Análisis

El sistema educativo en los albores de la nada

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo-ehv-diario-vegabajeno-de-puerto-rico-small

En Puerto Rico hay una tendencia general a reclamar exclusividad de atención en todo. En este problema de la energía eléctrica, el mensaje era el mismo para llamar la acción y pedir preferencia en la reconección: encamados, enfermos mentales, “olvidados” y según algunos alcaldes como el de Dorado y el de Comerío, “discriminados”. 

Eso me trae a la memoria otra diatriba que se enarboló hace unas décadas atrás en la Universidad de Puerto Rico donde estudiaba: “La universidad somos nosotros”. Esto último surgió de los grupos independentistas que a la sazón dominaban el escenario de la actividad universitaria con estrategias de presión y de miedo. Claro que al otro lado había una resistencia de las autoridades universitarias, ayudados por el estado para supuestamente mantener la paz universitaria e intervenían violando derechos humanos.  Esa frase no lo crearon aquí, apareció primero en otros centros estudiantiles de hispanoamérica donde la combatividad ideológica es tan caliente como la de Puerto Rico. 

Pero la universidad no era los estudiantes universitarios solamente, como ahora no son los estudiantes del sistema educativo el único o mejor componente del sistema educativo. La educación pública de Puerto Rico es algo complejo por lo monumental, por la mucha gente involucrada de distintos extractos sociales y preparaciones y por la falta de una filosofía coherente y universal. Es un monstruo de mil cabezas, anquilosado por los años de uso, mohoso por la ausencia de un lubricante moral. Cuando miramos el producto del servicio educativo que ofrece el gobierno, nunca podremos estar conformes. De hecho, todos los sectores creen que debe cambiar.

En las ramas de gobierno no hay una dirección lógica. El ejecutivo envía un proyecto que ya lleva tantas enmiendas legislativas que desvirtúan el insuficiente trabajo original.  Los tribunales, estatales y federales, han manejado los casos sometidos con una lentitud tan evidente, que hace valer la frase de que “justicia lenta, no es justicia”. Estamos, educativamente hablando, dando la vuelta a la noria.

La que dirige el gremio de la Federación de Maestros, quien dice que la protesta de ayer fue un éxito, es desmentida por la Presidenta de la Asociación de Maestros que alega que si no hay resultados, las protestas no son exitosas. Que ella, en lugar de protestar, se fue la legislatura a asegurarse que se aprobaran las enmiendas adecuadas para balancear un poco el proyecto y no permitir que se le violen los derechos adquiridos en el futuro a los maestros. ¿A cuál le creemos?

Lo cierto es que si observamos a grosso modo, hay más ruido que nueces. Nadie está haciendo nada para el todo. Cada cual hala para su lado. Como consecuencia, el resultado final será mínimo para el futuro de nuestra educación pública.

Lo que se ha propuesto es un salto a la experimentación en una empresa que lo mismo tiene de bueno que malo y que requiere mucha fiscalización en su proceso activo, que en un mundo puertorriqueño tan complicado por la presencia política en todo, se reducirá al final a los que apoyan y los que no. 

El Partido Popular causó muchos de los problemas que tiene la educación pública en el presente. Controlaba la Asociación de Maestros al extremo que dos de sus presidentes más longevos en el poder, Arroyo y Vélez Torres, fueron premiados con dos escaños legislativos por el servicio brindado. En nuestra ciudad, los maestros participaban en las actividades políticas, lo cual era su derecho, pero como consecuencia de su militancia, lograban privilegios de ascensos, ubicaciones y permanencias aun en contra de los reglamentos que exigían uniformidad en el reclutamiento, ubicación y ascensos. En su retiro, los que habían servido bien al partido los ponían a dirigir oficinas locales, a trabajar como asambleístas municipales o a recibir contratos de trabajo parcial. 

La Federación de Maestros surgió como una respuesta de los que no comulgaban con el Partido Popular. En sus comienzos, la matrícula y aun los militantes más activos eran estadistas e independentistas. Eso cambió un poco cuando Romero ganó en 1976 y 1980 pues algunos de la derecha dejaron que la izquierda se apoderara de la institución y de ahí en adelante la Federación de Maestros es una de las organizaciones radicales dominadas por interés de personas de mantener una protesta permanente. Por eso tal vez Doña Aida, la de la Asociación, prefiere negociar directamente antes de “vociferar” como ella mismo describió a la Federación y no ganar nada, salvo macanazos de vez en cuando, escenario siempre preferido por algunos izquierdistas para evidenciar al patrono intolerante y la administración “abusadora” .

La realidad es que la política ideológica y partidista es la amiga de la educación pública. Es el botín de guerra que todos los bandos quieren ganar, pero la tinta que lanza ese pulpo para confundir y  los tentáculos que tanto alcanzan son demasiados como para que alguien pueda mantener una unidad coherente, dentro o fuera del gobierno. En los próximos dos años, seguiremos viendo el bullying contra la Secretaria Keleher y contra el gobernador, las teorías de la insuficiencia de todos los sectores, un blablablá constante, parchos por dondequiera… y mucho de nada. 

 

Categorías:Análisis, Vegabajeñismo

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