Cosas que pasan…

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Director, Diario Vegabajeño de Puerto Rico

El lenguaje

Me pregunto cómo los sexualistas liberales no han pedido que se llame huracana a María. Si existe un Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, presidido por un vegabajeño y otras instituciones que han tomado el femenino aparte del masculino o del genérico, a lo mejor es tiempo que un fenómeno como María, debieran llamar huracana. En el caso de las asociaciones de siquiatras, los hombres tendrían que pedir igualdad en el denominativo de siquiatra a siquiatro, para que hubiera distinción igual.

Esto no lo digo porque pueda ser jocoso. Es un asunto serio. El Tribunal Supremo de Puerto Rico resolvió en una ocasión que la mujer, por su naturaleza biológica y mental, está mejor preparada que un varón para atender los niños nacidos de una relación. La Real Academia de la Lengua Española, por su parte,  decidió que no deben usarse los términos femeninos porque los de uso son genéricos que incluyen a los dos géneros. Claro, el idioma no se legisla, se practica. Y en Puerto Rico, han decidido hacer la distinción, haciendo una decisión jurídica controversial y otra decisión innecesaria en una institución. Mas allá de lo bueno y lo malo, lo mejor es que somos diferentes al resto del mundo.

Fallecimientos

Antes de que llegara María, falleció Pedro Puig. Por respeto a la decisión de los familiares, no divulgamos la noticia en el momento. Pero el silencio obligado no debe hacer que pase desapercibida la pérdida de un buen vegabajeño como lo fue Pedro Eduardo Puig Brull, quien luego de una enfermedad partió el 18 de septiembre. Junto a sus hermanas y su madre, de origen español y parentela puertorriqueña y vegabajeña, se establecieron de por vida en nuestra ciudad y se integraron a la sociedad local donde transcurrió su existencia. Se casó con la educadora María (Puruca) Arraiza y aunque no tuvo descendencia, sus sobrinos lo amaron como un padre.

Pedro estuvo vinculado al quehacer cultural. No era comunicativo, pero respetado y apreciado por sus ideas y su trato cortés. Creo que su última aportación fue proponer la creación de las banderas de los barrios que pocos días antes que falleciera, fue aprobado por la Legislatura Municipal. Bajo la administración de Luis Meléndez Cano, también aportó sustancialmente con la Comisión Bicentenaria tal como Luisito lo reconoció en la trilogía de sus anécdotas que presentamos recientemente en el Teatro América.

En 1977 iba a presentarme en un programa televisivo de Rikavisión (Canal 7) donde tenía que explicar el escudo de Vega Baja. Aunque fui quien propuso la creación de nuestros distintivos municipales, estaba medio enredado con la explicación de las rosas, porque yo no conocía muy bien los dogmas ni el simbolismo católico que allí se representaba. El me recibió en una oficina en el Archivo General de Puerto Rico y con su santa calma fue detalle por detalle hasta que entendí todo. De ahí fui a la estación que estaba a dos calles y pude hacer mi intervención. Sobre el Diario Vegabajeño, él opinaba que era “prensa amarilla”, lo que nunca compartí, pero respeté su parecer y aun lo respeto.

Durante los días de la tormenta murió José (Pepe) Reymundí, el actor puertorriqueño con vínculos con la familia del mismo apellido del sector Carmelita del barrio Ceiba. También falleció “Pin” Enríquez, de quien nos quedamos con los deseos de que nos contara sus historias en la Escuela de la Historia Vegabajeña. Al menos en un momento dado me dispensó una visita privada donde pudimos compartir algunas anécdotas de su vida.

“Motín” en el refugio de la escuela Lino Padrón Rivera

Nos cuentan que unos inconformes con los servicios que se le estaban brindando a los refugiados en la Escuela Lino Padrón, le informaron a los policías municipales que si no venía el alcalde Marcos Cruz antes de la 10  (no se si de la mañana o la noche), ellos se amotinarían. Notificado el alcalde, se presentó escoltado, dicen,  con policías federales con armas largas. Pero no pasó de ahí. Cruz se sentó a dialogar con los refugiados y a escuchar sus pedidos en forma civilizada y tal parece que lo del alegado motín fue un gancho para obligar su comparecencia.

Muchos de nuestros asociados de la Escuela de la Historia Vegabajeña han partido hacia distintos puntos del mundo, por lo que no hemos podido reunirnos de nuevo desde antes del Huracán Irma. Todos nuestros proyectos, excepto la publicación de este diario quedan en vilo, aunque con el remanente estamos haciendo un programa nuevo de actividades de lo cual ya hemos anticipado algunas en las que ya estamos trabajando. Nuestra sede está abierta en la Calle Acosta 66, antigua Fotografía Rosario. Seguimos auspiciando Libros Libres, del Centro Cultural de Vega Baja, que parece ser un sobreviviente del desastre que nos afectó.

Los efectos de esa catástrofe será el motivo para volver a levantarnos, pero de otra manera.

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