Categoría: Diplomado de Historia Vegabajeña

Se reanuda el Diplomado en Historia Vegabajeña el próximo miércoles 21 de agosto

El ex alcalde Luis E. Meléndez Cano será el conferenciante invitado …

Perspectiva de política y gobierno en finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI

Por Lcdo. Luis E. Meléndez Cano, alcalde de Vega Baja 1973 a 2015

Miércoles 21 de agosto de 2019, 7:00 PM en Museo Casa Portela

Entrada Libre

Diplomado en Historia Vegabajeña continúa el próximo miércoles 17 a las 7:00 PM|Entrada Libre

Sesión 4| Miércoles 17 de julio de 2019

7PM Reinterpretación de la historia sobre nuestra fundación (1 hora) Carlos M. Ayes Suárez

8PM Gobierno, economía, sociedad y urbanismo de Vega Baja en el siglo XIX (1 hora) | Carlos M. Ayes Suárez

Museo Casa Portela. Entrada Libre

Tercera Sesión: Documentos de nuestra historia desde la colonización

(Selección de lecturas por el Dr. Carlos M. Ayes Suarez)

LECTURA 1

La vida en comarca. 1

El 15 de junio de 1508, el comendador mayor Fray Nicolás de Ovando firma unas capitulaciones para iniciar la conquista de la isla de San Juan Bautista con el adelantado Juan Ponce de León. Pocos días después, el 12 de agosto del mismo año este atraca su embarcación en una playa de la costa sur de la isla en las inmediaciones del asentamiento del cacique Agüeybana con una tripulación de 50 individuos. La aparente desconfianza de parte de los indios hacia los españoles debido a su obvio conocimiento de los violentos sucesos de La Española y por advertencia de la anciana madre del cacique, tratan de evitar que se repitan los hechos y entablan con Ponce de León un tratado de amistad mediante una ceremonia de intercambio de nombres. Anota el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que luego del tratado de amistad con el cacique Agüeybana“… el hijo se anduvo con el capitán Johan Ponce, y le dio una hermana suya por amiga, y le llevó a la costa o vanda del norte de aquella isla, y le mostró algunos ríos de oro, en especial al que se dice en aquella lengua Manatuabón y otro que llaman Cebuco, que son dos ríos ricos, de los quales el capitán Johan Ponce hizo coger oro, y truxo gran muestra dello a esta isla Española al comendador mayor….” Existe información cronológicamente contradictoria con relación a las exploraciones mineras iniciales y a las exploraciones mineras que se iniciaron una vez arriba Ponce de León a la isla luego de firmar las capitulaciones para llevar a cabo la conquista. Según el cronista Fernández de Oviedo, durante la exploración del litoral marino norteño, Juan Ponce de León hizo atracar su embarcación presumiblemente en la ensenada donde desemboca el Río Cibuco, bajó a tierra y presumiblemente entró en contacto con los habitantes nativos de la región. Con la idea en mente de conocer el potencial minero del lugar lleva a cabo catas en los placeres del río y obtuvo muestras de oro. Ya había ensayado dicha búsqueda en la parte sur de la isla y al continuar su bogeo hacia el oeste atraca nuevamente en el lugar donde desemboca el Manatuabón. Donde obtiene iguales resultados de sus catas. Decide entonces navegar de regreso a La Española. Resulta obvio que cuando se anota que cuando “el capitán Johan Ponce hizo coger oro, y truxo gran muestra dello a esta isla Española al comendador mayor.” no se refería a la ocasión de que se da cuenta de su visita a dichas regiones acompañado del hijo del cacique sino a una ocasión previa. De hecho, en la Probanza del “lenguas” Juan González de 8 de junio de 1532, este observa que “Y allegamos a puesta de sol a unos ríos que se llaman de Mabilla, que podrá aver ocho leguas, poco más o menos, desde el pueblo de los cristianos a ellos…y…dieron con los indios cuatro catas en lo mejor de los arroyos, las dos en dos madres del río y las otras dos, la una en una sabana, y la otra en una barranca del un arroyo, y se sacó de todas cuatro catas buen oro…y acabadas de labrar…nos partimos…para otro río que se llama Cibuco y que podía aver dos leguas desde estos ríos y arroyos de Mabilla…y de allí fuimos a otras quebradas, que pusimos por nombre los arroyos, y dimos en cinco de ellas diez catas, y en todas diez hallamos buen oro, que podía