Cuando se ponen los huevos a peseta

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Se coronó el virus. Bautizado por las expresiones de anoche de las autoridades mundiales y locales, reina oficialmente como la principal preocupación para todos. Se emitió la proclama de pandemia por la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas. El Presidente Trump tomó unas medidas drásticas, pero oportunas. Y la Gobernadora de Puerto Rico Vázquez Garced dio muestras de estar bien informada de las movidas de los que aparentemente cargan el coronavirus.

El mensaje es sencillo, todos han dejado en nosotros la principal responsabilidad de cuidarnos y de cuidar a los demás. Ni siquiera recomiendan ir a las oficinas médicas ni hospitales. Hay que llamar primero. El mensaje es que si no haces la llamadita como dice La Comay y te aíslas en tu casa, te confinaran en un cuarto aislado de un hospital, en lo que se investiga si lo tienes o no y estarás virtualmente arrestado y separado de todos y de todo.

Hace un rato, hablaba con mi hijo Thomas Jimmy sobre la situación actual. El tenía de visita en su casa a su primo Bryan Agosto, quien decidió adelantar su vuelo y esta madrugada retornó al continente. Posiblemente pensó en la posibilidad de un cierre doméstico de fronteras y con miedo de quedarse varado en su tierra de origen y no poder retornar a su inmediatez real en Arizona, tomó sus bártulos y marchó antes del tiempo programado para sus vacaciones.

Desde ayer se ha forjado un cambio en nuestra rutina. Todas nuestras relaciones humanas requieren modificaciones por salubridad personal y colectiva. A los niños que no saben ni creen muchas cosas, hay que educarlos en forma acelerada. A los ancianos hay que protegerlos por su vulnerabilidad en su sistema inmunológico y a los demás que tengan circunstancias especiales de salud, como diabéticos y enfermos de órganos esenciales, hay que darle atención y cuidado privilegiado, rápido y constante.

Este drama irá menguando eventualmente. Después, otra plaga nos azotará porque los virus evolucionan o despiertan y hasta mutan los que están dormidos. A lo mejor o a lo peor, la costumbre del saludo físico termina. Pero es posible que la falta de contacto nos torne más vulnerables y luego la recomendación sea a la inversa, que manifestemos expresiones de cariño más cercanas para desarrollar anticuerpos o lo que se conoce por la vacuna natural que producen nuestros cuerpos.

Debemos entender que la vida no es una línea. Esta batalla está representada en un electrocardiograma y en un pentagrama musical, con sus alzas, bajas, interrupciones y silencios. Creemos conocer el ayer, pero se nos olvida, nos sentimos seguros en el presente pero no sabemos si es una realidad alterada o aparente, y el futuro, nunca previsible y siempre sorpresivo, nos puede traer nuevos retos. Tenemos que luchar en la guerra por la vida y enfrentarnos a todas las batallas. Debemos proponernos vencer este capítulo, para que la historia nos compense con un futuro promisorio.

En algún momento de nuestro pasado, los huevos se pusieron a peseta. Eso, no fue el final del camino. Eso quiso decir que había una situación difícil, pero no insuperable.

Hagamos la parte que nos corresponde con el resto de la humanidad desde el cuido del templo del alma que es nuestro cuerpo. Y para completar exitosamente el ciclo, mantengamos el ambiente propicio para que nuestros semejantes, que pueden ser nuestros familiares, amistades y los demás, no sean víctimas de la enfermedad que nos acecha.



Categorías:Vegabajeñismo

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: