Historias

Mañana en el América “Revolución en el Infierno” concluye Ciclo de Cine Puertorriqueño

REVOLUCION EN EL INFIERNO POSTER

REVOLUCIÓN EN EL INFIERNO (2004) por JOSÉ ORRACA-BRANDENBERGER

Dirección: Gilberto Rivera Torres

Guión y Dirección Artística: Roberto Ramos-Perea

Producción General: Vicky Cortés y Benito de Jesús

Interpretes: Ernesto Concepción Hijo, Cordelia González, Braulio Castillo, Miguelángel Suárez, Francisco Capó, Angela Mari, Raúl Carbonell hijo, Elsie Moreau

Revolución en el Infierno, una magnífica producción dramática,  recrea uno de los eventos más vergonzosos de nuestra historia reciente. La Masacre de Ponce. Es una idea de Roberto Ramos-Perea de llevar a la pantalla su obra teatral del mismo nombre. El resultado de este atrevimiento es una producción de envergadura, seria e inteligente.

La trama de Revolución en el Infierno es sencilla. Conocemos a Ulpiano Perea, joven mayaguezano, y su mejor amigo, Ramón, en la primera escena. El dialogo establece la situación dramática. Ramón insiste en la importancia de participar en la parada de los nacionalistas en Ponce. Patria y conciencia son los temas. Pianito, interpretado por Ernesto Concepción, está indeciso. Asistir a la parada es contradecir la voluntad de su padre, don Nisio, un republicano rabioso, para quien la mera idea del nacionalismo es una ofensa.

Luego conocemos a Rosario, la amante de Pianito. El dialogo entre ellos también gira en torno a la parada del próximo domingo, pero el tema es el deber. El deber a la patria, a los compueblanos, al país, el deber a la familia y el deber que nace del amor. Concluye el primer acto confrontando padre e hijo. Don Nisio arguye que el deber a la familia es el primer y único deber, Pianito discrepa alegando que el deber a la patria y a todos los puertorriqueños, va por encima de cualquier obligación familiar. Es un debate que nunca se podrá resolver. Es la eterna discusión entre el padre, racional y práctico, y el hijo idealista. Pianito promete obedecer a don Nisio, pero sabe que la decisión que tiene que tomar, de ir o no a la parada puede ser la mas importante de su vida, quizás de vida o muerte.

Durante el segundo acto se devela la conspiración. A partir de un humilde policía uniformado seguimos las ramas de un complot hasta encontrar las raíces del mismo en la más alta esfera de gobierno. El gobernador, el fiscal general, coroneles y capitanes han decidido darle un golpe de muerte al movimiento revolucionario nacionalista. La parada del Domingo de Ramos es el momento idóneo. Con el liderato del partido nacionalista reunidos en la protesta pacífica, los policías armados con metralletas Thompson pueden liquidar el movimiento sin temor a una confrontación armada o represalias. La emboscada les asegura el éxito. Presionado por su amigo Ramón y superadas sus objeciones, Pianito decide desobedecer a su padre y unirse al grupo de cadetes, de camisas negras, que van rumbo a la parada en Ponce. 

Sucede lo que ya sabemos que sucede. Decenas de jóvenes idealistas, espectadores, y mujeres son abaleados indiscriminadamente. Y Pianito, es asesinado sin misericordia por un policía sicótico. Un final muy dramático para un segundo acto.

El tercer acto es mas un epílogo largo que la conclusión del drama. Se destaca al fiscal de Ponce como la voz de la conciencia aunque su reto al gobernador y al fiscal general termina en su renuncia. Ramón, Rosario y don Nisio vistan los mismos temas del primer acto, patria, conciencia y el deber, añadiendo las variantes que provoca la muerte de Pianito. Quizás para la sorpresa de algunos, es Ramón, el que sonsaca a Pianito y lo lleva al encuentro con la muerte, el que más cambia de parecer. Su fanatismo quedó en las calles de Ponce. Ramón es ahora promotor de la paz y el cambio sin violencia. Al final Rosario y don Nisio se consuelan al compartir el dolor de la terrible perdida que la muerte de Pianito representa para cada uno.

