La epidemia del cólera morbo asiático en Vega Baja

Por Dr. Carlos M. Ayes Suárez

Presidente de la Escuela de la Historia Vegabajeña

El tema de los estragos que causó la epidemia del cólera morbo asiático en el Partido de Vega Baja, nunca ha sido tratado por historiador alguno. De las estadísticas generales que se produjeron para estimar las bajas causadas por la epidemia en todo Puerto Rico, sabemos que se reportaron 212 muertes y que ya para el 10 de diciembre de 1855, se había reportado oficialmente la primera baja. (de barrios, 1974: 287 – 291) La epidemia comenzó en el Partido de Naguabo el 11 de noviembre de 1855 y se extendió por la parte norte de Puerto Rico hasta el Partido de Camuy donde se reportó oficialmente el 11 de febrero de 1856. La segunda fase de la epidemia azotó el Sur y el Oeste de Puerto Rico. La epidemia dejó un saldo de 25,820 personas muertas en todo el país.

El cólera morbo asiático es conocido como la enfermedad de los pobres y sigue representando un serio problema epidemiológico en los países del tercer Mundo. De hecho, si se analiza las estadísticas de muerte encontramos que de las 25,820 personas muertas, 14,610 eran negros libres; 5,469, esclavos; y 5,341 blancos. Es decir, que la muerte de negros libres y esclavos representó el 77.76 % de la totalidad de casos. El cólera morbo asiático es producido por la bacteria vibrio cholerae, la cual causa diarreas severas al contagiado. La misma se transmite a los seres humanos por agua o por la comida. En opinión de los epidemiólogos, el cólera es una de las enfermedades de consecuencias fatales más rápida.

Entrado el Siglo XX, se generaliza la idea entre los médicos que la epidemia era propaganda por la mosca doméstica, como bien apuntara el Dr. Cayetano Coll y Toste en su ensayo Como fue la Invasión del Cólera Morbo en esta Isla en el Siglo XIX, publicada en 1918 en el Tomo VI del Boletín Histórico de Puerto Rico. A base del Libro de Defunciones 7 – 8 (1854 – 1856) de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Vega Baja, hemos podido identificar 285 personas que murieron durante el periodo de la epidemia. De hecho, la cifra total del registro de defunciones está cerca de la cantidad de personas que fueron reportadas oficialmente como víctimas de esta. Lo mismo nos podría servir de base para identificar los barrios donde se sufrieron las bajas y, por ende, donde pudieron haberse establecido los cementerios provisionales.

Coincidentemente, las primeras bajas registradas en dicho periodo corresponden a esclavos de la Hacienda Santa Inés de Don Ramón Soler Roig, entre las fechas del 10 al 26 de noviembre de 1855. Ya para el 28 de noviembre se registran las primeras bajas de esclavos en La Hacienda San Vicente de Don Jacinto López Martínez. Mientras que el 1 de diciembre la epidemia produce las primeras bajas en La Hacienda Matamba de Don Pedro Prado Aragón. La primera persona libre muerta durante la epidemia fue José Pérez, de 50 años de edad, esposo de Bárbara Ilarraza, el cual muere el 1 de diciembre de 1855. El 5 de diciembre comienzan las bajas de esclavos en La Hacienda La Felicidad de Don Francisco Irene Náter. Mientras que el 11 de diciembre se reporta la muerte de varios esclavos de Don Lucas Pérez. Para el 28 de diciembre muere un esclavo de La Hacienda La Rosario.

Sospechosamente, el 15 de enero de 1856, muere Don Ramón Giralt Rosell, de 40 años, dueño de La Hacienda Monserrate. Ya para el 26 de febrero, sufren la baja de 4 esclavos como resultado de la epidemia. Cuando finalizó la epidemia también habían sufrido la pérdida de esclavos Don Pablo Soliveras, Don Joaquín Navedo, Don José Miguel Torres y Don Andrés Antonio Navedo. Nos parece que al menos en las haciendas pudieron haber existido cementerios de esclavos y que durante la epidemia se dispuso de los muertos en los mismos. Murieron un total de 67 esclavos y 3 libertos. Los cuales representaron el 23.50 % y el 1.05 % de la totalidad de bajas sufridas. Los esclavistas más afectados por la epidemia fueron Don Ramón Soler Roig, con 24 esclavos muertos; Don Jacinto López Martínez, con 10; Don Pedro Prado Aragón, con 12; y Don Francisco Irene Náter, con 10. La epidemia comenzó en el barrio Cabo Caribe y de ahí se extendió a los barrios Pueblo, Ceiba y Sur de Cibuco. De hecho, se trataba de los barrios de mayor desarrollo agrícola. Debido al escaso número de muertes de esclavos sufridas por el resto de los esclavistas asumimos que sus respectivas dotes eran pequeñas y que, con toda probabilidad, se trataba de esclavos domésticos. Cuando se identifique el lugar de residencia de cada uno de los muertos estaremos en condiciones de poder trazar con mayor precisión la ruta de dispersión de la epidemia.

Las bajas causadas por la epidemia no presentaron diferencias significativas por género. El 54.73 % de las muertes fueron masculinas, mientras que el 45.26 % fueron femeninas. La diferencia entre la cifra oficial y la que hemos documentado es de 73 personas, lo cual podría hacer cambiar el porcentaje presentado de conocerse el género de las mismas. Aparenta haber afectado a todos los renglones por edad en aparente proporción con la población. Sin embargo, resultaron ser los niños entre las edades de 0 a 10 años el sector más afectado. Los decesos de niños de dichas edades representaron el 30.52 % de todas las muertes.

Como medida para evitar la propagación de la epidemia se establecieron cordones sanitarios entre las poblaciones. Se instruyó a enterrar en cementerios provisionales a los muertos. Estos tenían que ser cubiertos de cal, con el propósito de desecarlos para eventualmente ser trasladados al cementerio principal de la población, el cual en ese momento era el cementerio provisional localizado hacia el Sur del pueblo. En los registros eclesiásticos de Vega Baja, el sacerdote José V. Dávila hacía constar en la partida correspondiente que el difunto “No recibió los santos oleos por no dar lugar la enfermedad”. En la partida de defunción de Juliana Avilés de Arza, de 18 años, del 15 de febrero de 1856, apunta que la misma “Se encontró coleada…”, refiriéndose a lo rápido que actuó la enfermedad en esta. La epidemia del cólera morbo asiático tuvo, sin lugar a dudas, unos efectos demográficos significativos para todo Puerto Rico, los cuales resultaría de sumo interés estudiarlos.

31 de Julio de 2002. (Revisado el 14 de julio de 2019).

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