La política «Sucia» en Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Algunos se sorprenden de las campañas políticas entre los candidatos a gobernador en Puerto Rico e incluso algunos las han tildado de «sucias» o injustas. Tal parece que las nuevas generaciones no saben y las viejas olvidan cómo se hacían anteriormente las campañas en Vega Baja y en Puerto Rico.

En Vega Baja se ha practicado la política desde hace más de dos siglos. De una manera u otra, los intereses económicos y de poder ponían y quitaban a los alcaldes y tenientes a guerra y a los concejales, asambleístas y legisladores municipales. Hubo un alcalde a principios del siglo XIX José De León Santana, que pospuso su toma de posesión pues se le investigaba por tener vínculos con otra figura de poder. Los señalamientos vinieron de otra fuerza política contraria. Otro alcalde fue destituido. Médicos y maestros, contrataban por el gobierno municipal, eran removidos de sus obligaciones cuando había otros intereses distintos a quienes los nominaban. En aquella ocasión, no habían partidos políticos, pero había pugna por poderes.

Cayetano Coll y Toste

Después del cambio de soberanía, varios concejales fueron destituidos por el Gobernador del Norte, Cayetano Coll y Toste, porque no quisieron juramentar la lealtad al gobierno de los Estados Unidos de América.

En el siglo XX, la política se hizo cada vez más enérgico y más notorio el ataque a los líderes locales. Al Lcdo. José Francisco Náter, un alcalde muy querido por los vegabajeños y de una presencia extensa en nuestra política local, lo acusaban por lo bajo de ser homosexual, en tiempos en que el machismo era regente en toda actividad humana. Nunca hubo ningún incidente moral negativo de ninguna clase conocido sobre esta persona, quien tenía una familia respetable y una descendencia de grandes aportaciones a nuestra ciudad.

Al alcalde José Enrique Torres Concepción se le acusaba públicamente de haber «robado» $5,000 de fondos públicos para hacer unas mejoras en su casa. De Angel Sandín Martínez, criticaban la pobre administración de sus finanzas personales porque alegadamente había tenido pérdidas en adicción al juego.

A otro alcalde se le acusaba de alcohólico, de una esposa infiel, «pillo» y promiscuo.

De los últimos cuatro alcaldes que ha tenido Vega Baja, tres han sido acusados, dos han resultado convictos, pero es interesante conocer las interioridades «sucias» en el trasfondo de tales acusaciones. Como Luis Meléndez Cano era un candidato a alcalde que repetía con el favor del pueblo y nunca había sido derrotado por el Partido Nuevo Progresista, se fraguó unas acusaciones públicas desde la oficina del representante Edison Misla Aldarondo para vincularlo a un esquema de defraudación a fondos públicos. Fue acusado en la esfera federal, pero salió no culpable en juicio por jurado junto a todos los coacusados, quienes pertenecían al Partido Popular Democrático y como el, eran funcionarios municipales. Como consecuencia de eso, hubo una movida similar a la inversa para vincular a la candidata a alcaldesa del Partido Nuevo Progresista, Elsie Valdés en delitos públicos, de los que también fue absuelta. En todas estas acusaciones se utilizó la rama judicial para perseguir políticos, a la inversa y a la reversa.

El alcalde Edgar Santana fue objeto de unas acusaciones criminales con la participación de parte de la fiscalía del director de sus campañas políticas en 2004 y 2008, resultado convicto en todos los casos y cumpliendo sentencia de cárcel y multa. Fue indultado en la modalidad de cumplimiento después de cumplir la mayor parte de la sentencia por parte del Gobernador. Al alcalde sucesor se le involucró en otra situación por seguidores del alcalde Edgar Santana y también fue convicto por solicitar donativos a su campaña de elección. Además de un caso en la Oficina de Etica Gubernamental y una ascusación criminal, el asunto fue adjudicado con consecuencia por los electores vegabajeños en las elecciones de 2012 al elegir al alcalde Marcos Cruz.

Este último alcalde no ha estado exento de ataques personales a una alegada orientación sexual, pese a estar casado. El tiempo ha probado lo infundado que estaba esa premisa inarticulada y equivocada, que en estos tiempos nada significaría por la evolución de la sociedad.

La política «sucia» ha estado también más allá de las personas que se postulan u ostentan un cargo. Los populares le amarraban las tribunas a los independentistas y en plenos discursos se las movían de sitio. Los «Gerry» era un grupo no oficial de funcionarios, empleados municipales y populares que protegían al alcalde Luis Meléndez Cano y constituían una avanzada política para allanar el camino, a veces haciendo «travesuras» a los penepeístas.

Los sobrenombres a los candidatos también se han dado en este ambiente. Ramiro Martínez Sandín era «el carnicero», Rafael Cano era «el cacique», Luis Meléndez Cano, «la momia». Edgar Santana era «el bruto» .

Los chistes políticos, parte del concepto de «política sucia» son interminables, pero será para otra ocasión.

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