Categoría: Ambiente Vegabajeño

El riesgo que propiciamos

Foto proporcionada por Almirante News

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Para los que siguen llamándola de otra manera, es bueno que sepan que el nombre oficial es Playa Puerto Nuevo. Para los que la llaman Marbella, sepan que hay otras playas en Vega Baja que no son la de Puerto Nuevo. Pero desde que se cerró el Puerto de Tortuguero, que hoy queda en la jurisdicción de Manatí, la principal no es la de Cibuco, como algunos llaman a otra ni Pato Beach que está al oeste.

La que hoy viernes 5 de julio su arena amaneció como un corral de puercos fue el rinconcito de ensoñación como le llamó Guillermo Venegas Lloveras a aquella hermosa playa de Vega Baja. Y no digan del agua salada que no tiene el beneficio de una limpieza como le prodigan vecinos, voluntarios y el Gobierno Municipal al recurso natural terrestre. Es una tragedia lo que le está pasando a ese lugar, pero lamentablemente, la mayor parte de la culpa es nuestra.

El gobierno municipal la promueve porque le es favorable a la economía municipal. Los negocios que se establecen especialmente en estos meses de bonanza vacacional supone producir divisas para las arcas municipales y trabajos remunerados para muchos. Penoso para todos, este no es un recurso natural permanente.

¿Como era la Playa Puerto Nuevo antes? Parece que era parte del barrio Cabo Caribe, que de acuerdo al historiador Carlos Ayes viene del nombre Carigua. Este se convirtió en el Barrio Yeguada Oriental y luego en Puerto Nuevo. Los accesos a la playa antes eran privados y no se permitía el paso. A principios del siglo XX se dilucidó el derecho de paso. No había una carretera como conocimos luego, sino un camino accidentado y nunca en línea recta, lo que no hacía placentero ir a la playa. Mi madre recuerda que iba a pie a la playa con su padre y hermana.

En los retratos que hemos visto había una arboleda de pinos y palmas. En una ocasión dicen que Honorico Ciordia llegó a construír una casa sobre la peña que destruyó una marejada. En toda esa costa los aborígenes vivieron y pescaron. Hay petroglifos y se encontraron artefactos. Algunas áreas están aun sin explorar, por lo que no se puede hacer ninguna excavación ni utilizarse el terreno para hacer construcciones sin que preceda un trabajo de rescate parcial como el que hicieron en Paso del Indio. Pese a que nos saliva la boca y nos da apetito cultural, la excavación e investigación cuesta mucho dinero que no hay en ningún lado.

La Playa Puerto Nuevo evolucionó y el urbanismo se expandió con casas en la orilla. Curiosamente, los políticos más conocidos a partir de las décadas de 1940 y todos del Partido Popular Democrático, tenían terrenos y casas frente a la costa, como Felisa Rincón de Gautier, alcaldesa de San Juan, Joaquín Rosa, alcalde de Manatí y Rafael Cano Llovio, Alcalde de Vega Baja. Comerciantes como Don Pablo Eguía y otras personas opulentas también tenían sus espacios y propiedades allí.

En una ocasión el alcalde Rafael Cano Llovio proyectó un balneario en el cual la expropiación de edificios de residencia y negocios llegaban hasta su casa, pero no la incluía. La oposición fue tan fiera que hasta fue agredido personalmente y el proyecto engavetado para siempre. Su sobrino, luego alcalde, Luis Meléndez Cano, logró expropiar y eliminar muchas de las casas que tapaban literalmente el acceso a la playa cuyos desagues con agua contaminada se vertían a la arena y la playa.

La administración de Edgar Santana hizo algunas cosas buenas y otras negativas en la playa. Destruyó la calle y el rompeolas para dejar libre el acceso directo, pero construyó unos edificios y un estacionamiento cerca del mar, sepultando los remanentes de dunas que quedaban. Los inversionistas políticos bajo el Partido Nuevo Progresista quisieron apropiarse y explotar toda la costa para su beneficio personal.

En 1943 la Asamblea Municipal había pasado legislación prohibiendo el saque de arena de la costa, por lo que para el futuro, cuando ya no haya más orilla de acuerdo a lo que se dice del calentamiento global habrá que romper todo ese concreto y dejar descubierta su arena para que se convierta en la orilla.

El actual alcalde consiguió el sueño imposible de que nos otorgaran el reconocimiento de Bandera Azul. Eso supuso acciones correctivas para garantizar un ambiente seguro y saludable para nuestros visitantes. Para conservar este logro, hay que hacer más. Y mas supone cumplir con los requisitos de la entidad y proponernos alcanzar un nivel más alto para que el futuro de ese recurso natural nos sirva de una manera permanente y satisfactorio para todos.

Ayer también se produjo un reportaje en las páginas 14 y 15 de El Nuevo Día donde se incluye la Playa Puerto Nuevo como uno de los lugares contaminados con tres veces más el contaje bacterial de 70 máximo que debe tener para ser apta para bañistas. Aunque ese análisis es del 19 de marzo, tenemos que estar pendientes de eliminar todas las fuentes de contaminación que pueden hacer daño a los visitantes, entre los cuales pueden estar nuestros familiares o nosotros mismos.

En las manos del Gobierno de Puerto Rico y del Gobierno Municipal de Vega Baja están muchas responsabilidades y deberes. Pero somos los ciudadanos, vecinos y usuarios quienes debemos proteger esta área de recreación. La basura no la debemos producir allí. Y si la producimos, debemos llevarla de allí para no dejar esa carga a los que se ocupan oficialmente de recogerla. Hay que ayudar a personas como mi sobrina Mariliza Alcover que por poco la agreden por estar tratando de que la gente asumiera esa responsabilidad. También un grupo de ambientalistas repartió bolsas de basura para facilitar la cooperación de todos como otro sector activo y preocupado por nuestro futuro ecológico. Pero hacen más recursos humanos para proteger nuestro recurso natural.

Los océanos se están llenando de desperdicios que están matando los animales marinos y están cubriendo los mares con miles de millas de basura que pasan de un lugar a otro. Tan cerca como la República Dominicana ya es un destino de estos viajeros indeseables. La labor de prevención empieza en nuestra playa para que por el efecto rebote no seamos un blanco de la naturaleza.

Foto proporcionada por Juan Vera Náter