La música en Vega Baja (Primeras manifestaciones) por Julio Meléndez

Por Julio Meléndez

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(Publicado en Vega Baja, su Historia y su Cultura, 1987, Págs. 259 a 271)

El desarrollo musical en Vega Baja debió correr parejas- salvando distancias materiales y culturales- con el desarrollo musical en toda la Isla. Es realmente durante el siglo XIX cuando la música en Puerto Rico logra desembarazarse del culto religioso y el rigor militar para trascender hasta el fervor público.

Se ha comprobado históricamente, que tanto la cultura indígena como la negroide, poseían su acervo musical. Pero en ambos casos, la manifes­tación musical no trascendió el marco de la pura liturgia. Y aunque el negro es poseedor de un agudo sentido del ritmo, en su origen esa peculia­ridad no tuvo para él nada más que una conno­tación netamente anímico-religiosa. Y lo mismo podemos asegurar del areyto indígena.

No podemos saber con certeza, cuándo es que verdaderamente arranca la afición musical en Vega Baja. El historiador vegabajeño, Luis de. la Rosa, quien ha seguido el rastro con esmerada devoción a todo el acontecer histórico de este pueblo, no ha podido encontrar datos que ubi­quen la gestión musical en este pueblo, antes de 1872. El Don Simplicio, del 30 de enero de 1872, trajo la noticia de un desafío de gallos en Morovis y “Para amenizar dichos actos asistirá la Orquesta de Vega-baja”.. Es pues éste, el dato más antiguo a que tenemos referencia respecto de una orquesta en esta población. Asimismo, no se especifica si se trata de una orquesta típica, como la descrita por Alonso en El Gíbaro, o si en su defecto es una orquesta con instrumentos de viento y percusión, como las modernas.

Más adelante, según nos apunta el propio historiador De la Rosa, en su libro Historia de la instrucción pública en Vega Baja 1814-1910, en el 1881 se aprobó en el “Presupuesto Municipal una partida de 300 pesos destinada a la creación de una Academia de Música”, que co­menzó a funcionar en enero de 1882, bajo la dirección de don Elías Gordon.

Después de esta gestión, perdemos el rastro del desarrollo musical en Vega Baja. Es cierto que diferentes musicólogos ubican a Rafael Bal­seiro Dávila naciendo en Vega Baja para 1867. Pero Balseiro se estableció en la Capital y allí se desarrolla y manifiesta artísticamente.

Recordamos, sin embargo, los relatos de don Agustín Álvarez, que a su vez, los había obtenido por la vía oral, que en su temprana juventud, Bal­seiro Dávila frecuentaba la casa de don José Gual­berto Padilla, en La Monserrate, y allí celebraba veladas líricas junto a Irma, La Hija del Caribe. Eventualmente, Irma contrae matrimonio y se traslada a Arecibo, donde se desarrolla como poetisa y maestra de piano. Por lo que ambas figuras nos parece que no significaron influencia notable en el desarrollo musical en Vega Baja.

No nos cabe la menor duda de que a finales del siglo XIX y principios del XX, debió haber otras manifestaciones musicales en Vega Baja. Por lo menos, la enseñanza musical ha debido ser una constante en este pueblo. Debieron exis­tir bandas municipales que amenizaran las dianas y retretas, tan pintorescas en nuestra cultura. Pe­ro no ha habido registro alguno de esa actividad.

A principios de siglo existieron en Almirante Norte dos músicos muy especiales. Los conoci­mos personalmente a principios de la década del 30 cuando ya no tocaban. Uno de ellos era Prisco Pabón, quien tocaba el violín, e Inocencio Mar­tínez, quien lo acompañaba a la guitarra. Estos dos músicos amenizaban bailes, tanto en Vega Baja, como en otros pueblos.

Juanito Hernández, más joven que los ante­riores, tocaba el acordeón. Pero más como es­parcimiento personal.

