Falleció el maestro Evaristo Otero Rosa

Evaristo Otero Rosa (Coto) Foto por Robert Rivera

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

En la hora que escribo, diez de la noche, es la que he podido. Aun no me he comunicado con su familia y lo único que he recibido es una nota de su hermano Pedro (Negui) en el cual me indicaba su fallecimiento. Me informan sus también amigos y compañeros que estará expuesto en Fuente de Luz el próximo miércoles y que sus restos serán posteriormente cremados.

Escribió Madame Helene Blavatsky en Isis sin velo (I) que la vida es equilibrio que resulta de dos fuerzas que eternamente actúan una sobre la otra y producen la vida. Cuando las dos fuerzas se gastan y permanecen inactivas, equilibrándose una con otra en reposo completo, sobreviene la condición de la muerte.

No tenemos que creer en esa idea, pero el «Coto» que vi en sus últimos días era un ser cansado, agotado, pero aun en equilibrio mental y hasta cierto punto, físico. Luchaba para no quedarse en reposo absoluto, pero al fin, las fuerzas cansadas e inactivas cuando era persona de siempre estar trabajando ideas, debieron ceder a su transición.

Alguien tuvo que decirle que los médicos le dijeron que no pasaría del mes, pero aguerrido, valiente y decidido como era, debió probar esas cualidades una vez más con el acto del destiempo que no programa la muerte. Afortunadamente, lo mejor de su vida está saliendo de boca de sus discípulos, a los que quiso como un padre y ellos lo aman como sus hijos, de sus familiares que lo veneraron como en otros tiempos se hacía con los mayores y con un pueblo preocupado primero con su salud y ahora en cómo seguir celebrando su legado.

De una conversación con mi amigo Mario Donate (Yuyo), quien quedó impresionado por la versión en blanco y negro de una foto de Coto, me di cuenta de algo importante. En esta foto que le tomó Robert Rivera pareciera que equivocadamente levantó el puño de la mano derecha cuando se supone que levantara el brazo izquierdo de acuerdo a sus ideales políticos y a tono con la canción patriótica que se cantaba por su sobrino Norberto. Para una persona que no podía hablar pues no emitía sonido ni respiraba sin ayuda de oxígeno, que estaba débil y agonizante, es una hazaña que hubiera podido hacer un gesto tan definitorio de su carácter y personalidad.

Esa separación física que llaman muerte nunca puede sobrepasar la presencia del recuerdo. Suerte que hay un futuro. Tal vez sea la mejor fotografía que lo defina.



Categorías:obituarios, Vegabajeñismo

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