aver una legua desde Cibuco a ellos y de ally salimos obra de media legua a otro río que de Caynabón y a otro que se llama Manatoabón…” Según el historiador Jalil Sued Badillo, dichas exploraciones se llevaron a cabo en el 1506. Es decir, antes de que de Ovando y Ponce de León firmaran las capitulaciones y durante el periodo que el mismo comendador mayor había capitulado con Vicente Yáñez Pinzón la conquista de la isla. Por eso es que Ponce de León insiste en asentarse en el área costera más cercana a las futuras minas. De hecho, según se desprende de la Probanza de Diego de Villalobos, se consideraban las minas de Cibuco como las mejores de la isla. Y esto era así porque, según el testimonio de Miguel de Toledo, el oro obtenido de los placeres de los cuerpos fluviales de la región sólo mermaba a dos y medio y tres pesos, lo que representaba oro de buena calidad en pureza y limpieza. Pocos meses después de la visita del Adelantado Juan Ponce de León, este se asienta en el poblado o yucayeque del cacique Guaraca de Guayaney, en el banco oriental de la desembocadura del Manatuabón a pocas leguas hacia el occidente del Sebuco. Varios debieron haber sido los motivos para haber seleccionado dicho lugar como asiento de su empresa colonial. Pero resulta obvio que los resultados obtenidos por este de sus catas exploratorias tanto en el Manatuabón Alto como en el Bajo y la gran densidad demográfica de la región, ya observada de antemano, según se desprende de los documentos de la época, fueron los factores principales. Para el desarrollo de la empresa minera que iniciaba necesitaban de una fuerza laboral con la que no contaban. Pese a esto informan del uso de trabajadores indígenas durante las exploraciones mineras que llevan a cabo en las cuencas de los ríos Mavilla, Cibuco, Caynabón y Manatuabón. De ahí que decidieran apropiarse del trabajo de los taínos llevando a cabo una reorganización del mismo bajo un sistema de encomiendas. De hecho, el 1 de mayo de 1509, Ponce de León solicita autorización para aprovecharse del trabajo de los indios y Fray Nicolás de Ovando lo autoriza a llevar a cabo el primer repartimiento donde se da cuenta de que repartieron 5,000 indios y 500 indias. Es durante ese primer repartimiento que el cacique Guacabó es encomendado por Ponce de León a la Granja del Rey. Al observar que los taínos mantenían un sistema político donde el cacique ejercía de forma dictatorial el poder, entendieron que la reorganización del trabajo de los taínos tenía que llevarse a cabo manteniendo la estructura de poder de los caciques sobre el resto de la población. De esa manera comienzan a concentrar la población indígena cerca de las “haziendas de minas”, otorgándoles a los caciques y su familia cincuenta naborías para su servicio personal y comenzando la alfabetización de los niños de los caciques como parte del proceso de adoctrinamiento cristiano. Tanto el cacique Guaraca de Guayaney como el cacique Guacabó de Sebuco, junto a los caciques Orocoviz, del cauce alto del Manatuabón; y Aramana, del cauce del Toa, fueron encomendados por el Adelantado Juan Ponce de León; Guacabó y Aramaná a Diego Colón en la Granja del Rey. (No olvidar el contacto en los años iniciales) Sin embargo, cuando Juan Cerón lleva a cabo el segundo repartimiento de indios, le permite a Juan Ponce de León retener al cacique Guaraca de Guayaney pero le quita al cacique Orocoviz, cuya encomienda debió de haber estado relacionada con las minas del Manatuabón Alto y al nitaíno Guamaraca de Guacabó. El cacique Orocoviz es encomendado por el propio Juan Cerón mientras que el nitaíno Guamaraca de Guacabó es encomendado a Juan Bono de Quejo. El dia 12 de marzo de 1513, el rey ordena que se le den 100 indios a Hernando Mogollón, aposentador de la villa de Caparra en San Juan. A través de un pleito incoado por Antonio Sedeño contra Miguel de Castellanos por indios de encomienda en 1527 y mediante el interrogatorio de testigos sabemos que el cacique Guacabó fue encomendado al estanciero Hernando de Mogollón y que Guamaraca de Guacabó fue encomendado a Juan Bono de Quejo. No olvidemos que ya el cacique Guacabó había sido desplazado a la Granja del Rey por el mismo Ponce de León.