Después de estas experiencias personales, tenemos que atenernos a relatos orales de perso­nas que sobrepasan los 80 años. Por ejemplo, don Ángel Ponce nos cuenta del famoso cuatris­ta, don Carlos Soriano. Nos relata don Ángel que los vegabajeños de todas las castas sociales acu­dían a escucharle para aplaudido por la limpieza de su ejecución y la fineza de sus interpretacio­nes.

Cuatristas:

A partir de esta época, han sido varios los intérpretes del cuatro que se han destacado en Vega Baja. Entre ellos podemos mencionar a O­limpo (Olimpio) Hernández, gran ejecutante de este instrumento, a pesar de tener inutilizado el dedo índice de la mano izquierda; Moisés y sus hermanos, Isidoro y Chebé Navedo; don Miguel Figueroa, Agustín (Tingo) y su hermano, Julián García; Félix Martínez, David Portalatín, Piní Maldonado, Mariano Sepúlveda, Pedro Dieppa, Juan y su hijo, Roberto Ríos; Gogy Rosado, Wilfredo Mercado y Norberto Otero Hernández, entre otros. Este último lee música y ha formado parte de la Orquesta de Cuatros Eusebio Valencia, junto a otro cuatrista vegabajeño no residen­te, Carlos Quiles.

Guitarristas:

La guitarra, como complemento del cuatro, ha tenido en Vega Baja magníficos acompañan­tes. Entre los más recordados se encuentran: Muerte, Gangue, Zabaleta, Francisco (Gardel) Montañez, Octavio (El Colorao) González, Guio Sánchez, Pucho Marzán, Cruz (El Borracho) Ne­grón y Tato Díaz.

Como primeras guitarras han sobresalido: Pedrito Crespo, Ramón Luis Hernández y Wilson Figueroa.

Entre los vocalistas se han destacado Fer­nandito Álvarez, Víctor Luis Miranda, Pedrito Brull y Jesús Manuel (Jay Emmanuel) Morales.

Directores de orquesta:

Este importante renglón en la música, ha contado en Vega Baja con distinguidas personalidades, como lo son: José (Pepito) Torres, su hermano, Rafael, y Don Nacho. Un puesto me­nor en la dirección musical lo ha ocupado Deo­gracia (Deíto) Santos, con la Tuna de San Juan.

Maestros de música:

Otro aspecto de la música que reviste vital importancia es la docencia. Son varios los profe­sores de música que han dejado su huella en Ve­ga Baja a través de sus discípulos.

El primero en aparecer en este panorama fue don Elías Gordon, como ya hemos señalado. Posteriormente, según nos cuenta don Fermín Arraiza, fue maestro de música en Vega Baja don Nicolás Almodóvar. Pepito Torres y don Nacho nos hablan de don Pedro Medina. Y la lista se agranda con los nombres de Armando Rivera, Moncho Pérez, don Severino Vega, Alí Rivera, Charlie Martínez y Roberto Soler.

En la época del cine mudo hubo dos jóvenes aguadillanos radicados en Vega Baja, de apellido Varela. Además de proveer la música durante la proyección de las películas se dedicaron a la en­señanza de piano y violín.

Capítulo aparte merece en este aspecto la maestra Amalia Carrillo, Mayita, como la conoce­mos, vivió por cerca de cuatro décadas en Vega Baja. Todavía va y viene desde Humacao hasta una casa que posee aquí en este pueblo.

Todo el tiempo que Mayita vivió en Vega Baja, lo dedicó a la enseñanza. Unas horas en la escuela pública y otras en su residencia como maestra privada de piano.

Fueron varios los jóvenes vegabajeños que dieron sus primeros pasos en la música bajo la égida de Amalia Carrillo.

Lo mismo ocurrió con la cubana Sylvia Za­mora, pero por breve tiempo.

Pepito Torres

Orquestas:

La orquesta más antigua en los tiempos mo­dernos de que tenemos noticia en Vega Baja fue la Hot Tune Dance Orchestra. Fue organizada por Pepito Torres Silva, a principios de los años 30, para amenizar los bailes del Coconut Grove, en la Playa Puerto Nuevo; local que era también de su propiedad. Entre los músicos se destacaban el propio Pepito, al saxofón, Moncho Pérez, el trom­bón, David Rodríguez Pérez, al piano, y Víctor Donate, en la trompeta.

