Rutina de todos

 

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Director, Diario Vegabajeño de Puerto Rico

Todas las mañanas me levanto de madrugada para escoltar a mi esposa a su trabajo y para ir a la casa de mis padres. Durante los primeros días la oscuridad era sinónimo de desorientación, en ocasiones era tropezar con el debris del huracán. A las cuatro de la mañana paso por el inhabitado y desierto pueblo para ver si algo queda de la propiedad de mis padres, que no sufrió daños por el fenómeno pero que continuamente es rondado por los pillos que le robaron recientemente a un médico y a un dentista de los alrededores. Ayer vi vandalizada, sin puertas y algunas ventanas otro inmueble de la esquina entre las calles Acosta y Padilla Dávila, frente a la Iglesia Católica. Irónicamente ese edificio fue el Cuartel de la Policía Estatal en la década de 1950. Supe que a un médico de la misma calle le robaron instrumentos y a otro le hurtaron una planta de luz.

Dicen que el pueblo es tierra de nadie. También opinan que la razón es que todas las pasadas administraciones cedieron a la llegada de los centros comerciales que eventualmente sustituyeron al pequeño comerciante y a las instituciones de todo tipo que antes preferían el centro histórico. En realidad no es verdad ese concepto de tierra de nadie y tal vez esa no sea esa la única causa del despoblamiento comercial. Ahora es tierra de los recicladores que sin permiso se apropian de todo y cuentan con la vista y paciencia de las autoridades de seguridad. La Policía Municipal y la Estatal, que pueden tener la propiedad hurtada en una mano y esposado al ladrón en la otra no cuentan con testigos que aseguren que es suya la propiedad, por lo que la falta de evidencia hace que el detenido sea liberado para volver a su faena y burlarse de todos.

En unos casos, los dueños de las propiedades hurtadas no quieren cooperar porque los procedimientos judiciales son lentos y suponen un gran sacrificio del ciudadano decente para tratar de que se haga justicia con los ciudadanos que no lo son. En otros casos, los ciudadanos decentes no están acostumbrados a los sistemas de justicia porque su vida pasa sin problemas que lleguen a esos foros y realmente sienten miedo por su seguridad personal cuando de tratar de meter preso a otro se trata. Otros creen que la policía que los arresta debe seguir el procedimiento hasta su convicción pero la ley requiere que la evidencia de propiedad hurtada sea ratificada por su dueño.

Para un reciclador pillo tiene que haber un comprador. Y la ley no hay que enmendarla para enjuiciar a un comprador que aun cuando tenga negocio legítimo, adquiera objetos robados. De acuerdo a la ley, el que compra objetos de dudoso origen, puede ser procesado. ¿Qué hace un tecato con una puerta de aluminio relativamente nueva en un carrito de compras que también hurtó? Ahora hasta usan coches de bebé para disimular que tienen propiedad caliente y se pasean desde el punto de hurto hasta el intermediario y el comprador final sin que nadie intervenga con ellos. El lucrativo y penoso negocio de la droga está entremedio de todos esos actores.

Hay quien le tiene pena a estos seres humanos porque parecen zombis. Algunos llegan a creer que al menos ellos le están dando un servicio a la comunidad. La compasión es válida pero también la debe haber para el que le roban.

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