Durante el interrogatorio a Diego de Cuellar este declara que en efecto, inicialmente le habían encomendado un grupo de cien indios del cacique Abey. Sin embargo, “…se quexava muchas vezes eldicho Mogollon diciendo que tenia pocos yndios e que después oyo decir a muchas personas que le avian encomendado otro capitán pero que no sabe quantas personas tenia.” dicho Mogollon diciendo que tenia pocos yndios e que después oyo decir a muchas personas que le avian encomendado otro capitán pero que no sabe quantas personas tenia.” El dia 23 de julio de 1519, Martín de Medrano informa haber notificado y leído el mandamiento del Licenciado Antonio de la Gama para iniciar la investigación que se iba a llevar a cabo para el juicio de residenciamiento de Sancho Velázquez (1519-1520) en la estancia de Hernando Mogollón localizada en la ribera del Toa. A través de dicha información podemos concluir que fue a su estancia localizada en la Ribera del Toa donde fue trasladado el cacique Guacabó junto a sus naborías.

Nos llama la atención la mención que hacen de que uno de los “capitanes” o “nitaínos” del cacique Guaraca de Guayaney era Guamaraca de Guacabó. Esto nos sugiere la posibilidad de que el cacique Guaraca fuera de mayor jerarquía que el cacique Guacabó y que, por ende, la casta de “nitaínos” provenía no solo del propio cacicazgo de Guayaney si no de los cacicazgos alrededor de este.

El nombre de Guacabó, aunque parece haber sido muy común entre los taínos encomendados, parece identificar a los parientes del cacique Guacabó. Afirmamos que pudieran ser parientes porque hemos identificado otros indios provenientes del cacicazgo de Sebuco cuyos nombres eran Juan Pérez y Magdalena, que no hacían uso del nombre Guacabó, encomendados a Antonio Sedeño en el Aymanio. Vamos a encontrar en muchas relaciones de dicho periodo la mención de indios con dichos nombres encomendados en los valles del Turabo, Toa y Otoao los cuales pudieron ser oriundos del cacicazgo del Cebuco. También encontramos la mención repetida de los nombres Guamaraca y Cucana los cuales asociamos a los cacicazgos del Guayaney y del Cebuco. El nombre Cucana identificaba la actual Ciénaga Tiburones.

En la “Granja del Rey” se da cuenta de que hay un indio de nombre Padre Guacabo, lo que sugiere su ancianidad pese al hecho de que no hace mención de que este fuera cacique o “capitán”. Lo que, como sabemos, conllevaba ciertos privilegios o tratos preferenciales. Es de suponer, entonces, que el cacique Guacabó de Sebuco, el cual fue encomendado al Regidor Hernando de Mogollón en su estancia del Toa, aparece previamente alistado en la Granja del Rey para el periodo en que (29 de agosto de 1513 – 9 de abril de 1517/26 de junio de 1516 – 8 de marzo de 1519) se lleva a cabo la relación del vestuario suministrado a los indios encomendados. Resulta obvio el hecho de que el cacique Guacabó es retenido como “naboría de casa de minas” hasta que el 22 de septiembre de 1514, es finalmente encomendado a Hernando Mogollón. Desde el momento en que fue encomendado hasta su última mención en los documentos de la Real Hacienda, transcurrieron al menos diez años de coerción de su trabajo por los conquistadores.

