La figura política más extraordinaria en nuestra historia vegabajeña

WILHELM LUISITO Y JIMMYTO3

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Haber conocido sus debilidades, fracasos y errores, puede minar la valoración de cualquier historiador sobre un político contemporáneo. Y ser político en este mundo fragmentado por las ideas y las claques es casi siempre sinónimo de baja apreciación de parte de los ciudadanos. Generalmente cuando muere, es que se empieza a apreciar una vida de intensa aportación en su justa perspectiva, mirando  la obra positiva por sobre el historial de ataque negativo que se acumula en la propaganda y la mente, especialmente por lo que originaron los adversarios en su tiempo.

El próximo domingo, a la una de la tarde y en la intersección de la Carretera PR-687 y Carretera Número Dos, en el sector Tortuguero de Vega Baja, habrá una ceremonia para oficializar públicamente la Carretera Luis E. Meléndez Cano, “Luisito”.  Esta iniciativa tiene una historia que se remonta al primer año en que el alcalde de Vega Baja se había retirado después de 32 años en que ganó todas las elecciones municipales. Pero afortunadamente se ha logrado este reconocimiento permanente cuando aun vive una vida plena y a pesar de haberse iniciado como un octogenario en recientes días.

Tenemos que ver a Luis Enrique Meléndez Cano como un figura importante de nuestra historia. Y para verlo debe ser como un todo, sin detenernos en detalles pequeños que no lo definen. En ese sentido, podemos comenzar a apreciarlo por su diminutivo.

Un “Luisito” se carga cuando uno es niño, pero a él no solo lo llaman así, sino que lo ha permitido aun cuando con la carga de los años debía haberse cambiado por un “Don Luis” o algo parecido. Eso dice mucho de su personalidad. En el hay una costumbre de humildad natural. Percibo que le gusta igualarse con personas de todas las edades para que no se sientan intimidados por su altura, su energía, su profesión de farmacéutico y tal vez su historial como el alcalde de mayor tiempo en el ejercicio de su cargo.

La primera vez que hablé con él siendo alcalde electo, fue en diciembre de 1972 cuando me reuní con él siendo un joven imprudente de 19 años que tenía interés de que se perpetuara la historia con la conservación de los documentos históricos que teníamos en el archivo municipal y que estaba organizando el historiador Luis de la Rosa. Fue atento conmigo. Después de ese encuentro, algunas de las ideas que lanzaba desde mis escritos semanales en TAINO las acogió y las convirtió en logros culturales de su administración. Tengo una deuda de gratitud por ese apoyo que me dio, a pesar de que yo era militante juvenil del Partido Nuevo Progresista.

Hay mucho por contar de Luisito para perpetuar el recuerdo del beneficio que recibimos los vegabajeños con su incumbencia. Hablar con él en esta etapa de su vida es un ejercicio aleccionador porque él aborda todos los temas, aun aquellos que fueron dolorosos para su vida íntima y para su familia.

La carretera que lleva su nombre es un primer acto de justicia de parte de mucha gente que entiende de una manera inteligente el legado de Luis Meleléndez Cano, pero no debe ser el único. Tenemos que  aunar el acervo histórico que aun no ha concluido para recoger el ejemplo de un pasado que nos puede servir de modelo para el futuro.

En política vegabajeña, no ha habido una figura más extraordinaria que Luisito. No es una admiración ciega, pero la conclusión por esta afirmación es compleja. Se las debo para otra oportunidad.

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