Después de esta experiencia, se han organiza­do diversas orquestas, pero ninguna se ha desta­cado en el ámbito insular, si bien es cierto que todas han amenizado bailes fuera de Vega Baja. Entre todas, la que más éxito ha alcanzado a tra­vés de algunas grabaciones, ha sido

Exodo 74.

Otras orquestas que han figurado aquí en Vega Baja han sido; Rafi Miranda y su Orquesta; La Reforma, Expresión, Jubi Colón y su Orques­ta, Los Rucanos, Orquesta Sabor y el Happy Combo, y Los Diurkas, entre otros.

Figuras destacadas:

Cristino (Piní) Maldonado:

Ha sido infructuosa toda gestión para lograr información completa acerca de don Piní Maldo­nado. Sabemos que nació en el Barrio Puerto Nuevo. Casi toda su vida la vivió en Utuado, donde se dedicó a la música y el comercio. Y,finalmente, fue a vivir a Río Piedras, donde muere.

Don Piní fue excelso cuatrista y compositor. Tuvimos el privilegio de escuchar sus interpreta­ciones. Aunque no sabía solfeo, compuso varias melodías, entre las que se encuentran A Utuado todo mi amor, danza; Puerto Nuevo, bolero; El eléctrico- fox. Además, es autor de una melodía con aires clásicos, titulada Fantasía Rusa. Leímos en una ocasión que esta melodía fue grabada por la Orquesta Sinfónica de Madrid.

El Instituto de Cultura Puertorriqueña le rindió un homenaje donde se le entregó un pergamino.

Bobo, Che y Millito:

Anselmo (Bobo) Martínez, y Che Martínez, fueron los músicos sempiternos dc Vega Baja en funerales y la procesión de Viernes Santos. Bobo tocaba el clarinete y Che la trompeta. Asis­timos al funeral de Che. Lo acompañaron todos los músicos de Bayamón, Cataño, Dorado y Toa Baja, con quienes él compartía faenas musicales. Cada uno de ellos ofreció un testimonio sobre sus experiencias con el músico desaparecido.

Millito Denis, aunque más joven que Bobo y Che, compartía labores con ellos. Millito está retirado de la música. Al igual que Bobo, tocaba el clarinete. Hace años participó en una grabación de temas navideños con Los Alegres de Hato Te­jas.

Pedro Crespo en la inauguración de la calle que lleva su nombre

Pedro Crespo:

Pedrito lleva más de cuarenta años activo en la música popular en Puerto Rico. En su tem­prana juventud, y aun todavía, hay personas que lo conocen como Pedrito Son de la Loma, por su impecable interpretación del famoso son de Miguel Matamoros.

Durante muchos años, Pedrito fue la primera guitarra del programa Tribuna del Arte, de don Rafael Quiñones Vidal. Es un magnífico intérpre­te del cuatro, del tres y la guitarra.

A principios de la década del 40, cuando el Cuarteto Marcano regresó a Puerto Rico de una jira por el exterior, su primera guitarra, Lalo Martínez pasó a formar parte del Trío de Johnny Rodríguez y Pedrito fue seleccionado por Piquito Marcano para sustituirle. Desafortunadamente, Pedrito enfermó y no pudo acompañar al trío en su próxima gira fuera de la isla.

Actualmente Pedrito dirige el Trío Los Com­padres,integrado por Pedrito, Guilo Sánchez y Manolín Martínez.

Octavio (Colorao) González (19–, 1993)

Octavio (El Colorao-Colo),fue durante mu­chos años uno de los eternos guitarristas popula­res en Vega Baja, junto a Pedrito, Marcelino (Pucho) Marzán, y Cruz (El Borracho) Negrón.

En el 1932. Octavio formó parte del Trío Gloria, que posteriormente, se convierte en Quinteto Gloria, al unírseles Arturo y Paquito Pérez (Paquito y Arturo no eran hermanos).

