Maldonado Quirindongo, José Luis (Luigi)

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Nota editorial: El contenido está en preparación, por lo que esta entrada puede estar incompleta o sujeta a revisión

José Luis Maldonado Quirindongo, conocido por “Luigi”, es un fotógrafo vegabajeño que nació el 8 de abril de 1982. Graduado en 2,000 de la Escuela Superior Juan Quirindongo Morell, estudió Técnico de Fotografía en la Universidad Interamericana de Bayamón.

Desde pequeño desarrolló curiosidad por la fotografía y ha ejercido como fotografo profesional desde 2,001, habiendo realizado una exposición de su obra en Corozal y otra el el Museo Casa Alonso de Vega Baja.

Es periodista gráfico del Diario Vegabajeño de Puerto Rico desde 2,012.

Bbiliografía:

En El Diario Vegabajeño: Pendiente de insertar accesos

En Diario Vegabajeño de Puerto Rico (2013):

Vea los siguientes trabajos recientes de Luigi:

  • Luigi en entrevista en Radio Universidad

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García Narváez, Vanessa M.

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SEMBLANZA

Vanessa M. García Narváez

Por Wilhelm Hernández Hernández

En la mitología griega, Vanessa hubiese sido hija de Océano, dios de las aguas. Vanessa de las aguas… desde los cinco años, quizás antes.  A nadie sorprendería escuchar decir de esta atleta que se ha desplazado más tiempo en el agua que lo que ha caminado a pie.  Una figura consagrada en la historia deportiva del Puerto Rico contemporáneo, seguida paso a paso, o mejor brazada a brazada, en cada una de sus competencias nacionales e internacionales. En cada competencia renace esa  simbiosis física y emocional que une la atleta a nosotros como espectadores: mientras ella detiene la respiración solo a intervalos, Puerto Rico deja de respirar todo el tiempo.  

Vanessa  es seleccionada hoy Mujer Destacada de Vega Baja 2013 en Deportes, pero los criterios de esta selección no se circunscriben a su conocido desempeño en la natación. Hay un reconocimiento explícito de unas cualidades humanas dignas de emular.  

Vanessa es de Vega Baja desde un 18 de julio de 1984 y físicamente no ha abandonado a su pueblo; a cada viaje, su regreso al lugar donde creció, en la urbanización Alturas de Vega Baja.

Su infancia, nada extraño,  está vinculada al agua, integrando a sus cinco años de edad el equipo Atenienses Nadadores del Norte, con sede en Manatí. Desde entonces sus brazadas van en constante escalada. Algo que veía venir su familia y entrenadores. Entre las primeras muestras  está su participación en los Campeonatos de las Islas del Caribe 1996, celebrados en San Juan, Puerto Rico.  En la ocasión se alza con oro en 50, 100, 200 y 400 metros libre y en los relevos 4 x 100 libre y 4 x 400 combinados, con marcas nacionales en su categoría de once-doce años.  Vanessa ha comenzado a representar a nuestra nación puertorriqueña a corta edad, y así parece entenderlo y aceptarlo con conciencia de adulta comprometida. Algo no tan sencillo decir, pues aún hay que estudiar mucho y combinarlo con los entrenamientos de uno de los deportes más sacrificados para el atleta, su familia y entrenadores.

Vanessa va de prisa, como todo aquel que le urge cumplir una importante misión para su patria. Un sucinto recuento de su trayectoria posterior a 1996, comenzaría al siguiente año. En 1997, los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe, con medalla de oro en 50 y 100 metros libres y plata en 200 y 400 metros libres. En 1998, los Centroamericanos y del Caribe, en Venezuela.  En adelante es ya Vanessa de Puerto Rico. El número de competencias que le siguen nos deja la impresión de que es una mujer incansable e inalcanzable.  En 2004, alcanza el cenit de sus esfuerzos con su participación en las Olimpiadas celebradas en Atenas, Grecia. En 2005, el World Campionship (Montreal, Canadá); en 2006, los Centroamericanos y del Caribe (Colombia); en 2007, Campeonatos Mundiales (Melboure, Australia); en 2007, Panamericanos (Brasil); en 2008, las Olimpiadas de Beijing (China); en 2009, Campeonatos Mundiales (Roma, Italia); 2010, en Ohio State Grand Prix y los Centroamericanos y del Caribe, en Mayagüez, Puerto Rico, obsequiándonos oro en sus dos conocidos eventos y nuevas marcas nacionales y centroamericanas; en 2011, Panamericanos (Guadalajara, México); y, en 2012, por tercera ocasión, las Olimpiadas de Londres.

