La vegabajeña Brígida Alvarez Rodríguez, paradigma por tres siglos

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Esta mañana estuve junto a mi padre en el Salón de Actividades de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Vegabajeña (VegabajeñaCoop), invitados por el profesor Melvin Ruíz  a un coloquio sobre Brígida Alvarez Rodríguez. Sus estudiantes de ciencias y matemáticas se han lanzado a la búsqueda de esa historia poco conocida cuyo nombre lleva la escuela a la que asisten.

Brígida Alvarez nació en Ponce pocos días después del Grito de Lares y mientras otro vegabajeño, José Gualberto Padilla era encarcelado, sospechoso de haber participado en el acto revolucionario. Esos dos vegabajeños coincidieron en nuestra historia porque antes de la muerte de Padilla, ya ella estaba en nuestra ciudad, haciendo su propia revuelta como persona y como fémina.

Mientras Padilla es el paradigma del heroísmo boricua en la defensa de la nacionalidad, Brígida fue pionera en muchas actividades reservadas para los varones. Por sus logros, ha permanecido como el Doctor Padilla, conocida por varias generaciones en los siglos XIX, XX y XXI.

Contrario al médico ejemplar, acomodado, admirado e influyente de la segunda mitad del Siglo XIX, Brígida tuvo que luchar contra los juicios y prejuicios de su época y sin que sepamos tanto de una persona que tuvo una vida privada, llegó a ser y sentir ser madre de todos los niños vegabajeños a los que ayudaba en sus tareas escolares. Pero no podemos describirla de esa manera simple. 

Como parte de una familia fuerte, distinta y rebelde, fue pionera del periodismo vegabajeño comenzando con una publicación que lastimaba la religión principal tradicional del catolicismo en 1889 y las ideas de la época. Era un semanario espiritista que sostenía principios novedosos, pero que provocaba resistencia social. Se casó por la ceremonia civil, nuevamente desafiando el establecimiento del rito católico, lo que le varió que el cura de la época le acusara de amancebamiento, o sea, vivir juntos sin casarse, lo que no era cierto.

En 1932 se inscribió y fue candidata a asambleísta municipal en un momento en que apenas se iniciaba el derecho al sufragio femenino y la emancipación femenina para ocupar cargos públicos. Aunque se dice que fue asambleísta hasta su muerte, murió más de un año después de terminar su incumbencia en diciembre de 1936, cuando la coalición había ganado en el nivel local las elecciones. Ella pertenecía al Partido Liberal.

Su importancia fue tal, que a la muerte de su esposo Fernando Enríquez Carmona, se presentó un proyecto en la Cámara de Representantes para dotarle de una pensión de por vida. Falleció a los 70 años.

Si controversiales fueron sus actos, su fallecimiento no cambió el prejuicio social. El nombrar la Escuela Superior de Vega Baja con su nombre no se hizo oficialmente porque se obviaron requisitos. Hubo razones del fallecimiento del alcalde incumbente de la época y de dejadez por parte de una mayoría partidista sentida por el cambio de partido de su hermano Agustín.

Cuando una nueva edificación  se construyó, el nombre tradicional de Brígida Alvarez Rodríguez no se consideró. Se le llamó Escuela Lino Padrón Rivera. 

En febrero de 1998, mediante una resolución de la Asamblea Municipal de Vega Baja, se oficializó el apoyo para denominar al edificio de 1945 con el nombre de Brígida Alvarez Rodríguez. Ese edificio tiene muchas historias, aunque se dedique actualmente a otras funciones a las que originalmente se destinó. Por un tiempo se obliteró ese nombre como en tiempos antiguos, sin pensar que unos de los que ocuparon ese espacio comenzarían un largo peregrinaje cargando con mucha honra a esa pionera vegabajeña.

La Escuela de Artes y Ciencias Brígida Alvarez ha rescatado el nombre y sus estudiantes están logrando mantener viva la imagen de esa gran mujer. Trabajan en una investigación colectiva. La pasada semana invitaron a la bisnieta Sandra Enríquez Seiders para que les hablara de ella. La Dra. Enríquez, educadora, historiadora y principal investigadora y escritora de su biografía, es quien más metódicamente ha trabajado en esta vida.

La pasada semana escribí sobre mis impresiones con las talentosas jóvenes con las que compartí una entrevista en la Biblioteca Municipal. Hoy fue un grupo mucho más grande de atentos estudiantes y un extraordinario profesor, todos deseosos de conocer particularidades de la vida y obra de esa gran vegabajeña. Todos tienen la misión de revisar y divulgar esa vida maravillosa de una mujer fuera de serie.

Mi padre y yo nos hemos comprometidos a proveerles, para su estudio, todos los recursos que tenemos o que sepamos existen para que puedan hacer también su aportación a la historia de Vega Baja.

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