El torreón de un señor de hato de Manatí

carlos m ayes suarez

torreon original

Por Dr. Carlos M. Ayes Suárez
Víctor González Narvaez, GEOG, M.P.,PPL.

Cuando el adelantado Juan Ponce de León arriba a la desembocadura del Manatuabón, hoy Río Grande de Manatí, en 1506 obtiene de manos de los taínos una muestra de pepitas de oro procedentes de los placeres del río que discurría inmediato a su poblado o yucayeque. El descubrimiento de metales preciosos y la densidad poblacional indígena, una de las mayores de la isla, convenció al Adelantado de asentarse en el mismo poblado y a dar comienzo a la empresa minera que predominaría el ámbito económico durante las primeras décadas del Siglo XVI.
Pese al hecho de que las condiciones desfavorables del puerto los obliga a continuar sus exploraciones en busca de un lugar resguardado de la Mar Bravía y a mudar eventualmente el campamento hacia el sur de la Bahía de San Juan, resulta obvio que los intereses empresariales de los conquistadores, con el protagonismo de la familia Ponce de León, continuaron en el cacicazgo de Guaraca. Tal parece que durante el mismo periodo, las extensas llanuras de la región llamaron la atención de los ganaderos y agricultores y se comienza el usufrutuo de vastas extensiones de tierra o hatos como criaderos y estancias.
El proceso de conquista y colonización entrañó mucha violencia entre las huestes españolas y los pobladores indígenas, los esclavos negros y los enemigos de España. Debido a la gran distancia entre sus minas, los hatos, las estancias y los centros principales de población, el temor por un ataque de estos debió de haber sido constante. Era de esperarse, entonces, que los colonizadores pensaran en tomar medidas de defensa para protegerse.
La selección de un área elevada hacia el oriente del valle, que marcaba la entrada de una extensa llanura flanqueada tanto por el Norte como por el Sur por mogotes calizos y con un campo visual muy amplio del valle hasta la costa, le pareció muy adecuada al hatero para construir un torreón o torre de observación de sillares de veinte (20) metros de altura. (Ver Figura 1) Mediante el uso del Sistema de Información Geográfica (GIS, de sus siglas en inglés) el planificador Víctor González Narváez ha podido establecer el campo visual del que se disfrutaba desde la torre de vigilancia.
La dispersa población de la Ribera del Cibuco no parecía representar amenaza alguna para los intereses del hatero. No sería hasta el mismo siglo en que se funda el pueblo de Manatí, que comenzarían a formarse los núcleos urbanos que a partir del 1797 se diferenciarían como Vega Alta y Vega Baja. Los límites geo-político entre los pueblos de Vega Baja y Manatí no se definirían hasta mediados del Siglo XIX. Hasta ese momento la vida de los habitantes de la Ribera de la Vega gravitaría principalmente alrededor de los centros urbanos de Manatí y, antes de su fundación, de Arecibo.
Los sillares (bloques de piedra) de calcarenita para la construcción del torreón fueron canteados de los depósitos naturales de la roca en el cauce alto del río, inmediato a la confluencia de los ríos Grande de Manatí y Cialitos y posiblemente acarreados en balsas río abajo hasta las inmediaciones del lugar seleccionado para la construcción. La explotación de dicha cantera continuaría hasta el Siglo XVIII, cuando se funda formalmente el pueblo de Manatí. La torre de observación, cuya altura han estimado los ingenieros del Departamento de Ingeniería del Municipio Autónomo de Manatí a base de los restos de varias de las paredes que conforman en la actualidad el ábside de la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria y San Matías, tuvo una planta octagonal y un techo a ocho aguas con un dovela o cuña. En la parte más alta de cada una de las paredes encontramos dos aspilleras. Contó el torreón con una entrada principal con jambas y dintel (Cuyos restos aparecen empotrados en la construcción posterior de la iglesia) y una ventana a cada lado que posteriormente serían ampliadas como puertas para darle acceso a las sacristías que se construyen cuando se adapta el torreón como ermita.
El torreón sirvió como centro a una población que se fue estableciendo a su alrededor buscando protección, sentando las bases para el desarrollo del núcleo urbano original de Manatí. Al desaparecer las amenazas reales o supuestas, el enclave militar es ampliado para usarlo como ermita y, posiblemente, como lugar de evangelización de los indios, como lo evidencia los relieves escultóricos de las sacristías representando al personaje mitológico taíno Macocael.
En el centro del torreón, hoy centro del ábside de la iglesia, se descubrió una tumba que parece corresponder al Patrón del pueblo. El hallazgo de cinco (5) de las ocho (8) paredes del torreón por el Rev. Padre Emilio Tovar, evidenció que los orígenes de la cultura occidental en Manatí se iniciaron temprano en el Siglo XVI. Además, el descubrimiento de los relieves escultóricos mencionados parece corresponder a la primera y única evidencia arqueológica del proceso de evangelización de los indios. Dicho proceso de poblamiento culminaría con la fundación oficial del pueblo de Manatí hace 275 años en el mismo lugar donde se construyó el torreón militar.
Revisado el 29 de enero de 2019.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s