Cita con la historia vegabajeña el próximo sábado en el Teatro América

Thomas Jimmy Rosario Martinez por Rudy Rivera

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Para todas las actividades de los seres humanos hay límites. Pero tener certeza es lo mejor para poder enfrentarse al futuro.

Cuando esta tarde del domingo nos informaron que venía un área de mal tiempo para esta semana, el cual pudiera desarrollarse ciclónicamente, buscamos a los expertos para que nos lo explicaran. En la pasada semana se habló de quién era la persona que había fallecido y fue descrita apropiadamente por todos los sectores. Los que invirtieron en bonos conocieron que iba a haber una posibilidad para pagar los bonos de COFINA. En los deportes, se hacen pronósticos de quiénes serán los que ganarán premios por su desempeño.

Todo se basa en la historia. La historia es la experiencia de lo que se pensó, de lo que se hizo, de lo que no se pensó y lo que no se hizo. La historia revisa el pasado. El presente forja lo que se aspira en el futuro.

Desde hace casi cinco décadas dedico tiempo a repasar la historia. Amigos de otros lugares de Vega Baja y de Puerto Rico, también lo hacen. Pero la historia no solo la hacen los llamados historiadores profesionales, sino que continuamente personas de todas las áreas de la actividad e inactividad humana estudian y producen escritos.

El próximo sábado la Escuela de la Historia Vegabajeña tiene una primicia.  Por primera vez en la historia local se celebra un simposio, o sea, una actividad pública para que investigadores que han preparado sus trabajos, los puedan dar a conocer. Toda es historia nueva, desconocida aun para los que usualmente nos ocupamos de divulgarla. Es el fruto del trabajo que se ha realizado en los últimos seis meses por los miembros activos de la organización y otros compañeros historiadores que han dedicado su tiempo a educarse sobre distintos temas, investigar, analizar y diseñar un trabajo escrito e ilustrado.

La Escuela de la Historia Vegabajeña se creó en 2013 pero comenzamos a reunirnos el siguiente año, realizando investigaciones, publicando artículos de divulgación, celebrando conferencias y otras actividades, todas públicas y sin costo para los asistentes. Cuando el compañero Carlos Ayes Suárez asumió la presidencia, nos convenció de cambiar la ruta para promover una investigación masiva, individual pero colectiva sobre la historia vegabajeña. He leído los trabajos y garantizo su novedad, certidumbre y la responsabilidad que asumieron sus autores. 005-0 Junta Bicentenaria VB 1976

En las décadas de 1970 y 1980 se creó la Junta Bicentenaria y como producto de deliberaciones y trabajo, se logró publicar el libro Vega Baja, su historia y su cultura. Igual que ahora, no todos eran historiadores. De hecho, para algunos fue el primer trabajo publicado sobre historia de Vega Baja. En ese grupo había educadores y profesionales de varias ramas. En cuanto a simposios, precisamente hace más de 20 años Carlos Ayes, Presidente de la Sociedad de Investigaciones Arqueológicas e Históricas “SEBUCO”, convocó uno sobre arqueología vegabajeña. El mismo no produjo un volúmen de recopilación, pero igual representó otros esfuerzo educativo.

El próximo sábado 17 de noviembre, desde las 8 de la mañana, unos estudiosos vegabajeños nos hablarán de nuestra historia. Todo buen vegabajeño debe conocer su historia y ellos la han investigado. Es un regalo de amor que le damos a nuestros compueblanos, porque nos sentimos orgullosos de lo que han hecho y eso es precisamente lo que contaremos.

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El cénit de la excelencia

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Fotos por Jose Luis Maldonado Quirindongo (Luigi)

Anoche fui a ver la última función de las obras teatrales El Pleito de las Calaveras y Pluft, el Fantasmita en el Teatro América. Ese recinto, que a pesar de su limitada capacidad física, poco personal y objeto de escalamientos, vandalismo y fenómenos meteorológicos, cada vez sigue añadiendo elementos.

