Verdades, mentiras y ansiedades| (3): Viviendo en el toque de queda

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Anoche escuché una abogada conocida cuestionando la legalidad de la Orden de la Gobernadora estableciendo el toque de queda con todo lo que eso implica. Ella puede tener razón y tiene derecho a expresarlo.

Pero cuando hay una situación real por un peligro inminente como el presente, donde es necesario regular temporeramente las libertades, es menester cooperar y no confundir en el proceso. De haber violaciones o abusos o la mera intención de cometerlos, los abogados pueden intervenir en favor de los ciudadanos en el momento o posteriormente y los que se excedan en sus funciones tendrán que responder. Sin embargo, no creo que la intención del gobierno sea, en este momento, la persecución de ciudadanos. Mas bien se trata de medidas necesarias para proteger a la ciudadanía. Hay unas proyecciones de enfermedad y gravedad que nos puede afectar a cualquiera de nosotros, por lo que no podemos menoscabar la urgencia del momento.

En las redes sociales hay mucha información valiosa, otras noticias especulativas y una gran cantidad de falsedades. Nuestro compañero Edgar Freytes está documentando como noticia y para la historia, con imágenes, el desarrollo de la situación, por lo que no hay que salir a averiguar.

Tambien, hay ansiedad en nosotros. Eso nos lleva a ser imprudentes, intolerantes y a realizar actividades excesivas o insuficientes. Es necesario bajar nuestras revoluciones, como usualmente se le dice al nivel de intensidad que le ponemos a lo que hacemos. Debemos ponernos analíticos, descansar y buscar el humor en cuanto podamos. Ahora hay tiempo.

En las farmacias reciben muchos clientes que van más allá de comprar medicinas. Me indicaron ayer en Walgreens, CVC y en una farmacia de comunidad que están trabajando con mucha gente ansiosa, exigente e insatisfecha. En CVS particularmente la joven que me atendió, visiblemente nerviosa, me dijo que el día lleno de tensión había sido agotador, que ellos tenían que trabajar cuando la mayor parte de la gente no lo puede hacer y reciben muchas personas problemáticas e intolerables que le interrumpen la eficiencia y el trato usual.

Tenemos que entender la situación de ellos, que trabajando para todos nosotros por excepción, están expuestos en un ambiente que los visitan posibles contaminados, tienen que compartir con otros compañeros que tampoco están exentos de estar enfermos y encima ejercen funciones de gran precisión y responsabilidad que necesita concentración.

Las farmacias son lugares de excepción, aún están abiertas pero si surgen situaciones de dificultad pudieran limitarse sus accesos poniendo más estrictos los controles. Eso es peor y es posible.

Paciencia, cortesía y tolerancia. Todos estamos en el mismo bote.

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