El Vegabajeñismo como factor para un cargo público en Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Los candidatos a cargos públicos para el próximo día de elecciones en Vega Baja no tienen que haber nacido en Vega Baja, pero tienen que ser vegabajeños.

Con esta premisa convoqué recientemente a mis amigos de Facebook. Para algunos les pareció extraño porque suponen que es lógico que hay que ser vegabajeño para ser candidato a alcalde o legislador municipal, pero no siempre ha sido ni tiene que ser así. Un candidato para una papeleta electoral debe ser residente por un tiempo definido en el lugar de la votación, tiene que cumplir con unos requisitos mínimos de acuerdo a las leyes y debe pasar por un proceso establecido. Ser residente en nuestra ciudad es mandatorio, pero ser vegabajeño no es requisito legal.

No es una contradicción. Ser vegabajeño no está reglamentado. Es un gentilicio que nos llega por nuestra experiencia histórica como una definición más que nos hemos ganado individualmente por el esfuerzo colectivo en la lucha de nuestras aspiraciones. Ser vegabajeño es un sentimiento. Y como todo vegabajeño, queremos lo mejor para nuestro futuro. Creemos que el que se postula para un cargo público es porque quiere servir o reciprocar a sus compueblanos.

En el pasado, el Dr. José Gualberto Padilla fue alcalde en dos ocasiones y participó en las decisiones de nuestro gobierno local de varias maneras. No había nacido aquí sino que llegó a nuestro pueblo como médico titular a mediados del Siglo XIX. Sin embargo, a mi entender, fue el vegabajeño más destacado y reconocido en su época. Su sepelio partió desde su hogar en la Calle José Julián Acosta y fue todo un acontecimiento. Sus restos reposan en nuestro cementerio y su memoria es invocada por nuestro mundo cultural, educativo y social frecuentemente.

Para el tiempo del Dr. Padilla, el gentilicio vegabajeño no aparece en ningún registro, pero el nombre no hace la cosa. Por sus actos sabemos que fue un buen vegabajeño y un gran puertorriqueño.

Hace unos años, al candidato del Partido Nuevo Progresista José Galán se le reclamaba que no era vegabajeño. En este tiempo, por haberlo tenido en nuestro entorno por tantos años, nos parece que lo es, pero el tema parecía afectarle el apoyo de sus huestes partidarias y aun fuera de su colectividad. Para solidificarse fuera de su natal Toa Alta, se declaró vegabajeño por escrito. De hecho, fue por medio del Diario Vegabajeño donde explicó escrito su sentimiento por nuestra ciudad y compueblanos. De paso, es menester saber que ninguno de nuestros últimos tres alcaldes nació en Vega Baja.

Un vegabajeño puede tener sentimientos por otros lugares y proclamarse con un sentimiento mixto. Difícil de tragar es que alguien interesado en un cargo público de alcalde diga que no sabe por cual pueblo postularse o que lo va a escoger despues de un análisis, porque eso parecería ser más un oportunismo político que un deseo de servir a los suyos.

No hay que nacer en Vega Baja para ser vegabajeño. La vida nos lleva a lugares insospechados con nuestras familias, por lo que no se escoge el lugar. Tampoco siempre ha estado propicio nacer en nuestro pueblo y nuestros hijos han tenido que nacer en hospitales fuera de Vega Baja. Si los nuestros que han emigrado se han integrado a otros lugares, no podemos cargar prejuicios contra quien viene de afuera. Lo que tenemos que aprender a ver es el corazón del que reclama ser vegabajeño y darle la oportunidad de compartir sus mejores artes y talentos con nosotros.

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