La Iglesia de mi preferencia

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Ir a una iglesia es una acción obligatoria, preferencial, social o tradicional. La iglesia supone ser una congregación de creyentes para practicar la fe y buscar a Dios. A los templos y los que dirigen se les llama de distintas maneras aunque práctica y comparativamente realizan funciones similares. Hasta al mismo dios se le llama con distintos nombres.

Para el creyente, eso no supone ser un caos, pero las diferencias son más que las semejanzas y confunden, haciendo que unos ataquen a otros. Y es que las doctrinas, dogmas y prácticas no dejan claro la simplicidad del verdadero Dios. Las versiones humanas distancian una visión uniforme que nos ayude mejor a la humanidad. En eso hay mucho egoísmo y deseos de prevalencia de muchos religiosos, lo que a veces convierte eso en una palabra mala y hasta odiada.

A veces las religiones son vistas como factores de entorpecimiento político. Eso pasó en Vega Baja por la disputa por una calle entre la Plaza José Francisco Náter y el templo católico Santa María del Rosario. Finalmente se hizo algo como el estilo de Salomón cuando ordenó picar al niño porque dos madres lo reclamaban. Nos quedamos sin calle y solo queda un pasadizo de dos pies abajo de la Betances a la Acosta. También se ataca desde los fieles, cuando protestaron vecinos católicos de la Calle Julián Blanco Sosa por unos altoparlantes de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera. El resultado fue que se limitaron también los altoparlantes de su iglesia particular. Por querer sacar un ojo, terminaron sacándose el de ellos.

Admiro cuando un sacerdote o un ministro realizan actos ecuménicos, promoviendo la paz en conjunto. O cuando un alcalde los convoca para un acto público en solidaridad con alguna buena causa. Eso ha pasado en nuestro pueblo y ha sido hermoso. De hecho, esos son verdaderos momentos de la presencia de Dios, sin discrimen ni preferencias.

Sólo existe un Dios, que es el Dios de todos. Pero el ser humano lo ha distorsionado a través del tiempo. Lo ha convertido en dogmas, doctrinas, tradiciones. Lo ha sometido a ritos exclusivos, a misterios y hasta a ocultarlo porque otros lo condenan. En un tiempo de tanta libertad, debemos revisar nuestro concepto de Dios. El Dios sencillo que hablo habita siempre en nuestros corazones porque es parte química, física, espiritual y material de nosotros. ¿No es acaso onmisciente, omnipotente y omnipresente de acuerdo a la mayor parte de las creencias?

Para comunicarnos con nuestro Dios, podemos hacerlo directamente y en toda circunstancia, sea para pedir conformidad, sanidad o sencillamente para agradecer lo que recibimos. Puedo ir a cualquier templo que haya alimento para mi espíritu y compartir lo mejor de todos, pero la iglesia de mi preferencia está en mi corazón. Si creemos que esa energía está viva, no vamos a estar solos. Dios está disponible 24/7, como usualmente decimos.

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