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La vida y obra de Bartolomé Pabón

 

bartolome pabon y esposa zoraida

Bartolomé Pabón será sepultado hoy domingo a las 11 de la mañana, en el Cementerio Viejo de Vega Baja.

Un 25 de agosto de 1937, llegó a este mundo fruto del amor de sus padres, Ramón Pabón Meléndez y Eulalia Lozano Sepúveda quien en vida fue el Reverendo Bartolomé Pabón Lozano. 

El 11 de enero de 1964 contrajo matrimonio con su amada esposa Zoraida Rosado Ramos con la cual procrearon nueve hijos frutos de su gran amor: Ada, Elías, Angel, Sara, Pedro, Samuel, Rubén, Rebeca y Noemí, abuelo de 21 nietos y 17 bisnietos. 

Hizo sus estudios en Psicología y teología en la ciudad de Chicago. En el 1969 conoció a Jesucristo como su salvador y  junto a su amada esposa construyeron un nido de amor, familiar y espiritual.

Movidos por el Espíritu Santo y teniendo la convicción de la voz de Dios, en el año 1977 decide salir de la ciudad de Chicago para comenzar una obra de evangelización en el Barrio Quebrada Arenas en la ciudad de Vega Baja, Puerto Rico. Como resultado a esto, hoy día este barrio tiene un lugar de adoración.

Excelente esposo, padre, comerciante, ministro, misionero y músico; un varón lleno de muchos talentos, que fueron de gran bendición para la obra de Dios, el y su amada familia. En el 1980, por la gracia de Dios, nuestro hermano Pabón fue ungido como ministro, ordenado por el Concilio de Iglesia Pentecostal de Jesucristo, Inc; del cual fue un fiel ministro. Para ese mismo año el reverendo Bartolomé Pabón junto a su amada esposa comenzaron a viajar a la República Dominicana a ejercer la labor misionera. Juntos construyeron vidas, templos y bendijeron a una nación. Ellos siempre consideraron a Barahona, República Dominicana como su casa. En adición el Reverendo Bartolomé Pabón perteneció al ejecutivo conciliar. 

En en año 2002 se muda al estado dela Florida y en el año 2018 comenzaron en su hogar una obra la cual hoy está floreciente y estable, donde fue su última Casa de Oración. Hoy el hermano Pabón tiene muchos hijos espirituales en elMinisterio y siempre será recordado como un ganador de almas; al cual le gustaba darles estudios bíblicos en los hogares y fue un fiel amante de lalectura y el estudio y lalectura de Dios hasta su último día. 

Eclesiatés 3: 11, 14

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra  que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ellos se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.”

Los Vegabajeños| Fallece Nicolás (“Tilín”) Pérez Urbistondo

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Fuera de Puerto Rico, falleció hoy la leyenda vegabajeña Nicolás (Tilín) Pérez Urbistondo. En el momento no tenemos muchos detalles de su transición ni de planes ulteriores para su destino final. No obstante, es momento de recordar a una persona muy querida en nuestra ciudad desde su juventud.

Nuestra ciudad ha reconocido su labor deportiva y recreacional. Pero debemos sumar también su interés por la historia vegabajeña en muchos de sus aspectos. De hecho, legó a la Escuela de la Historia Vegabajeña muchos documentos, revistas y fotografías importantes. Mucho de ese material lo hemos reseñado en nuestras páginas. Con él celebramos varias sesiones de preguntas y respuestas y le dedicamos una noche para contar sus historias en el Museo Casa Alonso.

Tilín vivió una vida larga e intensa. No procreó descendencia aunque tuvo una familia de hermanos, unos sobrinos amorosos, hijos afectivos y María Bermúdez, su esposa dedicada y amorosa. En los próximos días vamos a reseñar aspectos de su vida y de los distintos lugares y momentos en que fue reconocido.