La primera de las dos obras presentadas por el grupo teatral de Vega Baja tuvo un elemento integrador. De la Escuela de Bellas Artes de Vega Baja, participó, como parte del espectáculo, un grupo de estudiantes de música y el Coro. El resultado fue precioso. Vimos un joven director musical formar parte de la primera obra como todo un actor experimentado, participando como un serio comediante en completa complicidad con sus músicos.

En un momento había más de veinte actores y músicos en escena, bien coordinados, ataviados y maquillados en forma creíble para la obra específicamente dedicada al tema del bien y el mal en el ambiente de la costumbre mexicana de honrar a sus muertos. De hecho, por eso se colocó la obra en los días de los Santos y el de los Muertos,  los que se celebran el primero y dos de noviembre de cada año.  Los demás elementos, como las luces y el sonido, estaban muy bien administrados por los técnicos. Sólo faltó un programa escrito sobre la producción, sinopsis y actores.

La de anoche fue una producción importante para la historia vegabajeña, que marca un nuevo concepto no acostumbrado.  Se acerca, aunque en forma microcósmica, a la manera de hacer teatro musical (sin ser esta en esencia una obra musical), como las grandes obras en Broadway o en el Centro de Bellas Artes de San Juan, con músicos en vivo, coros y actuación. Un espectáculo completo permite que el aficionismo teatral tenga una educación sin limitaciones y una excelente presentación para el disfrute de la audiencia.

Hay muchos factores en esta ecuación.  Pero tengo que resaltar, entre tantos que habremos de conocer eventualmente, la presencia del director de todo, David Muñoz. Es el hombre de las conexiones  con el mundo del espectáculo y la literatura teatral, de las ideas coherentes y de un alto sentido de perfección. La otra persona que debemos acreditar es quien lo ha respaldado constantemente, el alcalde Marcos Cruz Molina, que no es un elemento de lejos sino de una presencia constante y física con su esposa y sus familias, que también apoyan todas las puestas en escena.

Sé que hay otros pueblos que quieren tener la presencia dinámica de David para igual hacer maravillas con las artes. Ese respaldo que le ha dado el alcalde por estos años sigue dando frutos en tiempos de carencia de todo.  Por eso, nuestro pueblo suena más allá de los confines. El resultado es que somos afortunados por esta mezcla de educación y entretenimiento.

endi.com| 1867: un año histórico en desastres naturales

Un huracán, un terremoto y un tsunami, ocurridos con 20 días de diferencia, dieron paso a una investigación sobre fenómenos que han afectado la isla desde entonces

domingo, 28 de octubre de 2018 – 12:00 AM

Por Gerardo E. Alvarado León

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A través de la página http://www.proyecto1867.com, se accede a una descripción de los desastres ocurridos en la isla hace 150 años, vídeos, publicaciones, detalles del huracán María e información sobre el equipo de trabajo, entre otros materiales. (GFR Media)

En términos de desastres naturales, el año 1867 fue histórico para Puerto Rico.

El 19 de octubre, el huracán San Narciso entró por Naguabo y se movió al noroeste, afectando todos los municipios. Veinte días después, un terremoto de magnitud 7.3, con epicentro en el Pasaje de Anegada, agravó los daños. El sismo produjo un tsunami, que alcanzó una altura máxima de 20 pies. En Yabucoa, por ejemplo, el mar entró hasta 450 pies tierra adentro.

No es casualidad, por lo tanto, que el Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral, adscrito al Departamento de Ciencias Sociales del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, escogiera el 1867 como punto de partida de su investigación, recién publicada, sobre diversos fenómenos que han afectado la isla.

La iniciativa lleva por título Proyecto 1867: Desastres y memoria en Puerto Rico, y se compone de una página digital, una bibliografía anotada y el libro de texto Un cambio categoría 4: Memorias del huracán María, que recoge escritos de 15 estudiantes sobre su experiencia post-ciclón.