Resulta de gran relevancia el hecho de que Padre Guacabó aparece alistado como naboría de casa de minas el 26 de junio de 1516 con el cacique (¿Diego?) Aramaná en la Ribera del Toa. Diego Aramaná tenía entre sus esposas a Magdalena Guabuca (¿Guacabo?), hermana del cacique Guacabó. No se debe pasar por alto el hecho de que si Magdalena Guabuca era la única hermana de Guacabó, sería un hijo de esta con el cacique Aramaná quien tendría la sucesión de éste como cacique. Observa el Dr. Ricardo E. Alegría que dicho matrimonio es evidencia de las alianzas matrimoniales entre los caciques.

El desplazamiento de la población originaria del Sebuco hacia el Toa incidió, junto a otros factores, sobre todo epidemiológicos y laborales, a la reducción de la misma. Ya para la tercera década del siglo XVI (1528) se ha evidenciado la introducción de indios esclavos procedentes de la Isla de las Perlas (Isla Margarita) de la costa suramericana al menos en la estancia de Rodrigo Ortiz, localizada en el Unibón, cerca de las viejas “mynas de çybuco”, al igual que esclavos negros. Como parte de un pleito judicial por el asesinato de Francisco Gutiérrez, negro horro, por su propio padre, el estanciero Rodrigo Ortiz, se hace mención de que los indios Juanica çibagua y Juanico macolote eran parte de ladotación de esclavos de la misma. Ambos indios habían sido introducidos por el propio estanciero desde América del Sur.

Durante dicho periodo se anota la existencia no solo de estancias, como las de Rodrigo Ortiz y Juan Santiago (Juan Gonçales – estante en la estancia de Rodrigo Ortiz proveniente de las minas de Cibuco) en Unibón, sino de la crianza de ganado porcino en el “Cebuto el Bajo” (Cibuco Bajo) por parte de Francisco de Cardona y Francisco de Barahona, quienes le vendieron “…veinte puercas preñadas y treinta puercos, y cree que un verraco o dos…” al Licenciado Sancho Velázquez quien tenía una estancia en la Ribera del Toa.

Las condiciones geomorfológicas de la región del Cibuco Bajo resultaban favorables para la crianza de ganado porcino. Grandes extensiones de terrenos de los llanos costaneros del norte conformaban extensas marismas o ciénagas de las cuales se conservan importantes reductos. A principios del siglo XVII, el Capitán General Sancho de Ochoa, observa mientras explica el problema que representaba para la seguridad de los habitantes los continuos asedios de los indios Caribes, que “…han puesto tanto miedo en toda la isla que se van despoblando las estancias que están cercas de las marismas, que son las mejores y más provechosas respecto de ser el pasto del ganado de cerda de toda la isla…”

Anota el investigador Jalil Sued Badillo, que “Todavía en la década de los treinta se nombran las minas de Manatoabón, Alto y Bajo, de Cibuco, Alto y Bajo, como centros mineros, habiendo sido estos los primeros en descubrirse en 1508.”73 Sin embargo, a la vuelta de la próxima década era evidente de que las minas se habían agotado, pues al hacer referencia a las mismas las llaman las “minas viejas de Cebuco”. El 21 de enero de1542, trece estancieros habitantes de la Ribera del Cibuco le plantean al Cabildo de San Juan su reclamo de que se redujeran los hatos ganaderos de una a media legua de manera que no solo pudieran proteger sus cultivos del ganado que pacía en la vasta región sino que pudieran ellos mismo criar su propio ganado para abastecerse de carne. Entre los peticionarios se encontraba Frey Bernardo; lo que evidencia la importancia de los vecinos desde el punto de vista demográfico.

FUENTES SELECCIONADAS

Fernández Méndez, Eugenio. Las encomiendas y esclavitud de los indios de Puerto Rico: 1508-1550. Sevilla. Separata del Tomo XXIII del Anuario de Estudios Americanos, 1966. Página 6.