Captura a la prensa deportiva por sus impresionantes desempeños, por su juventud y por su calidad humana. Significativo es que en los artículos periodísticos siempre surge una expresión de  afirmación de nacionalidad sea de su patria grande, Puerto Rico, o de su patria chica, Vega Baja.  Por ejemplo, en ocasiones se refieren, y cito, a “la nadadora puertorriqueña…”, en otras a  “la nadadora vegabajeña participará mañana…” (estoy citando, mañana no compite, creo…). 

Las medallas obtenidas hacen grande a Vanessa, pero más inmensa la hace su representación de los llamados valores positivos. No de esos valores escritos en letreros promocionales que en la más de las veces parecen huecos, distantes de la realidad.  En su caso, son parte integral de su realización como persona, amalgamados a través del deporte, de las relaciones interpersonales, de sus estudios,  con calificaciones que la ubican en el “Cuadro de Honor” desde temprana edad hasta su bachillerato y de tantas otras formas que surgen de su experiencia de vida.

No es de extrañar que en 2006 fuese seleccionada mediante votación cibernética como la “atleta femenina del año”, bajo los auspicios del periódico Primera Hora, superando otras buenas atletas puertorriqueñas. Se reconocía en esta ocasión, no solo las ejecutorias deportivas,  sino la  calidad humana.  Bien pudiera decirse que Vanessa se guía por la versión opuesta de la conocida máxima mente sana en cuerpo sano; en su caso mejor decir, cuerpo sano en mente sana.  

Vanessa es de sonrisa franca, que algunos confunden con timidez, y de cabellos ondulados como si fuesen reflejos del movimiento ondulatorio que provoca su desplazamiento en el agua. De buscar un paralelo literario de la vida de Vanessa, se podría afirmar que es la versión femenina de El viejo y el mar de Hemingway en esa lucha tenaz contra la naturaleza, una lucha solitaria en que brotan los más elevados principios humanos; una lucha en soledad en el agua que al final descubrirá que no iba sola;  estuvo siempre acompañada por todo un pueblo, por toda una nación.

                                                                                                                             Wilhelm Hernández Hernández

                                                                                                          Marzo 2013

Hernández Barroso, Iris Zoraida (Mrs. Resto)

IRIS Z HERNANDEZ MRS RESTO (2)

SEMBLANZA

IRIS ZORAIDA HERNANDEZ BARROSO: MRS. RESTO

Por Wilhelm Hernández Hernández

Cuando una mujer buena consagra toda su vida a la enseñanza, con vocación natural, se puede decir de ella que alcanzó su plenitud como Maestra. Este es el caso de Mrs. Resto como le conocen a doña Iris Zoraida Hernández Barroso.

Mrs. Resto pertenece a una generación de jóvenes puertorriqueñas y puertorriqueños, quizás la última hasta la fecha,  que se iniciaron en el magisterio cuando apenas alcanzaban la edad oficial de adultos. Entonces el país estaba ávido de aprender, desde los niños hasta los mayores iletrados que no habían completado la escuela o ni siquiera habían asistido a ella. Nuestra maestra, objeto de este reconocimiento, entra al salón con la misma apariencia de adolescente que sus educandos, con alrededor de dieciséis años de edad y quizás más asombrada y asustada que sus alumnos. 

Iris Zoraida o Zory como le conocen, va tan de prisa en sus estudios primarios y secundarios como Vanessa García en la natación. Hace su tercer grado en la Escuela Vicente Valle y el sexto en una escuelita del barrio Yeguada. Con la anuencia de sus padres, se muda a San Juan al cuidado de una tía, para cursar los grados intermedios en la Escuela Ramón Vila Mayo y superior en la Escuela República de Colombia. A los quince años de edad obtiene su prestigioso Diploma de Cuarto Año, y sin estar exenta de saltos al recibir la noticia, era aceptada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras;  aspiración por excelencia de todo joven estudiante. De este campus sale con un Grado Asociado en Educación Elemental, lo que hoy se diría una carrera corta para ingresar rápidamente al necesario mundo asalariado.