La labor de Esmirna en Vega Baja| Historia de Yeyé

Esmirna Vega ya no se encuentra entre nosotros ya que emigró a Estados Unidos. Hace unos días estuvimos en contacto con ella y está muy bien con su esposo y sus hijos. Este es uno de los trabajos que hizo en su labor voluntaria de muchos años al sevicio de los vegabajeños. Esta entrevista la publicó el 25 de junio de 2017.

José Gualberto Padilla

PORTADA PARA UN PALACIO UN CARIBE ELSA TIO

Por Elsa Tió

José Gualberto Padilla, El Caribe, nace  en San Juan el 12 de julio de 1829 en la calle O’Donell, esquina San Francisco, frente a la Plaza Colón del Viejo San Juan. Fueron su padres José María Padilla Córdoba (¿-1843, Añasco) y Trinidad Alfonso Ramírez (Venezuela, Vega Baja, 1809-1867), quienes influyen decididamente en su formación y carácer. De ellos aprende, según relata su hija Trina Padilla de Sanz, mejor conocida como La Hija del Caribe, “a ser noble y bueno con los humildes y altivo y bravo con los poderosos”.

José Gualberto Padilla, “No solía escribir en su mesa de estudio, como los demás poetas. Sus mejores versos los escribía en la soledad de los caminos, mientras viajaba. Tenía caballos propios, de muy cómodo y seguro andar, usaba unas monturas que le permitían ir en ellas cómo- damente sentado. Y al salir de las poblaciones requería papel y lápiz, soltaba las riendas, y escribía los versos que acudían a su mente fáciles, robustos, intencionados y de admirable plasticidad.”
Ser médico lo llevó a viajar constantemente por los pueblos limítrofes a Vega Baja, recorriendo caminos que le permitieron llenarse los ojos de paisaje. Padilla se dejó enamorar de la naturaleza, lo que le permitió años más tarde escribir su magistral e inconcluso Canto a Puerto Rico, en el que exalta y describe con admirable precisión y belleza, cada detalle de los frutos y árboles de nuestra campiña.
Sin embargo, es con sus versos satíricos titulados Para un Palacio, un Caribe, que Padilla surge como figura protagónica en la forja de nuestra conciencia nacional en el siglo XIX. La poesía al servicio de su pluma justiciera hizo historia al defender la dignidad de los puertorriqueños. Con su sátira implacable e ingeniosa se ganó el respeto y la admiración del pueblo, de la mujer, del negro, de los que no tenían voz por su valiente y apasionada defensa a favor de los débiles y olvidados.
José Gualberto Padilla, también conocido por el seudónimo literario de El Caribe, es reconocido por su amigo, el doctor Cayetano Coll y Toste, (Arecibo, 1850-1930, Madrid), como un eminente médico, próspero agricultor y excelente poeta. Lo retrata de la siguiente manera: “Era un hombre hermoso, alto, vigoroso, simpático, de cabellera rubia y mostachos rubios y retorcidos a lo galo, complexión fuerte, ojos verdes y chispeantes… Al poco tiempo de hablar con él, comprendíamos que teníamos delante un hombre de espíritu superior. Lo que llamaríamos hoy un súper-hombre. Vestía diariamente de drill blanco con levita de la misma tela y poseía un físico imponente y una pluma magistral y combativa…”

Sobre los rasgos de su carácter dice su amigo Manuel Fernández Juncos (Oviedo, España, 1846-1928, San Juan), en el prólogo del poemario de Padilla titulado El Combate: “Era de carácter enérgico y generoso, muy altivo con los engreídos de fortuna o de poder, y franco, liberal y tolerante con los demás; constante con el trabajo, compasivo con los infelices y heroico en la lucha combatiendo el dolor ajeno”.

Por su temperamento de hombre cabal, nunca hizo uso de su pluma para la adulación. En ocasión de recibir una petición de la esposa del general Julián Pavía (1867-1868), gobernador de Puerto Rico, para que escribiera en su álbum un poema, y viendo Padilla los elogios desmedidos que en él había, le escribió la siguiente estrofa: A la lisonja mi humor esquivo/ no brindo flores que aroma den; /en mis jardines no las cultivo;/ que soy señora, franco y altivo/ como buen hijo de Borinquén.