Las hordenancas (para el) tratamiento de los indios. AGI. Indiferente General, Legajo 419, Libro 4. En Alegría, Ricardo E. Editor. Documentos Históricos de Puerto Rico. Volumen I. 1493-1516. Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, Instituto de Cultura Puertorriqueña. San Juan. 2009.

Murga Sanz, Vicente. Historia documental de Puerto Rico. Volumen II. El juicio de Residencia, moderador democrático: Juicio de Residencia del Licenciado Sancho Velázquez, Juez de Residencia y Justicia Mayor de la Isla de San Juan (Puerto Rico), por el Licenciado Antonio de la Gama (1519-1520). Sevilla, 21 de diciembre de 1956. Página 520.

Probanza de Juan González (1532). Acompañó a Juan Ponce de León en 1508. AGI. México 203. Citado en Sued Badillo, Jalil. El dorado borincano: la economía de la conquista (1510-1550). Ediciones Puerto. San Juan, 2001. Página 332.

EJERCICIOS

  1. ¿Cuándo fueron firmadas las Capitulaciones entre el Comendador Mayor Fray Nicolas de Ovando y Juan Ponce de León para la conquista de la isla?
  2. ¿Cómo se conocía en la lengua taina la ceremonia de intercambio de nombres?
  3. ¿Por qué se consideraban las minas del cibuco como las mejores de la isla?
  4. ¿En que consistía el sistema de encomiendas y en que año solicito autorización Juan Ponce de León para encomendar los indios?
  5. ¿A quien fue encomendado el cacique Guacabo y a donde fue relocalizado?
  6. ¿De donde provenía la casta de nytainos del cacicazgo de Guayaney?
  7. ¿Para cuando se registra la introducción de indios suramericanos en las estancias de Unibon?
  8. ¿En que consistió el pleito legal del estanciero Rodrigo Ortiz?
  9. ¿Qué es un negro horro?
  10. ¿Cuál fue el producto principal de crianza en cebuto el bajo?

LECTURA 2

“La Iglesia, y Capellania de Manatí, tiene los Feligreses que viven en aquel contorno, y si no pudieren sustentar el Capellan, declaramos, que deben acudir á la Iglesia del Arecibo, adonde por mayor cercanía, y comodidad suya los agregamos.

En la rivera de Toa, hay dos Iglesias con un Capellan, que en cada una asiste medio año, en el ingenio de Doña Violante Ferrer está la una, y la otra en el ingenio de Pedro Moya difunto, á esta Capellania están agregados todos los que viven en la rivera del rio de Toa desde la puntilla, hasta la boca, y ahora agregamos las estancias de la vega de Sibuco, y de Cabo Carigua, con los Hatos, y criaderos de ganado, que están en los cerrillos con distancia de tres leguas.”

Constitución XII titulada “De la obligación de oir Misa los que residen en los campos”

