El misionero Padre Saturnino Junquera en Vega Baja (1950)

(Publicado originalmente el 10 de agosto de 2014 en el Diario Vegabajeño de Puerto Rico)

El Padre Satunino Junquera vino a Puerto Rico como misionero para promover la devoción a la Vírgen de la Providencia, que es la Patrona de Puerto Rico, de acuerdo a la fe católica, decretado por el Papa Pablo VI, en 1969.

Datos recopilados sobre el Padre Saturnino Junquera por Manuel León, aparecidos en Castromocho de Campos http://www.castromocho.com/saturnino_junquera.html

Nacimiento. Saturnino Junquera Pedrosa nació en Castromocho a las 11 de la noche del día 30 de octubre de 1910 en el seno de una familia de humildes labradores. Hijo de Olegario y Hermenegilda tuvo tres hermanos más: Petra (hermana religiosa), Pedro (religioso Paul) y Julita (casada con Basilio Madrigal).
Fue bautizado en la iglesia de San Esteban por D. José Ibáñez y a los cinco años fue confirmado por el obispo de Palencia D. Ramón Barberá el 21 de octubre de 1915.
Desde pequeño destacó por una prodigiosa inteligencia tanto es así que el maestro de escuela de Castromocho, D. Juan González, decía a sus padres que le mandaran a estudiar a algún sitio porque sabía ya más que él.

Primeros estudios. Así lo hicieron y le enviaron al colegio de los Jesuitas de Carrión de los Condes para que le hicieran las pruebas de ingreso. Las superó con brillantez pero estuvo a punto de trucarse su vocación debido al tema económico. Su padre, un modesto labrador, no podía soportar los gastos de pensión y estudios del Seminario; sus ingresos sólo le permitían cubrir el vestido y el calzado. Pero valorados el aspecto vocacional e intelectual del niño la Compañía aceptó las condiciones del padre y el niño pudo ingresar en el seminario. Cuatro años pasó en Carrión cursando los estudios elementales hasta comenzar el noviciado en Salamanca.

Ingreso en la Compañía de Jesús. Las pruebas del noviciado, por cierto muy difíciles, el joven las fue superando sin dificultad.
Después de dos años de noviciado en Salamanca, volvió a Carrión a cursar los estudios jesuíticos el convento de San Zoilo.
El trienio (1931-1934) con la llegada de la república y la expulsión de los jesuitas de España, partió para Francia y se acomodó provisionalmente en un pueblo junto a Bordeaux catecatizado por los jesuitas franceses, luego se trasladó a Portugal, para aterrizar por fin en los Alpes italianos donde los jesuitas de Aragón tenían un refugio para sus escolares.
Siendo júnior cumplió los veintiún años, edad de alistamiento militar, y le hicieron la revisión en la Caja de Reclutamiento de Salamanca; aunque no tuvo que prestar servicio militar, si tuvo que incorporarse el año 1936 al estallar la guerra civil.
En el colegio de San José de Valladolid termina sus estudios de filosofía con el examen «Universa». Comienza entonces su tiempo de magisterio pasando de discípulo a profesor de matemáticas durante dos años. Luego es asignado por un tiempo a la Curia de Portugal y vuelve de nuevo a Valladolid otros dos años más.
El comienzo de la guerra civil hizo que todos los reservistas del ejército se incorporaran a filas entre ellos Saturnino, a quien destinaron al puesto de ametralladoras del servicio de Defensa contra aeronaves. Fue por algún tiempo jefe del servicio de Vigilancia y luego promovido a Cabo interino.

Ordenación sacerdotal en Loyola. No permaneció ocioso durante los años 1937-1938. Este tiempo de la guerra le sirvió a Saturnino para preparar el examen de Bachiller y dar clases de Filosofía y Teología en Comillas, concluyendo los estudios con el examen ad gradum el 27 de junio de 1942.
Las órdenes menores las recibió los días 11, 12 y 13 de julio de 1940. Las mayores, con la ordenación sacerdotal en Loyola, los días 27, 28 y 30 del mismo mes del año siguiente. En ambas ceremonias el obispo celebrante fue D. Manuel de Castro.
Ordenado sacerdote el Padre Junquera no dejaría de predicar por todo el territorio nacional dando conferencias y misiones siempre de un gran calado espiritual. En Lugo hizo llorar a la multitud incluidos los canónigos; lo mismo sucedió en Castromocho en varias ocasiones en que predicó y en unas misiones de Tenerife le sacaron a hombros.

