Genealogías| Mi bisabuela materna

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

Generalmente, no sabemos de dónde venimos. Y aunque por tradición oral tenemos idea de los que fueron nuestros antepasados cercanos, no nos ocupamos de conocerlos a menos que hagamos una investigación genealógica.

La primer herramienta para indagar a nuestros antepasados es el recuerdo. Nuestros padres biológicos son nuestro primer objetivo, luego nuestros abuelos y si tenemos mas ascendentes conocidos, seguiremos  preguntando. A medida que vamos investigando, más parientes aparecen, porque hay un efecto multiplicador. Tomemos en cuenta que cada pareja tiene a su vez sus antecesores paternos y maternos, por lo que tenemos dos parejas de abuelos y dos de abuelas y cuatro parejas de bisabuelos y de bisabuelos.

En el caso de mi padre, Thomas Rosario Flores, su padre, Esteban, era hijo de Modesto Rosario Rosado y de Belén Cordero. Su madre, Aurea Rosalina, era hija de Carlos Flores y de Antonia Pagán. Por mi madre, Carmen Obdulia Martínez González era hija de José Belén Martínez Torres y Juana González Rivas, quienes a su vez eran hijos de Juan González y Juana Rivas. Para fines de este escrito introductorio donde los ejemplos son mi familia, podemos llegar hasta lo que se conoce como bisabuelos. Se sorprenderían de tanta gente que son mi familia por todos los lados, pero si hacen el ejercicio de indagar sobre sus antecesores, tendrán igual resultado de gente que ni uno conoció, aunque le brindaron características genéticas diversas.

Cuando estamos haciendo estudios de genealogía, tenemos que ir despacio, tener mucha paciencia y una actitud abierta. Uno puede descubrir detalles que sean contrarios a las creencias personales sobre sexo, religión, estado social o actitudes hacia la vida. Tenemos que tener en cuenta que no somos responsables por la forma como las demás personas conducen su vida y que en ocasiones, hay tragedias personales que justificadas o no, llevan a los caminos de la existencia.

Un error nos puede atrasar la investigación o incluso, invalidarla en parte o en su totalidad. Conocer nuestra ascendencia es importante, ya que hay relaciones legales involuntarias o voluntarias que marcan nuestro futuro. También, lo más importante creo que es tener una clara perspectiva para fines de estabilidad emocional y de desentrañar las razones detrás de una naturaleza que motiva la creación de los seres humanos.

He tenido el privilegio de conocer a tres bisabuelas, quienes fallecieron después de una vida longeva. Belén Cordero era mi bisabuela paterna a quien visitaba siempre que podía en su casa de la Urbanización Martell de Arecibo. Tengo información de que era del barrio Garrochales entre Barceloneta y Arecibo, de donde se originaron los Rosario que me corresponden. Sobre ella tengo muchos buenos recuerdos ya que aun cuando guardaba cama en sus últimos tiempos, siempre estaba preocupada por su familia, junto a la maravillosa hija Lydia, mi tía abuela. A la madre de mi abuela, Antonia Pagán no la traté mucho porque residía en la distancia de Lajas, pero la conocí en viajes que hacíamos de tiempo en tiempo. Con la que más relación tuve fue con “Abuela Carmelita”.

Carmen Antolina Torres Guerrero era la abuela de mi madre, quien lleva su mismo primer nombre, Carmen y nació en 1885. Antes se perpetuaban los nombres en las familias y aun hoy hay generaciones completas en cuyos nombre de pila se repite el de Carmen. Mi bisabuela adquirió el suyo por repetición sucesoral, pero es posible que también tenga relación con las prácticas religiosas de la época. He leído que Carmen viene del latín que quiere decir música o poema y en hebreo, jardín de Dios, pero no he indagado mucho ese aspecto porque en esta etapa no lo creo importante. Sé que la Virgen del Carmen es la patrona del mar, por lo que se acostumbra a rendirle tributo en nuestra Playa Puerto Nuevo y de hecho, la Parroquia de la Barriada Sándín está dedicada a ella. Mi bisabuela Carmen, era religiosa en su niñez y juventud. Según me cuentan, asistió a una escuela católica en sus primeros años escolares y sirvió a la organización de las Hijas de María dentro de la iglesia.

Carmen es un nombre común que no se utiliza mucho en el presente para nombrar personas. Su masculino es Carmelo, pero hay variables derivadas en el uso femenino como Carmina y otros. Un sector de Vega Baja, en el barrio Ceiba, se llama Carmelita desde el siglo XIX por la dueña de la hacienda del lugar. La Central Azucarera de Vega Alta llevaba también el nombre de Carmen.

“Carmelita” se convirtió al evangelismo protestante y fue parte de los escasos fundadores de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera de Vega Baja en 1903. Eso le trajo distanciamiento con familiares y amistades. Casó con Ramón Martínez Martínez, un orfebre, con quien procreó varios hijos. Al fallecimiento de mujeres madres en su familia, asumió el cuido de sus nietas, incluyendo a mi madre.

Tenía dos hermanos, uno de padre y otro de madre. José Torres Guerrero, llamado “Don Pepe” era el padre de José “Pepito” Torres, el director de la Orquesta Siboney y de Rafael, otro músico conocido. Tuvo otros hijos que llevaron el apellido materno de Collazo, porque no fueron reconocidos, pero siempre han formado parte de nuestra familia. De hecho mi hija Jessica, está casada con un bisnieto de Don Pepe. La hija de éste, Carmen Torres Silva, es la madre de Maria del Carmen Torres, distinguida dama vegabajeña quien retirada, ha sido legisladora municipal y realiza mucha labor social con un liderato y participación brillante. Otra hermana, “Curu” se ha dedicado al comercio y todos conocemos a Pedro Brull Torres, el excelente pintor vegabajeño radicado en Florida.

El otro hermano de mi bisabuela se llamaba Eduardo Martínez Guerrero. Era el padre de otra Carmen Martínez, como mi madre. Ella se casó con Juan Quirindongo Morell y fueron los padres de varios hijos entre ellos, Nilda Quirindongo, quien fue Directora de la Oficina de Arte y Cultura de Vega Baja y Directora del Museo Casa Alonso. Era la abuela de nuestro compañero José Luis Maldonado Quirindongo (Luigi).

Abuela Carmelita dejó una descendencia de personas nobles como lo era ella misma. Su semilla está regada por el mundo: Estados Unidos, Alemania, Francia, España y Puerto Rico. Deliberadamente he dejado fuera de este escrito aspectos que no conozco, no estoy seguro aun de los datos que tengo o pertenecen a otros aspectos que oportunamente presentaré para que puedan seguir de ruta cuando investiguen su propia genealogía. 

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