En 1961, recibe de sus padres, don Juan Hernández Pino y doña Elena Barroso, la autorización para que su hija, aún menor de edad pero con mayoría de deseos, se iniciara en la Escuela José Otero, radicada en Morovis. Esto representaba madrugar a las cuatro de la mañana y viajar en escalas de cuatro carros públicos; por el momento era algo impensado hacerse de un automóvil con el salario de maestro como se le denominaba en forma irónica a la paga recibida; situación que no ha cambiado mucho desde aquella época.     

Más adelante, Iris Zoraida pasa a trabajar a una escuela en Quebrada Arenas. Es maestra de escuela elemental, pero el magisterio y “San Valentín” no están encontrados; al contrario mientras más florece el amor genuino a la salida del aula, más se ama el salón de clase. Es el tiempo en que aparece en escena Pedro Resto Tirado, de quien no debió conocer en un principio ni el primero ni menos el segundo apellido. Pues ocurre que un 4 de abril de 1964,  la maestra de escuela elemental contrae matrimonio con Pedro de quien ya conocía ambos apellidos.

Desde entonces es maestra, esposa y, más adelante madre y abuela. En lo académico, Mrs. Resto, continúa dedicándose a lo que era su vocación. Labora durante dieciocho años en la Escuela Rosa M. Rodríguez; completa estudios de maestría en Administración y Supervisión; en 1984, es nombrada Directora de las escuelas Ofelia Díaz Rodríguez, Eugenio María de Hostos y Centro Comunal, hasta que finalmente asume la dirección de esta última solamente.  En lo familiar, nacen sus hijos Abner y Elena, y con el paso del tiempo sus nietos.

 Con un término de servicio que lo extiende por cerca de medio siglo, Mrs. Resto bien se ha ganado a plenitud su retiro para dedicarse de lleno a su familia extendida, sin que haya perdido un ápice de su formación y vida de maestra. Como ejemplo, tiene a cargo la catequesis de la iglesia a donde asiste. Es decir, continúa siendo Maestra.  De esas maestras que, al igual que lo hicieron Tapia y Rivera, Hostos, Díaz Alfaro y, más cercanos a Vega Baja Carmen Rivera de Alvarado y Ángeles Pastor, confiaron plenamente en la Educación como agente de cambio. O como tantos maestros y maestras que en la actualidad continúan esperanzados de que así sea. Mrs. Resto, por el momento paso el batón a su hijo e hija, igualmente maestro y maestra. Por tantas buenas cosas se reconoce como Mujer Destacada de Vega Baja 2013 en la rama de la Educación. 

Marzo 2013

García Narváez, Vanessa M.

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SEMBLANZA

Vanessa M. García Narváez

Por Wilhelm Hernández Hernández

En la mitología griega, Vanessa hubiese sido hija de Océano, dios de las aguas. Vanessa de las aguas… desde los cinco años, quizás antes.  A nadie sorprendería escuchar decir de esta atleta que se ha desplazado más tiempo en el agua que lo que ha caminado a pie.  Una figura consagrada en la historia deportiva del Puerto Rico contemporáneo, seguida paso a paso, o mejor brazada a brazada, en cada una de sus competencias nacionales e internacionales. En cada competencia renace esa  simbiosis física y emocional que une la atleta a nosotros como espectadores: mientras ella detiene la respiración solo a intervalos, Puerto Rico deja de respirar todo el tiempo.  

Vanessa  es seleccionada hoy Mujer Destacada de Vega Baja 2013 en Deportes, pero los criterios de esta selección no se circunscriben a su conocido desempeño en la natación. Hay un reconocimiento explícito de unas cualidades humanas dignas de emular.  

Vanessa es de Vega Baja desde un 18 de julio de 1984 y físicamente no ha abandonado a su pueblo; a cada viaje, su regreso al lugar donde creció, en la urbanización Alturas de Vega Baja.

Su infancia, nada extraño,  está vinculada al agua, integrando a sus cinco años de edad el equipo Atenienses Nadadores del Norte, con sede en Manatí. Desde entonces sus brazadas van en constante escalada. Algo que veía venir su familia y entrenadores. Entre las primeras muestras  está su participación en los Campeonatos de las Islas del Caribe 1996, celebrados en San Juan, Puerto Rico.  En la ocasión se alza con oro en 50, 100, 200 y 400 metros libre y en los relevos 4 x 100 libre y 4 x 400 combinados, con marcas nacionales en su categoría de once-doce años.  Vanessa ha comenzado a representar a nuestra nación puertorriqueña a corta edad, y así parece entenderlo y aceptarlo con conciencia de adulta comprometida. Algo no tan sencillo decir, pues aún hay que estudiar mucho y combinarlo con los entrenamientos de uno de los deportes más sacrificados para el atleta, su familia y entrenadores.