Estancia en América. Después de tres años de misionar por España el 3 de septiembre de 1947 fue asignado por la Compañía de Jesús a México. Desde aquí, durante varios años, se movió predicando y dando conferencias por Estados Unidos, Puerto Rico y Filipinas dejando una profunda huella de su apostolado por todos los sitios donde pisó.

Palencia y Santander. El 8 de septiembre de 1954, es nombrado superior de la Residencia de Santander. Cuatro años sustentó el cargo pero debido a sus viajes a América, la enfermedad de asma que padecía y la humedad de Cantabria tuvo que dejar Santander.
Buscando un clima más seco se trasladó a la residencia de Palencia. Alérgico también a los ruidos se le preparó en la azotea una habitación ideal para su trabajo de pensador y escritor. Rara vez salía de casa a no ser para visitar a su hermana Julita que vivía en la capital. En la capilla doméstica decía la misa a media mañana.

Últimos años. El año 1987 dejó de ir a Nueva York. Las fuerzas físicas le flaqueaban. Desde 1976 padecía de flebitis en la pierna izquierda, con tendencia a tensión alta. Al asma bronquial ya crónica se le añadió un enfisema pulmonar. De ambas enfermedades le trataron con interés dos médicos palentinos: Dres. Escapa Leal y Carlos Illera, amigos de la Compañía. Bajo su medicación fue pasando varios años, aunque en una ocasión en U.S.A y dos en Palencia tuvo que ser hospitalizado con urgencia por estado de coma respiratorio. Una de las veces le dieron la Santa Unción ante la gravedad en que se encontraba.
A estas dolencias y a la edad, se le fue añadiendo la falta de memoria agudizada. A finales del mes de octubre de 1990 le trajeron a la enfermería de Villagarcía de Campos para estar mejor atendido. Los médicos vallisoletanos le diagnosticaron que podría vivir unos tres meses. Este tiempo se alargó algo más con estancias de más o menos consciencia en algunos temas. Seguía pensando en Palencia, creyéndose que estaba allí. Cuando no quería comer o levantarse de la cama le engañaban cantándole «La Guadalupana» o recordándole a sus hermanos y sobrinos, que se turnaban cada domingo en visitarlo.
Los enfermeros, que no ahorraron trabajos por atenderle en todo momento, le llevaban los últimos meses en silla de ruedas a misa y a rezar el rosario que contestaba moviendo los labios. En la Capilla de la Enfermería le dieron el 2 de febrero de 1991 la Unción de los Enfermos. Se la administró el P. José María Colodrón y estuvieron presentes algunos familiares.

Fallecimiento. Sin cambios especiales resistió hasta mediados de julio, en que empeoró su estado de salud, permaneciendo más tiempo en cama. El 24 de julio de 1991 a la una y media de la tarde, en presencia del hermano José María Herreras y de la doctora que había venido a visitarle, descansó en el Señor. Fue una muerte rápida y plácida, pasando del sufrimiento a la alegría de la vida eterna. Tenía 81 años de edad y 65 de jesuita.
El 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, 65 años después del día en que vistió por primera vez el hábito se tuvo el funeral en la Capilla de San Ignacio. Lo presidió el P. Juan Luis Hoyos, Superior de la Residencia de Palencia. Entre los concelebrantes se encontraba su hermano paúl, P. Pedro Junquera. En la homilía destacó el P. Hoyos, la laboriosidad del P. Saturnino, su vida de entrega al Señor, su amor a la Iglesia y a la Compañía, su fidelidad a la vida comunitaria, disfrutando de la comunidad, con su carácter alegre, un tanto irónico a veces, educado y fraternal.
En la presencia de sus hermanos y sobrinos acompañados de la Comunidad con la que después almorzaron, se dio sepultura al P. Saturnino Junquera, a la una del mediodía, en el cementerio comunitario, en un día claro, bajo un sol esplendoroso, símbolo del cielo nuevo en el que el Señor le acogía.

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