El cénit de la excelencia

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Fotos por Jose Luis Maldonado Quirindongo (Luigi)

Anoche fui a ver la última función de las obras teatrales El Pleito de las Calaveras y Pluft, el Fantasmita en el Teatro América. Ese recinto, que a pesar de su limitada capacidad física, poco personal y objeto de escalamientos, vandalismo y fenómenos meteorológicos, cada vez sigue añadiendo elementos.

La primera de las dos obras presentadas por el grupo teatral de Vega Baja tuvo un elemento integrador. De la Escuela de Bellas Artes de Vega Baja, participó, como parte del espectáculo, un grupo de estudiantes de música y el Coro. El resultado fue precioso. Vimos un joven director musical formar parte de la primera obra como todo un actor experimentado, participando como un serio comediante en completa complicidad con sus músicos.

En un momento había más de veinte actores y músicos en escena, bien coordinados, ataviados y maquillados en forma creíble para la obra específicamente dedicada al tema del bien y el mal en el ambiente de la costumbre mexicana de honrar a sus muertos. De hecho, por eso se colocó la obra en los días de los Santos y el de los Muertos,  los que se celebran el primero y dos de noviembre de cada año.  Los demás elementos, como las luces y el sonido, estaban muy bien administrados por los técnicos. Sólo faltó un programa escrito sobre la producción, sinopsis y actores.

La de anoche fue una producción importante para la historia vegabajeña, que marca un nuevo concepto no acostumbrado.  Se acerca, aunque en forma microcósmica, a la manera de hacer teatro musical (sin ser esta en esencia una obra musical), como las grandes obras en Broadway o en el Centro de Bellas Artes de San Juan, con músicos en vivo, coros y actuación. Un espectáculo completo permite que el aficionismo teatral tenga una educación sin limitaciones y una excelente presentación para el disfrute de la audiencia.

Hay muchos factores en esta ecuación.  Pero tengo que resaltar, entre tantos que habremos de conocer eventualmente, la presencia del director de todo, David Muñoz. Es el hombre de las conexiones  con el mundo del espectáculo y la literatura teatral, de las ideas coherentes y de un alto sentido de perfección. La otra persona que debemos acreditar es quien lo ha respaldado constantemente, el alcalde Marcos Cruz Molina, que no es un elemento de lejos sino de una presencia constante y física con su esposa y sus familias, que también apoyan todas las puestas en escena.

Sé que hay otros pueblos que quieren tener la presencia dinámica de David para igual hacer maravillas con las artes. Ese respaldo que le ha dado el alcalde por estos años sigue dando frutos en tiempos de carencia de todo.  Por eso, nuestro pueblo suena más allá de los confines. El resultado es que somos afortunados por esta mezcla de educación y entretenimiento.

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