Vanessa va de prisa, como todo aquel que le urge cumplir una importante misión para su patria. Un sucinto recuento de su trayectoria posterior a 1996, comenzaría al siguiente año. En 1997, los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe, con medalla de oro en 50 y 100 metros libres y plata en 200 y 400 metros libres. En 1998, los Centroamericanos y del Caribe, en Venezuela.  En adelante es ya Vanessa de Puerto Rico. El número de competencias que le siguen nos deja la impresión de que es una mujer incansable e inalcanzable.  En 2004, alcanza el cenit de sus esfuerzos con su participación en las Olimpiadas celebradas en Atenas, Grecia. En 2005, el World Campionship (Montreal, Canadá); en 2006, los Centroamericanos y del Caribe (Colombia); en 2007, Campeonatos Mundiales (Melboure, Australia); en 2007, Panamericanos (Brasil); en 2008, las Olimpiadas de Beijing (China); en 2009, Campeonatos Mundiales (Roma, Italia); 2010, en Ohio State Grand Prix y los Centroamericanos y del Caribe, en Mayagüez, Puerto Rico, obsequiándonos oro en sus dos conocidos eventos y nuevas marcas nacionales y centroamericanas; en 2011, Panamericanos (Guadalajara, México); y, en 2012, por tercera ocasión, las Olimpiadas de Londres.

Captura a la prensa deportiva por sus impresionantes desempeños, por su juventud y por su calidad humana. Significativo es que en los artículos periodísticos siempre surge una expresión de  afirmación de nacionalidad sea de su patria grande, Puerto Rico, o de su patria chica, Vega Baja.  Por ejemplo, en ocasiones se refieren, y cito, a “la nadadora puertorriqueña…”, en otras a  “la nadadora vegabajeña participará mañana…” (estoy citando, mañana no compite, creo…). 

Las medallas obtenidas hacen grande a Vanessa, pero más inmensa la hace su representación de los llamados valores positivos. No de esos valores escritos en letreros promocionales que en la más de las veces parecen huecos, distantes de la realidad.  En su caso, son parte integral de su realización como persona, amalgamados a través del deporte, de las relaciones interpersonales, de sus estudios,  con calificaciones que la ubican en el “Cuadro de Honor” desde temprana edad hasta su bachillerato y de tantas otras formas que surgen de su experiencia de vida.

No es de extrañar que en 2006 fuese seleccionada mediante votación cibernética como la “atleta femenina del año”, bajo los auspicios del periódico Primera Hora, superando otras buenas atletas puertorriqueñas. Se reconocía en esta ocasión, no solo las ejecutorias deportivas,  sino la  calidad humana.  Bien pudiera decirse que Vanessa se guía por la versión opuesta de la conocida máxima mente sana en cuerpo sano; en su caso mejor decir, cuerpo sano en mente sana.  

Vanessa es de sonrisa franca, que algunos confunden con timidez, y de cabellos ondulados como si fuesen reflejos del movimiento ondulatorio que provoca su desplazamiento en el agua. De buscar un paralelo literario de la vida de Vanessa, se podría afirmar que es la versión femenina de El viejo y el mar de Hemingway en esa lucha tenaz contra la naturaleza, una lucha solitaria en que brotan los más elevados principios humanos; una lucha en soledad en el agua que al final descubrirá que no iba sola;  estuvo siempre acompañada por todo un pueblo, por toda una nación.

                                                                                                                             Wilhelm Hernández Hernández

                                                                                                          Marzo 2013

Hernández Barroso, Iris Zoraida (Mrs. Resto)

IRIS Z HERNANDEZ MRS RESTO (2)

SEMBLANZA

IRIS ZORAIDA HERNANDEZ BARROSO: MRS. RESTO

Por Wilhelm Hernández Hernández

Cuando una mujer buena consagra toda su vida a la enseñanza, con vocación natural, se puede decir de ella que alcanzó su plenitud como Maestra. Este es el caso de Mrs. Resto como le conocen a doña Iris Zoraida Hernández Barroso.