LECTURA 3

S r Govor Capn G ral é Intendte Mui Sor mio: para dar la razon que debo de la extencion de este Partido demi mando, con arreglo á lo prevenido por VS en circular que existe en mi Poder (cuyo cumplimto no he puesto en practica hasta el precente a causa de algunos achaques que han imposibilitado mi persona; y la continuacion de lluvias en meses pasados) Y teniendo a bien dar principio a esta diliga por hayarme en apt[roto] para ello. Se me ofrecen varios obstaculos que me obscurecen é imperfeccionan quanto intento sin poder dar un paso ami deceado cumplimiento. Y para más claramte explicarme hare mi expocision por particulares en la forma sigte= Primo. Quando se establecio Poblacion en la vega fue con el objecto de un solo Pueblo, qual fue la Vega Alta; y por convenio del primer Tene á Grra que se nombro en dha vega, este con el de Manati determinaron un punto provicional sin otro requisito que señalar un Arbol en el Camino Real. Sucedió a poco tmpo la F/1formacion de la Ygla del Naranxal y baxo el mismo lindero ó punto se establecio su Poblacion conocida ahora por la vega baxa, sinque la Jurisdicion se estendiese amas que lo que estaba anteriormte por la parte de Manati, y solo dividiendola por la parte dela vega Alta que es el unico deslinde que se ha hecho con las formalidades devidas por el Caballo D. Ing Ygnacio Mascaró. Segundo= Que haviendo principiado a hacer mi mensura y hecho los carculos correspondientes, me encuentro que por la parte del Norte de esta Ygla y Poblacion me queda el hato dela Yeguada sin conocimto delo que en [roto] parte me pertenece por falta de deslinde; y por el Sur en igual linea ó por mejor deciguar paralelo, me quedan los hatos y criaderos, de Franques, Barahona, Morovis, San Lorenzo, los Barros, y el Pasto, que 390 indisputablemente por su situacion deben pertenecer a este Partido, como han pertenecido las Perchas que estan en la misma Linea. Tercero = Qué medido dela Ygla del Naranjal al punto de Manati, solo resultan treinta cuerdas; y de dha Ygla ala Jurisdicion de Vega Alta setenta: Esta es la extencion que se F/2 debe entender de este Partido de ancho Leste, Ueste, porque lo largo si se mide Norte, Sur, será poco mas á causa de que todos los hatos y criaderos relacionados, los tiene Manati por suyos. Este extracto dará conocimto a V.S. para comprehender que no puedo hacer mensura arreglada, y que este Partido es un retazo que jamas puede ser de mayor utilidad ni nombre, y por consiguiente sus moradores viviran opresos y afligidos aunque no tuviesen otra pension qe el salario del Pe Cura respecto a que Manati le retire la mayor parte desu Jurisdicion quando aunque sele desmembre no le hace ninguna falta a su opulencia; y quando aun quasi no estan Poblados estos hatos y criaderos relacionados sino amui pocos vecinos. En este supuesto espero que V.S. conmovido de este informe provea el mas pronto remedio a beneficio de este Partido, autorizandonos ami y al Tene a Grra de Manati para que convenidos los dos hagamos un proporcionado deslinde apartandolo amas dista de esta Ygla respecto ala proporcion que hai para ello, y que principie por punto dividente la Laguna grande que confina con el mar acia el Norte y siguiendo al Sur al alto de Patron siguiendo linea F/3 recta apasar por entre Barahona y Mata de Demajagua en derechara hasta la Jurisdicion de Coamo con quien confronta este Partido: Y quando este convenio tenga algun tropieso por no convenir alguna delas partes se servirá V.S. comicionar en forma a Dn Jph Maisonet como imparcial y que actual se haya con Comicion para la demolicion 391 delos hatos y criaderos relacionados que deben pertenecer a este Partido: con cuyo efecto podré dar con asierto la relacion dela extencion de este Partido y por consigte quedará mejorado de la miseria. N tro S or que la importante vida de V.S. Ms a s Vega Baxa 22 de marzo de 1809. A los p de V.S. su subdito y servor Manl Negron [Firmado]

LECTURA 4

Rectificación histórica sobre la fundación del pueblo.

Acta del Cabildo de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico del 21 de agosto de 1775.

Como parte de un cuestionario enviado a la Gobernación y Capitanía General sobre la riqueza territorial de la Isla, se les pregunta a los funcionarios en qué “poblaciones y en qué parajes” se podía fomentar el desarrollo agrícola. En respuesta a la pregunta informan sobre distintos pueblos o parajes entre los que mencionan La Vega Alta y Baja. Pero como parte de la misma información advierten que lo mismo dependería de que “…en inteligencia que siempre que se fomenten los pueblos…”, algunos de ellos ya establecidos, se podía no solo fomentar su desarrollo si no clasificar algunos de ellos en villas a las cuales se podían adscribir los mismos. Los pueblos en cuestión se adscribirían a los Distritos encabezados por las propuestas villas de Arecibo, Aguada y Coamo. Como parte de dicha estructuración se recomienda que se adscriba la Vega Alta y Baja al Distrito de la Capital. Los pueblos mencionados se agrupan en las categorías de establecidos, fomentados y parajes. En el informe son muy categóricos al establecer que la erección de los pueblos de Tallaboa y Luquillo dependía de ser fomentados. La mención del pueblo de La Vega Alta y Baja como una sola unidad geopolítica puede ser claramente explicada por el hecho de que para la fecha del informe no solo se había fundado el pueblo de La Vega si no que se había delimitado su territorio separándolo del pueblo de Manatí. De hecho, en el informe no se hace referencia por separado de los pueblos de Vega Alta y Vega Baja si no al pueblo de Vega Alta y Baja como uno solo. Entiendo que la mención hace referencia a Vega Baja como paraje de La Vega y no como pueblo establecido o fomentado. Lo que sí llama la atención es el hecho de que ya para el 21 de agosto de 1775 el paraje era identificado como La Vega Baja.