Al disolverse el Quinteto Gloria, se organiza el Cuarteto Minerva, integrado por Luis Córdo­va, en la primera guitarra; Octavio González, en la segunda guitarra; Luis Quiñones, primera voz, y Jaime Salgado, en la trompeta. Luego se une a ellos para hacer segunda trompeta, Daniel Mar­tínez.

Octavio organizó luego el Dúo Pérez González, junto a Cayita Pérez, que tuvo magnífica aceptación en la radio y los teatros de la Isla.

Fernandito Álvarez:

Fernandito parece que nació cantando y ha de morir cantando. Todavía recuerda la primera vez que cantó de espaldas a sus compañeros en un salón de clases y aún continúa cantando.

Ya joven cantaba y daba serenatas acompañado por Pedrito Crespo y Cruz (El Borracho) Negrón.

A principios de la década del 40 fue a traba­jar al Campamento Tortuguero, y allí formó un trío con Benito de Jesús y El Colorao González, que a la sazón, también trabajaban en Tortugue­ro.

Lo que comenzó allí como mera distracción fue tomando forma, por lo que el U.S.O. los invitó a llevar esparcimiento a los soldados des­tacados en El Caribe. Así visitaron Curazao, Panamá, Aruba, Santa Lucía, Trinidad, Galá­pagos, etc.

Al regreso de esa gira, los soldados comenza­ron a escribir a las estaciones de radio, mencio­nando las virtudes de aquel trío. Fue entonces que don Rafael Quiñones Vidal los invitó ya co­mo grupo profesional a su programa. Y es en aquella ocasión cuando surge el nombre que aún permanece: Trío Vegabajeño.

El Colorao González fue llamado al ejército y fue sustituido por Pepito Maduro.

Para esta época visitó la isla el trío mexica­no, Janitzio, de quienes el Trío Vegabajeño adoptó la modalidad de cantar a tres voces, sien­do el primer trío puertorriqueño en hacerlo. En W.K.A.Q. actuaron por espacio de 14 años. Además, actuaron en New York y Chi­cago. Han grabado infinidad de temas, entre los que se cuenta la primera grabación de En Mi Viejo San Juan, de Noel Estrada.

Después de Benito de Jesús, el Trío Vegabaje­ño tuvo como primera guitarra a Jorge Hernán­dez, una de las mejores primeras guitarras de la Isla. En la actualidad integran el trío junto a Fernandito, Rubén Maldonado, como primera guitarra, y Guillermo Rivera, como segunda guitarra.

José (Pepito) Torres:

Pepito Torres tiene a su haber la distinción de haber fundado y dirigido una de las orquestas de mayor permanencia en Puerto Rico, y la que acompañó el mayor número de artistas visitantes.

Pepito nació en Vega Baja, donde aprendió los rudimentos de la música con don Pedro Medi­na. Comenzó con la flauta y el clarinete, adop­tando luego el saxofón como su instrumento favorito.

En el 1933, al fracasar el negocio de tabaco de su progenitor, con quien Pepito trabajaba, se dedicó de lleno a la música hasta el 1971, cuando se retira definitivamente.

Al iniciarse formalmente en la música, des­pués de aquella aventura del Coconut Grove, Pepito formó parte de las orquestas de Mario Dumont, Rafael Muñoz y Don Nacho. Y en el 1936 organizó la Orquesta Siboney.

Esta orquesta amenizaba bailes en toda la Isla y tocaba en el Club Anadel, de Isla Verde, en el antiguo Escambrón y en El Condado.

Pepito fue llamado al ejército y allí organizó también una orquesta en la que participó Lito Pe­ña. Pero a su regreso vuelve a dirigir su antigua orquesta, y regresa también a la tarima del Hotel Condado, donde permanece por 18 años. Tam­bién tiene a su haber la permanencia en el Show Libbys por 18 años: 13 en televisión y 5 en la radio.

Ya retirado, vive en la Playa Puerto Nuevo, junto a su esposa, Elisa Soler.