Mrs. Resto pertenece a una generación de jóvenes puertorriqueñas y puertorriqueños, quizás la última hasta la fecha,  que se iniciaron en el magisterio cuando apenas alcanzaban la edad oficial de adultos. Entonces el país estaba ávido de aprender, desde los niños hasta los mayores iletrados que no habían completado la escuela o ni siquiera habían asistido a ella. Nuestra maestra, objeto de este reconocimiento, entra al salón con la misma apariencia de adolescente que sus educandos, con alrededor de dieciséis años de edad y quizás más asombrada y asustada que sus alumnos. 

Iris Zoraida o Zory como le conocen, va tan de prisa en sus estudios primarios y secundarios como Vanessa García en la natación. Hace su tercer grado en la Escuela Vicente Valle y el sexto en una escuelita del barrio Yeguada. Con la anuencia de sus padres, se muda a San Juan al cuidado de una tía, para cursar los grados intermedios en la Escuela Ramón Vila Mayo y superior en la Escuela República de Colombia. A los quince años de edad obtiene su prestigioso Diploma de Cuarto Año, y sin estar exenta de saltos al recibir la noticia, era aceptada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras;  aspiración por excelencia de todo joven estudiante. De este campus sale con un Grado Asociado en Educación Elemental, lo que hoy se diría una carrera corta para ingresar rápidamente al necesario mundo asalariado.

En 1961, recibe de sus padres, don Juan Hernández Pino y doña Elena Barroso, la autorización para que su hija, aún menor de edad pero con mayoría de deseos, se iniciara en la Escuela José Otero, radicada en Morovis. Esto representaba madrugar a las cuatro de la mañana y viajar en escalas de cuatro carros públicos; por el momento era algo impensado hacerse de un automóvil con el salario de maestro como se le denominaba en forma irónica a la paga recibida; situación que no ha cambiado mucho desde aquella época.     

Más adelante, Iris Zoraida pasa a trabajar a una escuela en Quebrada Arenas. Es maestra de escuela elemental, pero el magisterio y “San Valentín” no están encontrados; al contrario mientras más florece el amor genuino a la salida del aula, más se ama el salón de clase. Es el tiempo en que aparece en escena Pedro Resto Tirado, de quien no debió conocer en un principio ni el primero ni menos el segundo apellido. Pues ocurre que un 4 de abril de 1964,  la maestra de escuela elemental contrae matrimonio con Pedro de quien ya conocía ambos apellidos.

Desde entonces es maestra, esposa y, más adelante madre y abuela. En lo académico, Mrs. Resto, continúa dedicándose a lo que era su vocación. Labora durante dieciocho años en la Escuela Rosa M. Rodríguez; completa estudios de maestría en Administración y Supervisión; en 1984, es nombrada Directora de las escuelas Ofelia Díaz Rodríguez, Eugenio María de Hostos y Centro Comunal, hasta que finalmente asume la dirección de esta última solamente.  En lo familiar, nacen sus hijos Abner y Elena, y con el paso del tiempo sus nietos.

 Con un término de servicio que lo extiende por cerca de medio siglo, Mrs. Resto bien se ha ganado a plenitud su retiro para dedicarse de lleno a su familia extendida, sin que haya perdido un ápice de su formación y vida de maestra. Como ejemplo, tiene a cargo la catequesis de la iglesia a donde asiste. Es decir, continúa siendo Maestra.  De esas maestras que, al igual que lo hicieron Tapia y Rivera, Hostos, Díaz Alfaro y, más cercanos a Vega Baja Carmen Rivera de Alvarado y Ángeles Pastor, confiaron plenamente en la Educación como agente de cambio. O como tantos maestros y maestras que en la actualidad continúan esperanzados de que así sea. Mrs. Resto, por el momento paso el batón a su hijo e hija, igualmente maestro y maestra. Por tantas buenas cosas se reconoce como Mujer Destacada de Vega Baja 2013 en la rama de la Educación. 

Marzo 2013

Morales Cabrera, Rose Mary

ROSE MARY MORALES CABRERA

SEMBLANZA

Rose Mary Morales Cabrera

 Por Wilhelm Hernández Hernández

Rose Mary pudiera parecer un nombre ajeno, distante para quienes parten de una puertorriqueñidad pura. Todos sabemos que los nombres son reflejo de cada época, de la lengua, la cultura y la historia de cada país o cada nación. Rose Mary no queda ajena de nuestro proceso histórico; es producto directo de la diáspora puertorriqueña, uno de los movimientos migratorios más grandes de la Humanidad.