Lo que hace difícil escribir un drama de tema histórico es que el final ya se conoce. Lograr que un público se interese por el devenir de unos personajes cuyo funesto desenlace es ineludible es tarea de gigantes. Ramos-Perea supera la difícil tarea con su minuciosa exploración de los temas y la capacidad de elaborar argumentos contradictorios con el mismo afán y sinceridad. Cada personaje expresa la verdad, su versión de la verdad, y la agresiva defensa de don Nisio a los deberes de familia puede ser tan valida como los argumentos de Rosario en defensa de la patria. Los diálogos entre padre e hijo son tan reales que estoy seguro que se repiten hoy en las casas de todo estudiante universitario que pretende seguir su conciencia idealista aunque contradiga la voluntad de sus padres. El conflicto y el drama de Revolución en el Infierno son tan históricos como modernos. Y ese es un gran logro.

La muerte y el amor son temas que requieren su espacio en todo drama. Con la letra de Ramos-Perea, Pianito anuncia su muerte desde el primer acto. Le regala a Rosario un traje de Marshall Fields, negro como el luto que sabemos vestirá y le habla de la muerte como consecuencia de su felicidad. Los policías se dan tragos de ron condimentados con la pólvora de sus balas, como muestra de su hombría y símbolo de sus intenciones. La otra cara del amor, lo expresa el policía Ñemo, que jura quitarle la vida a Pianito para quedarse con Rosario. El valor, el miedo, el honor y la justicia se suman a los temas que entrelazan los personajes con la situación histórica. Ramos-Perea hace que Revolución en el Infierno sea relevante como un denunciante documento histórico y como una parábola de la vida del puertorriqueño cuyo debate político y social continúa dando vueltas como la rueda de una carreta sin destino final.

Lo más importante para lograr la credibilidad de un drama es la actuación. La espontaneidad, la sinceridad, y la convicción del actor es lo que hace que las palabras escritas calen en la audiencia y provoquen el interés del público en conocer lo que falta por suceder. En Revolución en el Infierno todas las actuaciones son buenas. No hay personaje, por pequeña que sea su participación en la pantalla, que no esté a la par con los grandes nombres de nuestro teatro, aunque algunos son mas iguales que otros. Miguel Ángel Suárez, que interpreta a don Nisio y nos tiene acostumbrados a la excelencia en la actuación, en este caso, supera lo esperado, lo imaginable. Su caracterización no solo consigue que le prestemos atención a lo que dice don Nisio, sino que nos hace entender y sentir lo que mueve al personaje, que solo pretende el bienestar de su hijo. Con Miguel Ángel Suárez, don Nisio se nos hace familiar, lo conocemos, lo hemos visto antes. Se nos parece a aquel tío, que todos tenemos, que parecía fuerte, dominante, exigente y severo, pero que al fin de cuentas era uno mas de nosotros, con nuestros mismos temores y ansiedades. Aquel tío que en momentos de crisis fue el sostén de la familia.

Ernesto Concepción, como Pianito, hace un trabajo espléndido. Pianito es un personaje tipo Hamlet, que no logra decidirse y vacila entre los polos opuestos que representan Rosario y don Nisio. Es un personaje difícil de interpretar. Ernesto Concepción consigue que aceptemos las ambigüedades del personaje, no como miedo o indecisión, sino como parte de su carácter respetuoso y honesto. Él hace parecer que la muerte que persigue a Pianito no es el final de la historia sino un destino trágico que detiene el tiempo en el momento de mayor felicidad.

Raúl Carbonell interpreta un personaje grotesco, mentalmente enfermo, villano y cobarde hasta la médula. Y lo interpreta con un deleite que mete miedo. Para los que gustan de aplaudir a los villanos, este personaje de Carbonell, gana sus merecidas ovaciones. Cordelia González es Rosario. Ni más ni menos. Llevando su mensaje de patria, sangre y sacrificio con el mismo aplomo que el luto que abriga su futuro. Francisco Capó, intérprete de Ramón, cumple a cabalidad su rol del amigo finalmente responsable por la muerte de Pianito y logra que no sea una sorpresa cuando el personaje abandona su postura de héroe rebelde. Braulio Castillo encarna la integridad y el respeto. Ángela Mari y Maribel Quiñones le suman al drama con su mera presencia. La lista de buenas actuaciones se extiende hasta incluir a todo el reparto.