Biografía| Luis Fermín Náter Silva (Güigüí) por Violeta Landrón

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Luis F. (Güigüí) Nater 1969 Fototeca Jimmy Rosario

 

Por Violeta Landrón

(Aparecido en programa de Fiestas Patronales de Vega Baja, 1999)

“¿Sabes donde esta ubicada la tienda de Isa, el árabe?…pues allí nací yo, en la Calle Betances frente a La Asturiana. Ese local era mi residencia”. Así me dice Güigüí sentado en su sillón de ruedas, que para nada ha cambiado su carácter afable y comunicativo. Doña Nora, su amante y dedicada esposa, le mira con dulzura y me comenta: “Es admirable como Güigüí, en lugar de sentirse desgraciado, le da gracias a Dios por estar vivo y disfrutar de su familia”.

“Mis padres fueron José Inocencio Náter Girona y Enriqueta Silva. Nací en el 1923 y aunque fui el único hijo de mi mamá, mi padre, quien era viudo, tenía 9 hijos de su difunta esposa. Estos hijos mami los aconsejó y los tuvo como si fueran de ella. Mi padre, de quien guardo gratos recuerdos, era farmacéutico y también fungía como Juez Municipal. Fue él quien casó a Agustín Rodríguez y Ana Pérez Melón, padres de esos médicos prestigiosos de Vega Baja”.

Güigüí se graduó de Escuela Superior en el 1940. Luego comienza estudios de contabilidad en la Universidad de Puerto Rico… “me hospedaba en la casa de Ricarda Ramos vda. de Casilla, una republicana rabiosa de esas que “mandan y van”.  Al terminar sus estudios Güigüí regresa a Vega Baja y comienza a trabajar con Fernós Isern, quien entonces era Secretario de Salud. A los 21 años se casa con su princesa adorada…doña Nora López Olivera…”La mujer que me paralizó el corazón con esos ojos de cielo. Eramos dos muchachitos. Yo tenía veintiún años y Nora, quien era única hija, dieciocho. Nos habíamos conocido en un bailecito de  la escuela y fuimos novios por cinco años”. Poco tiempo después comienza a trabajar en la Mueblería de su suegro Rafael López.

La fotografía, eterno “hobby” de Güigüí, resurgió en sus años de adultez, como el mismo comenta…“son muchas las satisfacciones y reconocimientos que obtuve como fotógrafo. Llegué a tener hasta un laboratorio de revelado en mi propio hogar…de la cámara no se libraba ni el gato, siempre me gustó la fotografía espontánea y natural”.

El matrimonio de Nora y Güigüí es digno de ejemplo y admiración. De esta unión +tienen ocho hijos: Luisito, Nora Maritza, Nora Evelia, José Rafael, Fernando Luis (Tatito), Nora Leyda, Rafael Enrique y Antonio Enrique. Hijos que le han regalado veinte nietos y doce biznietos.

“Dios obra por senderos misteriosos.  Hace seis meses sufrí un derrame cerebral que me dejó incapacitado y confinado a esta silla de ruedas. De no haber sido por el cariño y la dedicación de mi esposa e hijos y la fe en el Todopoderoso, me hubiera caído…pero al contrario, alabo al Señor todos los días por dejarme disfrutar de un amanecer, de la sonrisa de mis nietos, del afecto de mis amigos y la compañía de mi adorada Nora, a la que amo con locura. Lo digo a viva voz: !soy afortunado! Esta silla me ha ayudado a ver la vida con detenimiento, con paciencia, con sabiduría…y de otras perspectivas. Desde aquí me he dado cuenta de cuán importante es la familia y el amor”.

Dejamos a Güigüí Nater en compañía de sus fotografías, sus recuerdos, su sonrisa placentera, su voz pausada y segura. Dejamos a Güigüí con su eterno amor…Nora, la novia de los ojos color cielo.

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Nota de redacción: Luis F. (Güigüí) Náter  falleció posteriormente. Le sobrevive su viuda, doña Nora López.

 

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