Rose Mary nace en Chicago, Illinois,  un 4 de septiembre, desde luego de padres puertorriqueños, Rosiní Cabrera y Orlando Morales, quienes como miles se han visto obligados a cargar maletas y recuerdos de una isla añorada. Sus primeros cuatro años, mirará un paisaje distante y distinto al nuestro, solo curiosamente imaginado a través de las conversaciones de sus padres, amigos puertorriqueños de Chicago y de algunas atesoradas fotos.

El imaginario de “Mamá Borinquen me llama que este país no es el mío…” conduce al regreso a la isla, específicamente al pueblo de Juncos, cuando contaba con cinco años de edad. ¿Qué mejor edad para comenzar a reconocer nuevos sonidos, olores, sabores, tactos y visuales? Por esos Cinco Sentidos de que habla Tomás Blanco en su libro, es por donde comienza el amor a la patria; y para aquella o aquel que destila gran amor por su nación, con un sentido basta, aun en la distancia.

Rose Mary elige el magisterio como profesión y vocación; Bachillerato en Educación con especialización en Inglés, Maestría especializada en Currículo de Biología, y estudios en otras importantes áreas relacionadas, que reflejan una parte de sus cualidades atribuidas, el deseo incesante de conocer, particularmente a través de mucha lectura y su afán de divulgar sus conocimientos. La educación de esos niños y niñas a quien José Martí dedica su libro La Edad de Oro, estará presente en Rose Mary a lo largo de veintinueve años y medio; luego pasará al nivel intermedio hasta finalmente acogerse al retiro. Retiro que se da en relación a la escuela pública, pues continúa laborando como profesora universitaria, en la Universidad del Caribe (o Caribbean University), Recinto de Vega Baja.

Rose Mary está vinculada con el pueblo de Vega Baja desde hace más de tres décadas, treinta y cuatro años para ser específico.  Para algunos, cien años de estadía en un lugar no los convoca ni provoca para amarlo, atesorarlo; para otros, como es el caso de quien hablamos, un día es suficiente y treinta cuatro años, toda una plenitud.

Para probarlo se inserta en el proceso político de Vega Baja. Por esta faceta de su vida es que viene su reconocimiento de Dama Destacada de Vega Baja 2013, como mujer en la política. Qué mejor día para hacerlo que un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  Coordinadora de Área del Partido Independentista Puertorriqueño desde 1996 al 2000. Legisladora Municipal de Vega Baja para los años 2003-2004 y 2010- 2012, no se amilana ante otros retos, como fue su participación como candidata a Alcaldesa por este pueblo y partido en las elecciones de 2000, ¿2004? y 2008. No era la primera ocasión en que una mujer participaba en Vega Baja para esta posición, pero si abonaba su parte en el largo y tortuoso camino de lucha emprendido por las mujeres a través de nuestra historia social y política.

A Rose Mary, sus amistades le consignan otras cualidades: servicial, compasiva, bondadosa y profundamente religiosa, quizá compartiendo ese misticismo que marcó la vida de doña Lolita Lebrón.   Pertenece a la Iglesia Miembros del Cuerpo de Cristo de Vega Baja. Buena conversadora a su vez, una cualidad humana que se va perdiendo a pasos agigantados, particularmente en función de conversación franca y honesta. Dice de ella misma, cuando habla de sus “preferencias y pasatiempos”, que le apasiona la lectura, la ciencia ficción, la música, el baile, la cocina y los deportes, aclarando que no practica ninguno, pero si como fiel fanática. Rose Mary es además esposa, madre, abuela y amiga de su propia familia; ahí están sus hijos Mitchell A. y Michael A., su esposo Leopoldo y sus nietos Alondra, Miguel y Gerardo. Valga para Rose Mary Morales Cabrera nuestro reconocimiento como Dama Destacada de Vega Baja 2013.  

                                                                                                                                                                                                 Marzo 2013


Primer puertorriqueño en ser galardonado con la distinción de “United States Recruiter of the Year Award”.

FROYLAN DE LEON FELICIANO VICENTE CHENTE SANTOS PORTALATIN 3El vegabajeño Vicente (Chente) Santos Portalatín, fue el primer puertorriqueño en ser galardonado con la distinción de “United States Recruiter of the Year Award” del Ejército de los Estados Unidos de América. (Aportación por Froylaán de León)

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