Ignacio (Don Nacho) Guerrero:

Aunque Ignacio nació de padres vegaba­jeños, en el pueblo de Dorado, desde su temprana infancia vivió en Vega Baja. Aquí aprendió los rudimentos de la música con don Pedro Medina. Con este maestro aprendió solfeo y entonación.

Comenzó Ignacio tocando instrumentos de viento, pero luego se decide por el piano. Al trasladarse a San Juan, en el 1929, estudió piano con una profesora norteamericana, y posterior­mente, fue discípulo del profesor Barascaín, puertorriqueño que había enseñado en el Conser­vatorio de Música de Madrid.

A principios de 1932. organizó su primer conjunto musical conocido como Conjunto Rítmico Don Nacho, y el que eventualmente se llegaría a conocer como Don Nacho y su Orquesta.

En el 1937 el señor Zerbe, director de W.K. A.Q., lo contrató como orquesta oficial de la esta­ción, lo que vino a conocerse como Don Nacho y su Conjunto Rítmico W.K.A.Q. Allí trabajaba diariamente de 12:00 a 1:30 de la tarde, lo que le permitía ser el pianista de Mario Dumont, que ocupaba entonces la tarima del Hotel Condado.

Mientras trabajaba como músico profesional, Don Nacho se mantuvo estudiando armonía, composición y entonación, lo que le permitió crear sus propios arreglos y varias obras origina­les. Entre sus boleros más conocidos se encuen­tran: Hoy me siento muy feliz, Quimera, No te quejes, Desvelo, No quiero tus besos, Ya sé que es imposible, Junto a ti,Esos besos tuyos, Esta vez te quiero más.

Durante varias temporadas amenizó los bai­les de los salones La Granja Club y Anandel Beach Club, del Hotel Condado, donde alternó con las más prestigiosas orquestas de la época.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Don Nacho amenizó los famosos bailes del Restaurant El Nilo, donde acompañaba a diversos ar­tistas cubanos que eran contratados por los her­manos Galiñanes, dueños de El Nilo.

Entre las anécdotas más simpáticas recorda­das por Don Nacho, se encuentra aquélla en que alterna en San Vicente con una orquesta formada por músicos vegabajeños, entre los que recuerda a Víctor Donate, Rafael Torres Silva y Arturo Pérez González. En aquella ocasión, Don Nacho vino a la Central San Vicente, invitado por los esposos, don Manuel y doña Ana González, pro­pietarios de la Central y del Hotel Condado. La orquesta se trasladaba en tren desde San Juan hasta San Vicente, donde ofrecían esparcimiento a todos los empleados del ingenio.

Víctor Luis (Vitín) Miranda

Vitín Miranda no tuvo una vida artística muy prolongada. Pero al juzgarlo cómo canta todavía y compararlo con el talento que hay en el mercado, creemos que pudo haber prolongado su estadía en el mundo artístico.

Víctor Luis recuerda a doña Haydee Sulive­res de Dávila, quien fue la primera persona en Vega Baja en llevarlo a un concurso de canto, donde ganó el primer premio. Luego compite en otro concurso en la Central High School y vuelve a ganar el primer premio.

Para esta época recuerda los consejos de José Luis Torregrosa, quien le recomienda ir al pro­grama de don Rafael Quiñones Vidal. Allí ganó también el primer premio. Después de esta experiencia pasó a formar parte de la Orquesta Siboney, de Pepito Torres.

Luego de una temporada con Siboney, pasó a integrar la orquesta de Rafael Muñoz. Con esta agrupación es que obtiene su verdadera consagra­ción, al grabar el inolvidable tema de Roberto Cole, Olvídame, un clásico de la música popular puertorriqueña.

Otros números suyos que fueron grandes éxitos de la época son: Tristeza, Al calor de tu mirar y Mi loca tentación.

Posteriormente Vitín cantó en New York, en los clubes El Tabú y Ciroco; y organizó, junto a Pepito Arvelo y Gilberto González Juliá, un trío para entretener a los soldados. Con este trío vi­sitó Panamá y Galápagos.

