Morar con Dios

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Tengo la impresión de que la mayor parte de los vegabajeños sabemos que somos seres materiales y espirituales a la misma vez. Y aunque no tenemos un medidor, por nuestro conocimiento, podemos oscilar entre ser más una cosa que otra. Lo mejor para todos es buscar la armonía permanente para cumplir nuestra función dual.

Algunos piensan que mientras más religiosos, más espirituales. Yo tengo reparo a esa idea porque la religiosidad implica aceptar muchas de las cosas que son dogmas y de obligatorio cumplimiento para el fiel en las instituciones religiosas. En muchas instancias, algunas iglesias se convierten en organizaciones sociales con programas preparados de antemano y de acuerdo al estado de ánimo y hasta imaginación del dirigente, que puede ser cónsono con lo que los cánones de esa secta pero no necesariamente con la libertad que debe tener el ser humano para desarrollar su espiritualidad individual y convertirla en algo útil para él y los demás.

Mi propósito no es criticar las iglesias. Ellas hacen una labor necesaria para estabilizar nuestra sociedad. Mi enfoque es que cada uno de nosotros pueda desarrollar los dones del alma y del espíritu para que podamos ser libres de la mejor manera en nuestro interior y tener una mejor comunicación y participación con los demás seres humanos. Estas instituciones se ciñen en lo que creen y crean una burbuja de que son los correctos en busca de perfección. Cuando se aíslan, dejan de servir al resto de la humanidad. Pero por voluntad humana, aun dentro de una institución religiosa, se puede encontrar la armonía espiritual y aprovechar el ánimo de la congregación.

Dios no es un asunto para posponerlo y menos olvidarlo. El Dios de mi corazón no es vengativo ni castigador sino una fuente de amor que hace posible cosas buenas y nos llena nuestra vida de luz, paz y armonía. Solo tenemos que convencernos de que la responsabilidad espiritual es nuestra, no de doctrinas que nos alejan o controlan y que para nuestra percepción, nos separen del disfrute de Su presencia. Eso será imposible, nunca olvidemos que por su omnipresencia siempre reside con nosotros.

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