Fundación mediante Real Cédula no. 481.

El Dr. Cayetano Coll y Toste anota que el 18 de abril de 1779, mediante la Real Cédula No. 481, se había aprobado la fundación de siete pueblos nuevos en la Isla, entre los que se encontraban Cayey, Fajardo, Aguadilla, Rincón, Moca, Caguas, La Vega ó Naranjal y Cabo Rojo. En la página 246 del Tomo 1 añade erróneamente que el 18 de abril de 1799, el Rey aprueba la fundación de los siete pueblos. Resulta obvio que se trata de un error tipográfico al escribir la fecha (18 de abril de 1799 por 18 de abril de 1779), ya que, al revisar el listado de Reales Cédulas correspondientes al año de 1799, no hay mención alguna con relación al acontecimiento descrito. De hecho, el proceso de fundación de dichos pueblos se lleva a cabo bajo la gobernación del Brigadier Don José Dufresne quien ocupa el puesto entre el 2 de junio de 1776 y el 1783.

El recorrido de Fray Agustín Iñigo Abbad y Lasierra durante la pastoral: 1776-1777.

Entre los años de 1776 y 1777, Fray Agustín Iñigo Abbad y Lasierra (Periodo en que estuvo en Puerto Rico: 1771-1778) acompaña al Obispo Fray Manuel Jiménez Pérez, como secretario durante su pastoral alrededor de la Isla y observa que para el año de 1773, los vecinos de La Vega habían completado la construcción de la iglesia. Sin embargo, afloraron los conflictos entre estos al momento de formalizar la Ayuda de Parroquia. Sobre este particular el fraile benedictino Agustín Iñigo Abbad y Lasierra, mientras lleva a cabo una descripción de las poblaciones que visitaba durante su recorrido pastoral en la Isla, anota que “Poco después se pasa el río de la Vega, que da nombre a este territorio, en el cual se erigió en 1773 una ayuda de parroquia para 219 vecinos y 1,011 almas que lo habitan; pero los pleitos que han ocurrido sobre la elección del sitio entre los Mulatos, Vegas, Bonillas y Negrones, no han permitido formalizarla.”

El conflicto que había aflorado evidencia que la población estaba dispersa y que había un sector de ella que no estaba de acuerdo con el hecho de que se reconociera la iglesia recién construida como Ayuda de Parroquia debido a que lo mismo no les resultaba favorable para sus planes de fundar el pueblo en su comarca. Esto nos sugiere que los opositores dentro del conflicto, que formaban una parte significativa de los 219 vecinos de La Vega mencionados por el fraile benedictino, se encontraban distantes de la nueva iglesia y, por ende, se les dificultaba no solo cumplir con sus obligaciones religiosas si no que afectaba sus planes.

Resulta obvio que estamos hablando en términos generales de una población numerosamente mulata y de miembros de tres de las familias más antiguas e influyentes de la Ribera de la Vega, Cabo Caribe y Cerritos; los Vega, los Bonilla y los Negrón. Pese al mencionado conflicto, el proceso de fundación del nuevo pueblo continuó y el 19 de junio de 1775 se oficializó. De hecho, Abbad y Lasierra anota que para finales de 1776, no había ni iglesia ni cura en La Vega mientras que menciona la existencia de una iglesia en [Las Vegas de San Sebastián del] Pepino cuyo cura era Don Joseph González. Evidentemente la iglesia que se encontraba en construcción en 1773, después de la fundación no existía o se había abandonado. De hecho, en 1775 Fernando Miyares González observa que el pueblo de La Vega “Tiene iglesia, pero hasta ahora ha estado muy indecente”.

