y y otros ocupados porque le lleguen suministros y ayuda a los necesitados. Otros juegan al paparazzi inventándose noticias para causar confusión o ponen rótulos de desaprobación en sitios como el Ojo de Agua para causar confusión en el teatro de la tragedia humana que vivimos. Afortunadamente conocemos los nombres de los malos, lo que hacen y deshacen y a quienes responden, pero no es tiempo de la controversia sino la del pensamiento positivo y de edificar. Como está escrito en Eclesiatés, todo tiene su tiempo.

Nada volverá a la normalidad y eso es una buena noticia, porque la normalidad antes del fenómeno metereológico era un camino lleno de abrojos. Vega Baja ya no tiene Casa Alcaldía y me dicen que el alcalde ya no tiene casa propia. De ahí para abajo, todos estamos perdiendo algo que lamentablemente no volverá.

Antes del ayer no había nada. La historia nos enseña que la meseta donde se construyó el centro del pueblo, las colinas y planicies donde se levantaron los suburbios y las montañas fueron primero mar, luego lava, piedra, vegetación, lugar para aborígenes y finalmente fue evolucionando para que hubiera un municipio que llegó a tener más de sesenta mil habitantes. Aqu se sustituyó la pluma comunal por el sistema de agua potable, primero por gravedad y luego por bombeo, donde la energía eléctrica apenas cumple cien años desde que llegaba a través de la vía del tren y que solo hasta la década de los sesenta se extendió el cableado de teléfono fuera del casco del pueblo. Imagínense iluminándose con jachos, quinqués de gas queroseno y comunicándonos por mensajero o por un lento correo ya que no había otro medio hasta que llegó el correo. Que nuestra comida se elaboraba con leña y fuego y que podíamos morir por un agua no tratada que venía de pozos, manantiales o la lluvia o que se acumulaba en .

Como ya hemos conocido el progreso, no vamos a ir para atrás. Pero vamos a apreciar más la historia, que nos hizo pensar obligatoriamente cómo tomar agua no procesada, vaciar los inodoros o bañarnos con el agua de la lluvia, a desprendernos del celular y del efecto casi hipnótico que el mismo tiene en nuestras vidas, a repensar en el reciclaje como alternativa de vida en abundancia y lo mejor, saber que la vida tiene un valor que todos tenemos que atesorar.

A pesar del sentido de pérdida, tenemos que nutrir nuestro presente de nuevas ideas y eso significa descartar el rumbo automático que llevábamos. Muchas de las cosas lógicas ahora nos parecen teorías frágiles porque las torció María. La que según los católicos, que la veneran, debió protegernos. Pero a lo mejor así fue, exponiéndonos a una experiencia aleccionadora de la cual todos estamos aprendiendo a continuar la vida.

En Vega Baja ni en Puerto Rico regresaremos a la normalidad. La presente es nuestra normalidad hasta que alcancemos otros paradigmas. Estamos aprendiendo a vivir un mundo nuevo para nosotros pero que nuestros antepasados ya lo habían vivido y escrito para la historia, por lo que no tenemos que temer del futuro opaco como se ve ahora. Ahora tenemos que escribir la nuestra por lo que toda experiencia individual del qué, quién, como, cuando, donde y porqué, es importante.

Bienvenidos los lectores, escritores e historiadores que nos ayudan en la tarea de marcar la ruta de nuestro pueblo. Estamos de vuelta después de la pausa.

 

Categorías:Análisis, Vegabajeñismo

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