Biografías Vegabajeñas| Dr. Emilio A. Lafont Zayas

Por Lcdo. Antonio E. Arraiza Miranda

El día 27 de diciembre de 1995, Vega Baja perdió uno de sus hijos más ilustres, el Dr. Emilio A. Lafont Zayas. Este vegabajeño, nacido en San Juan, dejó un nombre establecido sobre la base ética de una práctica profesional cimentada en el ejercicio brillante de una prestigiosa carrera médica, teniendo como norte en tan delicada misión la ayuda a los menesterosos y ciudadanos necesitados y la visión profunda clara de la ciencia que envuelve el ejercicio de la medicina.

Dotado de una inteligencia superior en todas sus actuaciones desde que llegó a nuestro pueblo, sin aspavientos y sin publicidad ejerció durante más de 30 años su profesión guiado por un claro sentido de humanidad y por el correcto conocimiento de la disciplina estudiada.

Al escribir este artículo aflora a mi mente toda una etapa de bonitos recuerdos que forman parte fundamental de mi infancia, adolescencia y juventud. Gran parte del tiempo de esos años de estudiante los compartí con el Dr. Lafont y su familia desde que llegó a Vega Baja a ejercer como médico después de haber obtenido su grado doctoral en la Universidad Nacional Autónoma de México. A pesar de la brecha generacional, desde joven me consideré el amigo de este hombre que en la intimidad del trato familiar ejercía como guía, como consejero y como maestro de música.

Son pocos los vegabajeños que conocen que detrás de aquel profesional callado habitaba un conocedor profendo de las artes musicales y de las humanidades, conocimiento que compartía con sus familiares y amigos para enseñarnos a ser no solo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos.

Aprendí de Don Emilio y puedo decirlo libremente que hay satisfacciones más profundas en la vida que la mera acumulación de bienes materiales.

Aprendí de este maestro que el ejercicio íntimo de la libertad de actuar es un acto personal del ser humano que corre a la par con su conciencia y en el que no hay que darle participación a nadie porque a nadie al fin y a la postre hay que rendirle cuentas cuando se es responsable de sus actos.

Aprendí que para ser ciudadano honorable de un pueblo no hay que nacer en él sino entregarse a él. Y esa fue su misión y su función en nuestro querido Vega Baja, desde que inició aquí su práctica. Las veces que lo vi actual como doctor lo veía sentado frente al paciente explicándoles su diagnóstico y dándole los mas mínimos detalles de todos y cada uno de los medicamentos que recetaba.

Fueron muchos los pacientes que durante éstos años atendió Don Emilio. Y si muchos pacientes tuvo, pocos bienes acumuló porque tenía clara su vocación y la obligación que le imponía la seriedad de la carrera estudiada.

¿Cuántos Emilio Lafont le hace falta al país para lavar el rostro de una profesión tan digna que se ha vuelto mercantilista? !Cuanta falta hace en nuestro pueblo el Dr. Lafont!

Por eso el día 27 de diciembre del pasado año nos dimos cita en la funeraria un grupo de vegabajeños para rendir el último tributo a este hombre ilustre que nos abandonó sin avisar. Y los que estábamos allí dijimos presente porque sabíamos que con la partida terrenal del Dr. Lafont un pedazo del corazón de nuestro pueblo partía a manera de agradecimiento y de tributo junto al recuerdo de este Profesional Ilustre, que no solo prestigió su profesión sino este otro foro más importante que es del ejercicio de la vida decentemente.

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