La diana anuncia el acontecimiento electoral

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Desde 1972 voto, pero participo en eventos electorales desde niño. Dentro de mi proceso de crecimiento y madurez, la política fue una parte importante de mi vida. Los procesos para elegir han variado y las experiencias aumentado. Esta vez voto adelantado por viejo y fuera de una caceta electoral.

Cuando niño, solía acompañar a mi padre al Comité y a las actividades del Partido Independentista Puertorriqueño. Como sabía leer antes de ir a la escuela, buscaba nombres en las listas electorales y sorteaba unas tarjetas que antes venían donde se indicaba el colegio y escuela donde la persona iba a votar. El PIP era el segundo partido de poder y los populares querían derrotarlo, pues se formó de una división de éste.

Estar mi padre en un partido de minoría no era fácil para mi en la escuela, con mis amigos y especialmente con algunas maestras populares. De varias maneras me hacían sentir menos. En todos los aspectos de la vida el Partido Popular Democrático tenía poder como único partido con posibilidades de ganar y estaban haciendo muchas cosas buenas por los puertorriqueños pero el poder se ejercía a favor de los que militaban en ese partido.

Para esos tiempos de mi niñez, los votantes se agrupaban por clanes familiares. El jefe de la familia formaba una unidad de respaldo a un partido y todos los parientes votaban por un partido particular. Cuando había un enojo, se temía perder ese respaldo. Pero a la hora de conseguir empleo, ayudas y beneficios, esos eran los primeros en la lista. También, había sucesores en los puestos públicos si era de una familia reconocida por política. Casimiro Ramos Barreto, quien fuera representante a la cámara y finalmente asambleísta municipal, tuvo a varios hermanos que también ocuparon cargos municipales. Los alcaldes que más tiempo ocuparon el cargo, Rafael Cano y Luis Meléndez Cano, eran tío y sobrino.

Los opositores más emotivos en el día de las elecciones eran los miembros del Partido Estadista Republicano. Tan pronto se cerraban los colegios de votación se reunían en su comité y en la calle celebraban su frustración de no haber alcanzado el triunfo mientras esperaban los resultados. También había familias tradicionales que dirigían el partido y que de hecho, impidieron en 1968 que el partido homónimo en ideales, Partido Nuevo Progresista, ganara en Vega Baja, permitiendo revalidar por última vez al alcalde Rafael Cano Llovio.

En 1968 las cosas cambiaron con el inicio del bipartidismo en el poder. Desde las elecciones de 1940, solo el Partido Popular Democrático había controlado las tres ramas del gobierno y el estatus. Habiendo querido reafirmar su hegemonía, en 1967 realizaron un plebiscito que aunque ganaron numéricamente bajo la fórmula del Estado Libre Asociado, de él surgió una fuerza estadoísta que ha ido creciendo y ganado terreno.

Antes votábamos en colegios cerrados. Eso quería decir que a las dos de la tarde, nos encerrábamos en un salón o se cerraba la fila para fines de votación. Uno se registraba como presente y llamaban de acuerdo al orden alfabético. Cada colegio pudiera exceder la cantidad del espacio físico y teníamos que esperar afuera en fila para entrar cuando salieran los demás que hubieran ejercido el voto. Se votaba en escuelas, pero también en casas, como en el barrio de Río Arriba, que se ejercía el voto en el hogar de la familia Meléndez. Es curioso que aunque era un hogar de tradición popular y cuyo patriarca incluso había sido Presidente de la Asamblea Municipal, había un respeto entre adversarios y un trato excepcional de ellos hacia todos los electores que allí les correspondía votar.

Hoy martes de octubre voy a ejercer mi derecho al voto. Para los que no se han dado cuenta, ya el proceso de votaciones comenzó. Pedí voto adelantado por las circunstancias de la pandemia, aprovechando la ventaja de tener más de 60 años. Para mi, es algo nuevo. Ayer recibí por el correo las cuatro papeletas, las he estudiado y creo que ninguna insignia de partido merece toda mi confianza. Sé que hay teorías de atraso por gobiernos divididos, pero creo en la capacidad de los puertorriqueños para tomar las mejores decisiones sin avasallar a su contrario. Comoquiera, ya el pueblo sabe como sacar del poder a los que no obren bien.

Antes, en la madrugada, se anticipaba la celebración de las Fiestas Patronales con una diana, que eran personajes del pueblo tocando música festiva por la calles del pueblo. Yo siento el sonido imaginario de una diana electoral y me alegra contribuir con mis cruces a forjar el futuro de Puerto Rico. No creer en el voto es un error de juicio, el movimiento es lo que hace que las cosas caminen, no la inercia. El voto es la fuerza social más poderosa que tenemos los ciudadanos sin que haya que subvertir el orden establecido para lograr las metas de un pueblo.

He podido detectar en la mayor parte de los partidos políticos personas probadas en su vida personal y pública que merecen la oportunidad de un cargo público. Otros que aspiran a la reelección han sido prepotentes, indolentes y parte de los rebaños que se reparten entre ellos beneficios y placeres y no puedo escogerlos sobre otros que han sido honrados y transparentes. El voto es secreto y sólo explicaré mi voto a favor de la estadidad, sin que suene como una disculpa ni como propaganda.

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