Pedro Brull

Pedro Brull:

Pedrito Brull se inició en Vega Baja como cantante de las orquestas La Reforma y

Éxodo 74. Sonero oficial de la Orques­ta Mulenze. Con esta agrupación ha grabado va­rios números de salsa, de los cuales, varios han tenido buena acogida en nuestro medio musical.

Ramón Luis Hernández:

Desde sus años de escuela superior, Ramón Luis comenzó a destacarse como primera guita­rra. Junto a sus hermanos, Carmín y Toñito, formó el trío Los Radiantes.

Ramón Luis fue prácticamente un autodi­dacta. Simplemente tomó una guitarra, comenzó a escuchar las grabaciones del trío Los Tres Re­yes, de Hernando Avilés, y eso fue todo. Se con­vertía así en la mejor guitarra requinto de Vega Baja.

Desde hace varios años es la primera guitarra del Cuarteto Los de San Juan.

Deogracia (Deíto) Santos:

En el ambiente musical se le conoce como Santo. En el 1971 Santo organizó la Tuna San Juan, en honor al 450 Aniversario de nuestra Ciudad Capital.

Deogracia comenzó cantando en celebracio­nes escolares, aquí, en su pueblo natal. Al llegar a la Universidad de Puerto Rico, formó parte del Coro, dirigido todavía por Augusto Rodrí­guez. Con este Coro viaja a ciudades norteame­ricanas y sudamericanas.

Después de una breve estadía en el ejército, ingresa en el Conservatorio de Música de Puerto Rico. De aquí salió a fundar la tuna que aún di­rige, y donde es solista principal. Con esta agru­pación ha viajado por toda la Isla, por los Esta­dos Unidos y Santo Domingo. Ha realizado tam­bién varias grabaciones, especializándose en mú­sica navideña.

Miguel (Micky) Tirado:

Tuvo estudios musicales muy limitados que no pasaron de la Banda Municipal. Sin embargo, es un músico talentoso. Ha demostrado gran ca­pacidad como arreglista y compositor.

Comenzó Micky tocando guitarra con Rafi Miranda y su Orquesta. Luego fue saxofonista del Silving Combo y Éxodo. Actualmente se desempeña como pianista de Roberto Soler. Su carrera de ingeniería se interpuso entre él y la música.

Jimmy Rosario, Edan Sevier Meléndez, Pedro Brull y Robert Rivera

Edán Sevier Meléndez:

Desde los 12 años Edán dirigía su propia agrupación musical, conocida como Happy Combo, y escribía sus propios arreglos.

Edán comenzó estudiando trompeta en la Banda Municipal de Vega Baja. Luego estudia piano con Sylvia Zamora. Ya en la Universidad de Puerto Rico, estudió piano y armonía.

En el Happy Combo comenzó tocando trompeta y luego pasa al trombón de pistones. Al desintegrarse el conjunto, pasó como pianis­ta de Joe Corretjer, Roberto Soler y Éxodo 74, aunque tocó trompeta con La Reforma. Antes de ingresar al ejército era pianista oficial de la orquesta La Criolla.

Rafael Torres Silva:

Rafael Torres Silva es hermano de Pepito Torres. Ha integrado otras orquestas, así como ha sido director de su propia orquesta. Precisa­mente, en la actualidad dirige la Orquesta Sibo­ney con varios de los músicos originales y con el viejo repertorio. Actualmente, Rafael ocupa la tarima del Club Los Años 40. Toca el saxofón y el piano, y es un magnífi­co arreglista.

Alfred Santiago:

Alfred es uno de los músicos jóvenes de Vega Baja de mayor promesa. Es un gran ejecutante del sax y la flauta. Estudió música en el Conservatorio de Puerto Rico. Integró la orquesta de Elías López, y formó parte de un grupo dirigido por Máximo Torres para acom­pañar artistas extranjeros.

Alfred fue músico en una banda militar en el ejército.

Jose Luis (Tato) Díaz y el Trío Los Condes

José Luis (Tato) Díaz:

Tato Díaz (no el de Los Hispanos), comen­zó en la escuela superior formando grupos con su hermana Ofelia, como cantante, y Jesús Ri­vera, Juan del Carmen Ortega y José Benito Martínez. Ese primer grupo se llamó Los Delfi­nes. Luego a ese grupo se integraron Dole San­tana y Samuel Oliveras.

