Desastres Naturales en Vega Baja| Huracán San Hipólito de 1835

Thomas Jimmy Rosario Martinez por Rudy Rivera

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Hace cerca de 45 años escribí para el semanario TAINO mis primeras notas sobre el huracán San Hipólito, que ha sido uno de los fenómenos meteorológicos de mayor fuerza de destrucción en el Siglo XIX. Releer las fuentes y sabiendo que el compañero Carlos Ayes incluirá el tema en un trabajo que sobre salud pública está investigando, me motiva revisitar el asunto.

El libro Historia de los temporales de Puerto Rico y las antillas es una labor de recopilación de información sobre ciclones publicada en segunda edición en 1972  escrito por el autor Dr. Luis A. Salivia. Esta es una buena fuente de referencia para comenzar cualquier investigación. Lamentablemente, no constituye una fuente primaria, la cual solamente puede estar en documentos oficiales. En el caso de Vega Baja, la información puede estar vertida en documentos del gobierno municipal a partir de 1812. También hay referencias en material gráfico tal vez a partir de 1956 cuando ocurrió Santa Clara. Sospecho la existencia de otras crónicas privadas de personas que recuerden los fenómenos a su paso por nuestra ciudad.

Hemos visto documentos en el Archivo General de Puerto Rico que tienen recuentos de daños e intercambio de correspondencia sobre el particular entre el gobierno municipal y el central en la primera mitad del siglo XIX. Conocida es también la crónica de los efectos del cólera como consecuencia del huracán San Hipólito, contenida en el Boletín Histórico de Cayetano Coll y Toste y otras publicaciones posteriores. Pero hace falta hurgar más en los medios disponibles y hacer que esa información nos sea útil para entender como prevenir y enfrentarnos a los daños que ocasionan. Sólo la historia nos podrá dar ese panorama que necesitamos, ya que la ocurrencia es un factor constante  de estos fenómenos que no podemos obviar.

San Hipólito fue nombrado de esa manera siguiendo la tradición del santoral católico que denominaban dependiendo el día del año en que llegaba el fenómeno a tierra puertorriqueña. Al mismo fenómeno se le daba distintos nombres dependiendo la isla o lugar donde atacara, lo que creaba confusión sobre la trayectoria de éstos desde su orígen hasta su desaparición. Desde 1951 se les asigna nombres por el Negociado del Tiempo en Washington. Originalmente se les daba nombres de féminas, pero eso ha cambiado con el tiempo. Un ciclón no es cuestión de religión ni de sexo.

Para 1835 solo habían sido fundados 58 de los 78 pueblos. San Hipólito entró por Yabucoa el jueves 13 de agosto, habiendo luna llena, entre 8 y 9 de la mañana. De seis a siete horas después salió por las inmediaciones de Vega Baja al Océano Atlántico, clasificado como categoría A, que significaba anteriormente un huracán que arropara la isla con vientos de no menos de 74 millas por hora.

A fines de ese año de 1835, el doctor Miguel de Cotto escribe una memoria al Gobierno General de Puerto Rico en la que da cuenta de la enfermedad “sinochus pútrido” y expresa lo siguiente:

“El temporal que sufrió esta provincia el día 13 de agosto pasado causó la desolación de casi toda especie de agricultura; por cuyo motivo han sobrevivido escaseces de los principales alimentos, con que se han nutrido desde su infancia los naturales…Como apéndice también se agregan, los efectos de las crecientes de los ríos, que generalmente fue observada, causando estragos considerables, difíciles de compaginar. Uno de ellos fue el quedar cubiertas las más hermosas y ricas plantaciones de una espesa basa, como asimismo las más frondosas y amenas vegas. Las consecuencias de tales avenidas de los ríos, han sido siempre las de conducir en sus impetuosas corrientes, multitud de peces, cuadrúpedos, aves, reptiles e insectos ahogados, que la mayor parte de estos quedan depositados dentro de la espesura de los bosques, plantaciones, praderas, remansos de los mismos ríos, ciénagas de aguas permanentes y de obras de esta clase que ocasionalmente se forman y pantanos estables. Las resultas de estos acontecimientos son, que por la intensidad del calor se fermentan y corrompen los animales muertos, siguiendo esta misma  ley los vegetales propios de estos pantanos, y de los que son conducidos por el impulso de las aguas, formándose “miasmas pútridos” y “efluvios perniciosos” que elevándose de sus hogares a la atmósfera desordenan los principios puros del aire cargándose de aquellos, y encadenados marchan con la velocidad del rayo, esparciendo sus malas cualidades como una acción fuerte y tenaz e influyendo mortíferamente sobre todos los seres vivientes que tienen la desgracia de inspirarlos… Desde el día siguiente del enarrado temporal de Agosto se sostiene al este del pueblo la indicada ciénaga o estancación de aguas pantanosas…”

Vega Baja es un lugar donde el agua es una virtud por las múltiples fuentes que existen como ríos subterráneos y de superficie, lagunas, manantiales, ríos, quebradas, caños, pantanos, costa de mar y buena actividad pluvial durante el año. Esa multiplicidad que nos da vida, también nos ha dado la muerte de los recursos agrícolas, lo que ha afectado, puesto en peligro y hasta terminado con la vida de seres humanos. Es menester tener en cuenta el efecto de un fenómeno natural, como el huracán de San Hipólito.

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