“En 1867, ocurrieron las tres principales amenazas que tenemos como isla, y por eso decidimos comenzar el proyecto en esa fecha. De ahí también sale su nombre. Pero también documentamos otros eventos”, dijo a El Nuevo Día la directora del Centro, Tania López Marrero.

Además de ciclones, terremotos y tsunamis, el grupo de estudiantes de geología, ciencias sociales y agroambientales, química, ingeniería y biología documentó las sequías de 1964, 1994 y 2014, así como el derrumbe de Mameyes, Ponce, en 1985. Para ello, el grupo participó de talleres de manejo de archivos y uso de fuentes.

Algunos hallazgos

Sobre el historial ciclónico, de la investigación se desprende que, entre 1867 y 2017, Puerto Rico experimentó el paso 45 tormentas tropicales y 44 huracanes, para un total de 94 sistemas.

Los ciclones pasaron sobre la isla o a una distancia no mayor de 86 millas de la costa. Esa es la distancia máxima a la que pueden causar algún tipo de daño, según expertos.

En cuanto a los huracanes, la mayoría se clasificó en la categoría 2 de la escala Saffir-Simpson de intensidad de vientos.

Los estudiantes identificaron otros cinco sistemas que no recibieron clasificación por falta de instrumentación meteorológica.

Sobre la ocurrencia por mes de los ciclones, se halló, por ejemplo, que 32 pasaron en agosto y otros 38, en septiembre. Históricamente, ambos meses son los de mayor actividad durante la temporada de huracanes, que va del 1 dejunio al 30 de noviembre.

No obstante, López Marrero destacó casos como el de la tormenta Olga, que afectó la isla en diciembre de 2007, es decir, fuera de la temporada.

“Este proyecto usa el concepto de la memoria en el contexto de desastres. Aprovechamos la coyuntura de los 100 años del último terremoto y tsunami, así como los 20 años del paso del huracán Georges. Pero María nos cambió el panorama, y por eso pedí a los estudiantes que escribieran sus vivencias con el huracán. El libro publicado contribuye a la memoria social del evento”, dijo la catedrática asociada de Ciencias Sociales, quien describió Proyecto 1867 como una “obra viva”.

Los siete asistentes de investigación de Proyecto 1867 son Abimael Castro Rivera, Amarilys Arocho Barreto, Isabel Escalera García, José García Santiago, Carlos Rivera López, Monique Lorenzo Pérez y Natasha Castillo Rivera.

La iniciativa fue financiada por el Programa Sea Grant.

Perdón para Edgar Santana

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

A principios de esta década un jurado debidamente constituido encontró culpable de 18 delitos de corrupción al alcalde de Vega Baja, Edgar Santana Rivera. Inmediatamente fue encarcelado y hasta el día de hoy, solo lo hemos visto en fotografías. Aunque su pena fue reducida a confinamiento en su hogar, para propósitos reales, continúa prisionero del estado.

No voy a repetir lo que otros y yo hayamos dicho por muchos años. Solo voy a iniciar, de buena fe, lo que yo creo que debe ocurrir en un futuro cercano.

He sabido que su familia ha iniciado un proceso para solicitar otro indulto al Gobernador Ricardo Rosselló Nevárez. Preguntado en la oficina del Diario Vegabajeño de Puerto Rico, el entonces candidato nos dijo en 2016 que él dejaría que las  autoridades judiciales tomaran el curso a seguir con Edgar Santana. Entonces, el pasado gobernador Alejandro García Padilla le concedió un indulto condicionado que lo mantuvo encerrado un tiempo adicional antes de permitirle el cumplimiento remanente de su sentencia en restricción doméstica.