En este medio, frecuentemente el pasar desapercibido es un atributo. Los valores de producción están a la par con la calidad del drama y las actuaciones. La dirección de arte, a cargo de Jesús Lugo, se distingue primero, junto a la fotografía de Salvador Avellino. Ambas, ajustadas y correctas para la época y la envergadura del proyecto. Al igual con el vestuario, maquillaje y peinados, a cargo de Mitzi Ann Ramírez y Rosa Hilerio respectivamente. La música se apropió de melodías, contemporáneas a la trama, que obligan a tatarear junto a los personajes; y armonías, contemporáneas a la audiencia, que apoyan con fuerza la situación dramática. Efectiva sin llamar la atención. Todos los componentes del sonido fueron correctos. Las voces, el ambiente y la mezcla con la música y efectos, perfectos para el proyecto.

Es difícil evaluar la labor de un productor. Cada productor trabaja a su manera e interviene en el proyecto según sus pasiones o gustos. En algunas producciones el productor es responsable por todo el trabajo creativo y técnico. En otras, es el facilitador que consigue el espacio y los recursos necesarios para que la imaginación de otros llegue a la pantalla. De lo que no tengo duda es que para conseguir que una producción complicada como Revolución en el Infierno logre una calidad pareja en todos los aspectos de la producción es el logro de un productor que calladamente, o quizás a voces, motive a que todos los colaboradores de la producción a trabajar a su máxima capacidad, con armonía y pasión. El logro está en la pantalla.

La adaptación de Revolución en el Infierno a la pantalla conserva mucho, a veces demasiado, de su origen teatral. El primer acto se compone de unas pocas secuencias con páginas de un diálogo delicioso, pero que obliga a la puesta en escena a ser teatral. El lenguaje cinematográfico es mayormente ausente y las conversaciones entre personajes un poco explicativas. Para el segundo acto la trama se complica, las escenas son más breves, y se agiliza la cinematografía. El uso de las fotografías históricas durante el enfrentamiento con la policía en Ponce es muy efectivo para la escena, pero el uso de fotos exclusivamente para esa secuencia parece haber sido improvisado durante la edición. La dirección de cámaras, de Gilberto Rivera Salas, es televisión de primera clase, sin embargo la edición en momentos es abrupta y quizás, pretendiendo estilo, corta la toma junto con el diálogo dejando poco tiempo para ver la reacción de los personajes al diálogo del otro actor. El tercer acto se dedica mayormente ha atar los hilos sueltos. El contenido de los diálogos es importante, valioso inclusive, pero regresa a la teatralidad del primer acto dejando la impresión de un epilogo prolongado. Esa puesta en escena teatral le resta mucho al impacto dramático de la última escena. A pesar del rencor de don Nisio, ilustrado con una bofetada durante una escena anterior, cuando Rosario lo visita, vestida de luto, sin tocar a la puerta, el sorprendido don Nisio se queda sentado y escucha pacientemente a Rosario en vez de tratar de echarla fuera de la casa. Don Nisio se ha rendido y parece que Rosario también. 

Revolución en el Infierno es una producción importante. Importante por su calidad. Importante por su temática. Pero es igual de importante que se vea. Que se vea fuera de Puerto Rico. Que se vea en los mercados hispanos de Estados Unidos, que se vea en los países hermanos de América latina. Que nuestro talento creativo, técnico y de actuación se exponga en otros mercados para que se reconozca la capacidad y el talento de nuestra clase artística. Para que igual que nosotros disfrutamos y auspiciamos las producciones de otros países, creándole, con nuestra audiencia, nuevos empleos para su clase artística, puedan ellos hacer igual con nosotros. La historia de un ideal traicionado que narra Revolución en el Infierno es también la historia de todos los pueblos que han perseguido su ideal de libertad.

19 de octubre de 2004

Categorías:Historias, Vegabajeñismo

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