Obituario| El educador Ramón (Moncho) Otero pasa por la transición

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Un amigo de toda mi vida ha pasado por la más alta iniciación. Sus hijas Olga y Aida informaron por medio de Facebook que su padre había fallecido. Tenía 96 años. Ya le habían precedido en ese camino su esposa Olga y sus hijos Ramón Gabriel y Arnaldo.

Digo amigo, porque en los últimos tiempos de su vida activa me visitaba en mi oficina para hablar de distintos temas. Lo había sido previamente de mis padres y pese a la diferencia en nuestras generaciones, podíamos conversar lo mismo de cosas livianas como pensamientos profundos.

Antes tenía otra impresión de su carácter. Creía que era fuerte, inaccesible. Pero los demás me decían que eso era un carapacho que había desarrollado en la lucha por la vida. Otros me hablaban del Moncho sensible, con hondas preocupaciones, con un norte de libertad para su tierra que en tiempos de otras mayorías ideológicas, le hacían ser de una minoría perseguida y desacreditada injustamente.

El Moncho que yo conocí no era el de mi percepción inicial, era una persona de preocupaciones por todo, pero de un sentido de humor y amabilidad que se convertía un disfrute estar con él. Siempre decía que pasaba a saludarme y a saber de mis padres, pero nunca lo dejaba ir. Tenía que sentarse y hablar hasta de temas desconocidos para mi, donde vertía todos sus conocimientos y experiencia de vida de manera generosa. Supongo que el hijo de sus amigos era su hijo, como tambien me trataba su esposa Olga que me alcahuetaba con dulces que preparaba para mi.

Crecer junto a sus hijos e hijas fue un privilegio que prevalece hasta nuestros días y haberlo conocido de verdad, en su naturaleza, ha sido una experiencia hermosa y enriquecedora. Ha cumplido finalmente con todo, ha cerrado su propio ciclo, creo que de manera exitosa.

Su hija Olga escribe lo siguiente:

» En octubre celebramos sus 96 años y hoy 8 de diciembre Le dimos el adiós a nuestro Padre que ha ido a morar en la casa del Señor .

Doy gracias a Dios por permitirnos a Aida y a mí despedirlo y estuvo consciente que estábamos con él en su partida.

Ahora se encontrará con Papo, Arnaldo y Mama. Gracias por hacerme fuerte.

Sabes que te amamos. Hasta que nos reunamos, cuando nos toque nuestra partida«.

Ramón (Moncho) Otero en la Exaltación al Salón de la Fama del Deporte de su amigo José Manuel Sanabria


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