Las penas criminales tienen el propósito de que el que comete un delito reflexione sobre el mismo y que la sociedad pueda descansar tranquila de que el delincuente no atente nuevamente en similares circunstancias y perjudique las mismas u otras personas. Pero las sentencias no son para toda la vida, salvo casos excepcionales de depravación moral. Es parte del procedimiento de rehabilitación que la persona sane y se reintegre a la sociedad.

Edgar Santana forjó su propio destino, de eso no nos cabe duda. Tuvo malas asociaciones y permitió que se hicieran cosas malas. Por su contumacia, fue encontrado responsable y castigado. Siempre he estimado que severamente, pero sus llamados amigos empeoraron su entorno ambiental. Recordamos en ese menester  a Piñeiro, también convicto sacando su culum non pillare, como decía Peña Clós, a tiempo para no ser encarcelado; a San Miguel, ya fallecido; en su aspecto cercano, a Thomas Rivera Shatz, quien trató de descarrilar la investigación y a sus abogados, que le vendieron sueños imposibles. No quiero decir que Santana es una víctima, pero algunos piensan que por una aparente incapacidad mental, nunca vio venir al camión que lo aplastó.

Ya pronto entramos en otra década y es tiempo de liquidar cuentas. El mal que se hizo, otro lo ha remediado con sacrificios y ha recibido el reconocimiento público mediante los votos. En esa tarea Marcos Cruz Molina ha sido lo responsable y diligente con el librito de la sana administración y no como los amigos dicen que debe hacerse con la propiedad ajena del pueblo.

El gobernador debe concederle otro indulto a Edgar Santana Rivera. Por lo que me han dicho amigos en común, ha habido un acto de contrición de su parte. Además, hay dos hijos huérfanos inocentes literalmente desde 2011 que han triunfado a pesar de su ausencia y la adversidad que también son nuestros compueblanos. Hace falta que el pueda caminar libremente y que se una a la fuerza trabajadora de nuestro país. No hay razón para la restricción domiciliaria, él ya no puede ser considerado una amenaza.

Los vegabajeños también tenemos que sanar de esa convicción y castigo. Arrastramos  la verguenza pública que nos llevó esa administración de situaciones irrepetibles, pero el dolor siempre tiene un comienzo y un final. Hay que cauterizar la herida y empezar una nueva relación de todos nosotros con Edgar Santana Rivera y de él con nosotros.  En esta nuevo escenario del perdón funcional para su causa personal y el de nosotros como pueblo, ganaremos todos.

endi.com| Yarimar Bonilla| El conejo de todos los males

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En un mes de mucha lluvia y pocas noticias, las redes sociales se abarrotaron de debates en torno  a la figura del trapero Bad Bunny.

Primero causó controversia cuando desempolvó a La Comay para anunciar un nuevo concierto. Luego se formó un revuelo cuando el gobernador le pidió “a nombre del pueblo de Puerto Rico” que abriera una función adicional—pedido que el cantante se ha negado a contestar por considerar que hay asuntos muchos más importantes que atender, como el cierre de escuelas.

A pocos días explotó la controversia una vez más cuando una “maestra frustrada” ventiló contra el cantante sus resentimientos profesionales en un post de Facebook: “¿Cómo es que yo como maestra después de años de estudios apenas logro pagar mis cuentas, mientras usted por rimar palabras obscenas gana millones?” La maestra parece echarle la culpa al trapero por la posible creación de una “generación de imbéciles”, y hasta llega a verlo como señal de un futuro distópico: “¿Será que llegará el tiempo en que ya nadie quiera aprender y solo tratarán de versar palabras indecentes, el denigrar a la mujer será su mayor logro, y cerrarán nuestra escuelas?”

Al leer esta nota, reproducida en la prensa, me tuve que preguntar: ¿Cómo es posible que un cantante de 24 años se haya convertido en el símbolo de tantos males en Puerto Rico? ¿Por qué esta maestra arremete contra Bad Bunny por ganar millones, pero no contra Natalie Jaresko con su astronómico salario de $625,000 anuales? ¿Por qué si está preocupada por el cierre de escuelas y el futuro de la educación no le dirige su mensaje a Julia Keleher, que como bien señala Bad Bunny en su respuesta, es quien dirige ese sistema? ¿Cómo es que Bad Bunny llega a ser el blanco de tantas críticas y la imaginada raíz de tantos problemas sociales?