Posteriormente organiza otro grupo donde reclutan al magnífico cuatrista Mariano (Cano) Sepúlveda, y que se conoció como Los Alegres Vegabajeños. Con este grupo ganaron el primer premio en el programa de don Rafael Quiñones Vidal.

Después de esta experiencia, Tato parte hacia Chicago donde Pepe Quintana le enseña a hacer la verdadera armonía dentro de un trío de tres voces. Allí, junto a Quintana y Rubén Maldonado, amenizan los bailes en el club La Cabaña.

Luego de esta experiencia se traslada a Nue­va York, donde se asocia con Carlos Vélez y su Trío, y que eventualmente se conocerá como Tato y su Trío. Después se incorpora a Filo del Moral y su Trío Los Bardos. De Los Bardos pasó como segunda guitarra de un trío integrado por Néstor Rivera, que amenizaban en El Río Launge, en Brooklyn, propiedad de Aida Martínez.

Armando Vega lo reclutó para integrar como segunda guitarra a su trío Casino Tropical, y al abandonar este grupo, el propio Armando lo recomienda al Trío Los Condes, que andaba tras una segunda guitarra y segunda voz. La prueba de fuego la tuvo en El Alameda Room.

Con Los Condes permaneció trece años y medio; grabó 18 discos de larga duración, bajo el sello Gema.

Después de su experiencia con Los Condes, Tato establece en Vega Baja una escuela para la enseñanza del cuatro y la guitarra. Pero ante el llamado de las tablas, organiza Los Supremos para volver a la palestra.

Todos los años, durante las Navidades, Tato organiza La Trulla del Ojo de Agua, junto a sus antiguos vecinos. Es una agrupación con fines no lucrativos pero ya ha grabado un disco

de 45.

En el 1980 estuvo como emergente con el Trío Boriquen. Acaba de grabar un disco con Los Cantores de Salud. Esta es una agrupación del Centro de Salud de Arecibo, que se propone vender esta grabación para obtener fondos para atender casos críticos de salud. Tato fue direc­tor musical de toda esta grabación.

Roberto Sierra:

La figura musical de mayor promesa, no sólo para Vega Baja, sino para todo Puerto Rico, lo es el joven Roberto Sierra Aún sin cumplir los 30 años, Roberto ya era todo un consagrado com­positor de música de arte.

Roberto comenzó tocando trompeta en la –Banda Municipal de Vega Baja. Quizás influyera en esa decisión la presencia de sus dos tíos abue­los, Américo y Arturo Pérez, quienes eran trom­petistas. Pero simultáneamente, y en forma au­todidacta, estudia el piano. Y al descubrir su gran habilidad para este instrumento, es que se decide a proseguir sus estudios hacia el campo de la música.

Luego de haber cursado el primer año de escuela superior en Vega Baja se traslada a Río Piedras. Durante un año estudia piano con la maestra privada Cecilia N. Talavera, lo que le permite tomar y aprobar el examen de admisión del Conservatorio de Música. Ya de lleno en el Conservatorio, Roberto desarrolla interés por la Composición musical y comienza a escribir sus primeras obras.

Simultáneamente con sus estudios de música en el Conservatorio, Roberto se prepara para obtener un Bachillerato en Humanidades en la Universidad de Puerto Rico, el cual logra con altos honores en 1975.

Al obtener, en 1976, su Bachillerato en Música en cl Conservatorio de Puerto Rico, se tras­lada a Europa, a los fines de proseguir estudios avanzados en Composición. A los efectos, ingresa en el Royal College of Music y la Universidad de Londres, donde obtiene un Certificado de Estudios Avanzados y la Maestría en Música respectivamente.

De estos centros docentes pasa a Holanda donde estudia en el Instituto de Sonología en la Universidad de Utrecht.

En el 1979, Sierra conoce al gran compositor Giörgy Ligeti, por lo que decide trasladarse a Hamburgo, Alemania, para continuar estudios de composición avanzada bajo su tutela.

