Momento de defender al prócer José Gualberto Padilla

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Se ha convocado a los medios de comunicación para presenciar las denuncias y declaraciones en torno al cambio de nombre de la escuela centenaria en Vega Baja, Dr. José Gualberto Padilla. Se espera que maestros, estudiantes y la Poeta Elsa Tió, familiar Dr. Jose Gualberto Padilla denunciarán, y presentarán evidencia del intento del Departamento de Educación de confundir el proceso. El alcalde Marcos Cruz Molina estará presente. Esto se iniciará a las once de la mañana del jueves, frente a la escuela en la Calle Betances (Carretera 155).
El Dr. José Gualberto Padilla no nació en Vega Baja, pero vino a nuestra ciudad como médico titular en 1858. Desde entonces y hasta su muerte, vivió en nuestro pueblo, tratando a los enfermos y sanando a este pueblo. Fue alcalde en dos ocasiones y en otras tantas trabajaba por los vegabajeños en distintos menesteres, no solo en la medicina sino también en la educación y la agricultura.
Padilla era una persona que hizo mucho por los vegabajeños, pero también por los puertorriqueños. En el área literaria sus poesías son siempre incluídas al principio de cada antología y en especial lo que produjo la defensa de la puertorriqueñidad frente al español Manuel de Palacios. Padilla no era cualquier médico ni cualquier poeta, el fue en ambos desempeños lo mejor de su tiempo. Si la palabra fuera suficiente, podemos asegurar que fue nuestro primer prócer vegabajeño y uno de los primeros de Puerto Rico.
Acostumbrado a terlo, a lo mejor la generación de los vegabajeños de la década de 1890 no se dió cuenta de su grandeza hasta que murió. Su funeral fue cubierto por la prensa del país y su vida comentada por los más importantes escritores escritores de la época. Se le trajo la bandera puertorriqueña, honor exclusivo propio de una persona demasiado amada y reconocida.
Los vegabajeños le reciprocaron poniéndole su nombre al primer edificio público de una escuela elemental en Vega Baja. La generación siguiente propuso hacerle un monumento, lo que nunca se cuajó. La presente generación, desconsiderada y malagradecida, lo ha tirado al olvido, en una forma inaceptable.
El vegabajeño profesor Rivera Resto hizo su tesis académica sobre la obra de Padilla.
Mi padre conoció y le hacía mandados en Arecibo a Trina Padilla de Sanz, “La hija del Caribe” en la década de 1930. Ya en Vega Baja, formó parte de un cuarteto de estudiantes compuesto también por Jesús Hernández Sánchez alrededor de 1943  para conseguir un retrato, lo que comisionó Doña Trina a un pintor de esa ciudad el cual luego fueron a buscar en otra fecha colocándose dentro de la Escuela.
Posteriormente vuelve mi padre a sacar del olvido a José Gualberto Padilla y le dedica uno de sus trabajos de investigación de “Historias de Vega Baja”. La poeta Elsa Tió, por su parte ha llevado al pedestal académico mayor al reeditar “Para un Palacio un Caribe”, con datos adicionales sobre su vida y obra. Tambien ha sido la voz de la familia cuando se han prestado objetos a Casa Alonso para exhibición.
Unas manos siniestras nos pusieron a pelear con los nombres de la excelentísima dama Brígida Alvarez Rodríguez y José Gualberto Padilla. A la escuela de tanta tradición, inaugurada en 1908 le taparon el nombre y le pusieron prominentemente el de ella. Esos sinverguenzas nos robaron la historia y utilizaron indebidamente otro ser adorado por los vegabajeños opacando indebidamente el del médico.
Esto, contrario a lo que se cree, no es un asunto político-partidista. Porque si vamos a culpar a alguien, tenemos que culparlos a todos. Unos por actuar y otros por su actitud pasiva de una controversia que parece nunca resolverse. No lo digo para neutralizar las pasiones de quienes quieran señalar, es que desde hace años esta protesta la hemos hecho pública y hemos ido a todos los foros y lo que hemos logrado es cada vez prolongar la burla y la injusticia a la tradición y la historia vegabajeña. Que no sea una oportunidad para que crean que es un pataleo más o una misión política-partidista.
Lo que necesitamos es acción. Que cada cosa se le de su justa importancia y valor. Ahora nos toca defender la parte de la historia que nos legó el prócer José Gualberto Padilla, dejando a Brígida Alvarez en su merecido pedestal pero devolviéndole al médico el pedazo de historia que le han robado.

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