Me parece que la furia alrededor de Bad Bunny se ha convertido en lo que los sociólogos llaman un “pánico moral”. Esto consiste en la creación de un símbolo que encarna los problemas de la sociedad, hacia el cual el público canaliza sus preocupaciones y sobre el cual se debate para restablecer normas sociales. Las características principales de un pánico moral son: (1) la amenaza percibida es desproporcional a la real; (2) los medios de comunicación enmarcan el problema dentro de estereotipos comunes de raza, clase y género, que son reconocidos fácilmente por un público que ya está acostumbrado a reproducir dichos discursos; y (3) se utiliza el pánico moral para afianzar normas sociales o justificar políticas que recrudecen las jerarquías de raza, clase y género. En el fenómeno del conejo malo podemos ver en juego cada uno de estos aspectos.

Pero, ¿quién es Bad Bunny? Cabe recalcar que Bad Bunny es Benito Antonio Martínez Ocasio, un joven de Vega Baja, hijo de una maestra retirada y un camionero, que comenzó a cantar en el coro de su iglesia. Benito no viene del “bajo mundo” sino que estudiaba comunicaciones en la UPR-Arecibo mientras trabajaba a tiempo parcial como empacador en un supermercado. Desde niño le gustaba la música y hacía sus propias canciones, que compartía en las redes sociales. Fue así como sus productores lo descubrieron cuando sus canciones se tornaron virales.

Ya aquí esto nos dice algo: este supuesto símbolo de violencia y criminalidad es un producto de la clase media. Como tal sus canciones no representan realmente crónicas, sino fantasías, del bajo mundo. Esto es muy común dentro de este género en el que reina la exageración y en el que los jóvenes buscan representarse como heroicos protagonistas de lo que en realidad es una cotidianidad banal y asfixiante. Quizás es por esto mismo que Bad Bunny ha calado tan profundamente en el imaginario de la clase media boricua: porque refleja claramente sus fantasías, sus miedos y sus prejuicios.

Se dice que su lírica es misógina y violenta. Ciertamente sus canciones suelen caer en los libretos trillados de la música popular: sexo, drogas, dinero, fama. Pero realmente no son crónicas de violencia sino más bien usan metáforas de violencia para hablar de los mismos temas que reinan en los boleros y las canciones románticas: el amor, el desamor, la traición y el despecho. Por ejemplo, en la canción Soy peor, Bad Bunny declara que le rompieron el corazón, que lo traicionaron, y jura que no se volverá a enamorar. La única violencia a la que hace alusión es cuando dice que por despecho “compré una forty y a cupido se la vacié”. En el vídeo aparece un hombre con una capucha metido en el baúl del carro; luego se revela que es el mismo Bad Bunny, el rehén de su propio corazón.

Aun la canción Chambea, que es la que más se asocia con la violencia y glorificación de las armas, engaña. El vídeo empieza con una introducción por Ric Flair, estrella de la lucha libre americana—género por excelencia de la exageración y la parodia. En el vídeo no aparece ni una sola arma, sino un grupo de amigos jugando Nintendo. Al escuchar atentamente uno se da cuenta que de lo que se habla es del “fronte” y el “guille”, o sea, del que “chambea” pero no “jala”, lo que otros cantantes llaman el “buchipluma na’ ma”. Es cierto que se muestran “pacas” de dinero y mujeres bailando sugestivamente, pero también sale Bad Bunny con espejuelos rositas y un gabán floreado, bailando con un cinturón de lucha libre en la mano.

Me parece que aquí lo que se celebra no es tanto la violencia sino el espectáculo de guapería del cual la lucha libre es emblemático.

