La despreciable intolerancia política

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Hace poco escribí unas notas de mis observaciones sobre dos edificios municipales pintados con los colores del Partido Popular. Entre las personas que reaccionaron algunos de mis amigos dieron su opinión de que el rojo no era rojo, defendieron el rojo como un color atractivo, restaron importancia al asunto porque el Partido Nuevo Progresista hacía lo mismo cuando estaba en el poder y justificaron desde distintos puntos de vista, algunos con mucho juicio, respeto y algo de certeza, sus posiciones.

Le informé a aquellos que me habían atacado personalmente que los iba a eliminar de mi espacio de Facebook y lo hice. Personalmente no pido ser parte ni me mantengo en un foro donde no hay una actitud inteligente o al menos humorista de las cosas que pasan. No tenemos que estar en controversia con las personas, sino con las ideas y las actuaciones. Así como no procuro estar donde no me gusta o no soy bienvenido, no tengo que tolerar a los que no me gustan. Soy todo lo amoroso, liberal y amistoso que se puede ser, hasta que se cae en el vicio del acoso o la acusación falsa. Soy intolerante con la injusticia ajena y sobre mi persona.

Una funcionaria municipal de la administración de Luis Meléndez Cano dijo que yo era un perseguidor. Debo ser un perseguidor de cosas, porque yo no mencioné ningún nombre, sólo hechos. Pero qué bueno que me da la oportunidad de contarle historias verdaderas, no de fantasmas como ella ve con sus ojos de fanática popular.

Mi familia por la vía paterna fueron populares desde los inicios del partido en 1938. Compartían personalmente con Luis Muñoz Marín. Mi abuelo Esteban escribía para La Democracia, que era el diario del prócer. A mediados de 1940 trabajó en el Senado como ayudante y ya en Vega Baja desde 1943, fue uno de los escritores del periódico local Justicia.

Mi padre, de niño y jóven, recibió la ayuda y estímulo del alcalde Angel Sandín Martínez. Fue precisamente que con un contrato fotográfico que aparece registrado en las actas municipales, que obtuvo un dinero para regresar a Nueva York, donde nació. Allí ingresó al ejército de Estados Unidos, para luego volver en 1950 a Vega Baja para siempre y donde quiere ser sepultado cuando muera.

En 1950 ingresó al Partido Independentista Puertorriqueño, siendo su candidato a alcalde en 1960. Durante esos años fue monitoreado por la policía. Hay informes y hasta le fue entregada una carpeta donde se evidencia su persecución política. Eran años en que los independentistas se habían desligado del Partido Popular y tenían su propio partido político distinto al que Muñoz había creado prometiendo la libertad.

Los populares, al ver crecer a los independentistas como segundo partido, los persiguieron hasta el nivel local. Aquí había un grupo de populares, entre ellos uno que fue representante a la cámara, con mucho poder, que el alcalde Sandín tenía que refrenarle porque era intolerante con las minorías. Sobre eso hay muchas instancias que en el transcurso del tiempo se dieron y de la que hay evidencia documental y testifical. Y hubo discriminación en las administraciones populares y penepés.

Para que la que me acusa de perseguidor sepa, defendí a a Tilín Pérez y a Julio Reyes de los desmanes de funcionarios de la administración de Edgar Santana y al Sargento de Armas que despidió Iván Hernández de la Legislatura Municipal. Y también impugné el proceso de legisladores municipales del PNP que no permitían el paso de otros candidatos en las elecciones de 1984, aun perteneciendo entonces a ese partido. Y apoyé a Luisito en su proceso criminal en la Corte Federal.

He escrito antes que con el tiempo me percaté que la verdad no estaba en los partidos políticos. Por eso se llaman partidos y no completos. En 2018 estuve colaborando con Luis Meléndez Cano en su campaña.

Posteriormente me puse del lado de Marcos Cruz Molina en su gestión como legislador municipal entre 2019 y 2012. Fui también asesor y de ayuda a Miguel Ojeda, del Partido Independentista Puertorriqueño, a pesar de creer en la estadidad como solución económica para la isla.

A cualquiera que le plazca mi cooperación y crea que le puedo ayudar en una causa noble, aunque sea como escritor fantasma o en el anonimato para siempre, no importando como piense, ha podido y puede contar conmigo.

Luz, yo he sido discriminado por su partido y por el otro. Pero eso no carga mi espíritu. De hecho usted no sabe cuánto la defendí a usted cuando tuvo que dejar su cargo en 2005 en momentos en que la orden era de eliminar a los populares para dar paso a muchos incompetentes que vinieron a sustituírlos a ustedes. No fui su perseguidor, fui su defensor. Al no haber hecho causa común con ellos, me hicieron la vida imposible.

Dicen que Don Luis dijo que el triunfo no da el derecho a ser canalla. La discriminación puede ser expresa o tácita. Incluso como dijo alguno de los opinantes, puede ser subliminar para que la gente relacione la obra del Partido Popular que usa el rojo como color con las gestiones municipales positivas. Se puede ser canalla incluyendo el rojo como menú de las cartas de colores. Eso se ha hecho en el pasado.

Foto a color tomada en 1953 por Thomas Rosario Flores

La cúpula de la Casa Alcaldía era originalmente de color plateado. Luego se pintó de rojo. Espero que la remodelación a la estructura original incluya el color original.

Varios vehículos del gobierno municipal tenían el escudo con un fondo rojo. En el presente, los rótulos que está poniendo el gobierno municipal en los sectores, resalta un derivado del rojo en el nombre del lugar.

“No es rojo”, alegarán. Pero el Gobierno Municipal es de todos. Incluyendo mío, que me siento bastante bien servido porque hay personas responsables y morales al mando. No estamos, empero, en los tiempos en que se creía por fe. ¿Porqué embarrarlas? Si como dice el viejo adagio, la mujer del sultán no sólo debe ser honrada, sino que debe aparentarlo.

Yo no soy popular, penepé mi independentista. Cruzo la papeleta con todos los candidatos cuya trayectoria, argumentos y posiciones me convencen, incluyendo los independientes. El que se quiera quedar en el cuento de la necesidad de las colectividades políticas que no cuenten conmigo. Y los fanáticos pueden quedarse con su fantasía lunática anacrónica y emocional porque no me van a arrastrar al estercolero político. Seguiré viendo el mundo ideal desde la honradez del servicio público y confiando en la labor inteligente de nuestros incumbentes. Total, Vega Baja y los vegabajeños somos una unidad mundial más poderosa que sus fracciones.

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