Después de estos estudios formales, Roberto toma otros cursos especializados en sesiones de verano, tales como Curso para Música Contempo­ránea en Darmasdadt -l978-80-82, Cursos de Ve­rano para Música en Aix-en-Provence-1979.

Roberto fue acreedor a una serie de becas para costear sus estudios. Entre ellas se encuentran: del Municipio de San Juan-1976-1977. de la Universidad de Puerto Rico-, 1976-78 y 79-80; El Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1978-81; La Fundación Ángel Ramos, 1978-82; y de las ciudades de Hamburgo y Darmsdadt, en 1980-82.

A tan temprana edad, Roberto ya ha sido acreedor a una serie de honrosos premios, En 1972 obtuvo un segundo premio en composi­ción musical, patrocinado por el Ateneo Puertorriqueño. En el 1976 obtuvo el premio de música del Club Rotario. En el 1977 le fue otorgado el premio Cogget and Hurleston del Royal College of Music. En el 1982 obtuvo los premios del festival Hitzacker y el Aliénor Harsiechord.

El 1983 ha sido muy propicio para Roberto. Obtuvo un segundo premio a nivel internacional en el Festival de Primavera de Budapest. Y pos­teriormente fue invitado al Hudders-field Festi­val de Gran Bretaña, donde asistió como confe­renciante y se interpretaron obras suyas.

Sierra ha sido comisionado para producir di­versas obras:

1. Las Danzas de Sísifo, 1975, para el Ins­tituto de Cultura Puertorriqueña.

2. Reflexiones Sinfónicas, 1976, para la Fundación Martínez Cañas.

3. Polarizaciones, 1978, para el Festival Ca­sals.

4. La Lira, 1981, orquestación para la Obertura de Juan Morel Campos, para el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Publicación y conferencias:

1. Conferencia sobre La Música Latinoa­mericana, 1973, en la Primera Conven­ción.

2. ¿Existe la Música Puertorriqueña?, artí­culo para El Nuevo Día.

3. El Compositor en Puerto Rico, 1982, artículo para El Nuevo Día.

4. De la Música Ritual del África Occiden­tal a la Salsa, 1982, artículo para la publicación Neuland, Köln, Alemania Oc­cidental.

Según nos dice Déliz Piñeiro, Roberto Sierra busca a través de su música, “crear una música culta que sea puertorriqueña. Dentro de un lengua­je contemporáneo de música culta, integra elemen­tos, tanto folklóricos, como populares con miras a crear una música que en esencia sea puertorrique­ña, que refleje nuestra idiosincrasia como pueblo”.

Y siguiendo esa línea, Roberto posee un catá­logo de obras, que se agranda a cada momento. En­tre estas podemos mencionar: Las Danzas de Sísifo, Tres Canciones, Sonatina, Madrigal, Refle­xiones Sinfónicas, Introducción, Intermezzo y Danza, Quinteto para Clarinete, El Jardín de las Delicias, Concertina, Tiempo Muerto, Polarizacio­nes, Tocata, De Profundis, Alucinaciones, Salsa Alloy, Cumbamba, Descarga en Sol, Fanfarria para Minillas, Conjuros, Tres Miniaturas para Clavecín y Bongó-O.

Como podemos ver, es una obra que presti­gia a Roberto, no sólo por la cantidad, sino por la calidad, ya que esta obra ha sido interpretada en prestigiosas salas de música donde la crítica ha sido altamente favorable.

Y podemos esperar mayores logros, porque Roberto es muy joven. Su madurez cronológica aún no ha llegado. La mayor parte de su vida ha sido de estudios y formación. Por lo que augu­ramos que ha de estar pronto al tope de la música contemporánea mundial.

Un comentario

  • Mis Carrillo vivía al frente de mi casa, calle Baldorioty número 81. Ella le daba clases de flamenco a las niñas del pueblo. Todavía guardo una foto de su hijita Sandra con sus castañuelas. Toda su familia eran músicos de mucho talento.

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