Se dice que su lírica es grosera y representa a la mujer como un objeto sexual, pero igual se podría decir que es sumamente “sex positive”— el énfasis no es exclusivamente en el disfrute del hombre sino también en el placer de la mujer. Además, aunque tiene algunos vídeos en los que salen mujeres en bikini, también tiene otros, como Dime si te acuerdas, donde sale una pareja de edad “dorada” que se reencuentra con nostalgia en un centro para envejecientes.

Recientemente la diva ponceña Ednita Nazario incluyó un medley de canciones de Bad Bunny en uno de sus conciertos, y declaró que no nos debemos escandalizar por el amor y el sexo. Lo cierto es que al final de cuentas las canciones de Bad Bunny no son más escandalosas que ciertas baladas “corta venas”, como A que no le cuentas o La prohibida, de la misma Ednita, que narran la cultura de infidelidad boricua y celebran la sexualidad de la mujer. Las canciones de Bad Bunny no están libres de sexismo, pero no se comparan con canciones violentas “del ayer”, como Amor trágico, de la autoría de Perín Vásquez pero hecha famosa por el legendario dúo Quique y Tomás, en la que se dice que el cantante quiere besar a su amada y luego “rodear tu cuello con un cordón de seda y apretar bien el nudo para que más nadie pueda jamás poner los labios donde los puse yo”. Estas líricas son mucho más violentas, pero al estar libre de palabras soeces nos parecen “bonitas”.

En estos días, el éxito Estamos bien ha dado mucho de qué hablar. Algunos sienten que el tema encubre los males de la sociedad con una fachada artificial de sonrisa y felicidad. Pero casi no se ha hablado de que él cantó esta canción en el programa The Tonight Show, donde le reprochó a Donald Trump el querer encubrir las muertes de María.

Luego de este reclamo es que entonces dice “But you know what? Estamos bien. Con o sin billetes de cien”. En ese momento, Estamos bien no representa un himno de escapismo sino de resiliencia. Es el reflejo musical de la actitud de miles de personas que han puesto sus propios techos, que han alimentado sus propias comunidades, y que han buscado la manera de sobrevivir y resistir sin tener que recurrir a la migración y el exilio. Es decir, no es ni más ni menos problemático que el “palantismo” que se promueve todos los días en cada rincón del país.

Pero lo que realmente me parece preocupante es que se detone un pánico moral alrededor de un cantante que no amerita tal nivel de alarmismo. Mi punto no es defenderlo. Más bien mi pregunta es: ¿Quién se beneficia de este pánico moral? ¿Y quién está en riesgo de perjudicarse? ¿Cómo es que los miedos y las preocupaciones de la clase media: el moralismo, el pudor y el desprecio a todo lo asociado con clases de menos recursos se movilizan una y otra vez para distraernos de las verdaderas amenazas?

Ciertamente cuando nos distraemos hablando de Bad Bunny nos olvidamos de que Keleher ha cerrado escuelas, eliminado la semana de la puertorriqueñidad y gastado millones en promover “valores” de cartón. Cuando nos preocupa la violencia de las líricas del Trap nos olvidamos de que el secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, anduvo negando los muertos de María y promoviendo fuerzas de seguridad privada que llevan a una preocupante militarización del país. Cuando entramos en brote por la cultura misógina de la industria musical nos olvidamos de todos los que votaron en contra de la perspectiva del género, los que les quitan fondos a programas para víctimas de maltrato y los que explotan sus puestos de poder convirtiendo las alcaldías en casas de desprestigio.

La impunidad de los políticos y su indiferencia frente a la violencia real (física, social, económica, burocrática, etc.) que se le inflige día a día a los puertorriqueños es lo que verdaderamente nos debe causar pánico y no el que un joven de 24 años cante sobre chambear mientras juega Nintendo.

La autora es profesora en Rutgers University.

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