En otra tabla de su obra, donde se presenta un estado general de la isla, se incluyen datos estadísticos tanto del Partido de Manatí como del Partido de La Vega también fechada a finales del año de 1776.

La estadía del Capitán Fernando Miyares González (1749-1818) como Secretario de la Gobernación y Capitanía General: 1775 -1779 (Periodo de estadía: 1 de agosto de 1769- 14 de agosto de 1779.) Escribe en 1775. Copiado entre 1778 y 1779. Páginas 65-66.

El Capitán Fernando Miyares González llega de Cuba el 1 de agosto de 1769, a ocupar el cargo de Secretario de la Gobernación y Capitanía General. Estuvo en Puerto Rico hasta el 14 de agosto de 1779, cuando fue traslado a otra jurisdicción. En el año de 1775, redacta su obra “Noticias particulares de la Isla y Plaza de San Juan Bautista de Puerto Rico”, la cual es copiada entre los años de 1778 y 1779.

Aunque escribe el manuscrito en 1775, permaneció en Puerto Rico hasta el 14 de agosto de 1779 y no hizo mención alguna a la existencia del pueblo de La Vega del Naranjal, aunque menciona las Vegas y Pepino, Moca (7 abril de 1772), Aguadilla (1 de febrero de 1775), Cabo Rojo y Cayey de Muesas. (Ver Coll y Toste) Como parte de la descripción que hace del Partido de La Vega y los datos de su fundación menciona que el mismo era “el pueblo más moderno de la isla…”

De la Ayudantía de Parroquia a la Parroquia independiente: 1791-1794.

Ya hemos descrito el hecho de que posiblemente desde el 1768 los vecinos de La Vega iniciaron la construcción de la iglesia con el propósito de cumplir con uno de los requerimientos para poder fundar el pueblo y como ya para el 1773 existía una iglesia cuya descripción no tenemos pero que al momento de conseguir la aprobación para la fundación del pueblo ya existía aunque en un “estado muy indecente”. Al extremo tal que para finales de 1776, ya no tenían ni iglesia ni cura. La construcción de la iglesia durante el periodo fundacional estuvo permeada de un serio conflicto entre los vecinos de La Vega en cuanto a donde establecer la Ayudantía de Parroquia. Lo que presupone que existía gente viviendo dentro de otra comarca en el mismo partido que reclamaba que se estableciera la misma en su área posiblemente con la intención de disputarles la sede del nuevo pueblo. Aunque la gestión no progresó, resulta obvio que para finales de 1779, ya existía una iglesia en La Vega del Naranjal pero no contaban aun con un Padre Cura que la administrara y tanto la iglesia de La Vega de Espinosa como de La Vega del Naranjal seguían dependiendo de la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria y San Matías Apóstol de Manatí. Para el 1791, se establecen las Ayudantías de Parroquia en ambas iglesias y para el 1794, ambas se convierten en Parroquias separándose de la iglesia de Manatí.

El deslinde entre la Vega Alta y la Vega Baja ejecutado por el Ing. Ignacio Mascaró y Homar: 1797

En el Partido de la Vega se observa entre 1776 y 1779 un aumento en la población de 747 individuos (1776: 914. 1779: 1661). Al año siguiente de 1780, la población disminuye en 394 individuos (1780: 1267). A partir de ese año, hasta el censo de 1795, la población sigue su crecimiento natural hasta llegar a los 1873 individuos. Previo al año de 1776, las únicas estadísticas de población disponibles corresponden al censo de 1765, para el Partido de Manatí. Al no existir estadísticas para dicho periodo y sabiendo que el Partido de la Vega se separó de Manatí en 1768, podríamos plantear la posibilidad de que no hubo registros estadísticos para el periodo de 1768 – 1775 para el Partido de La Vega. La disminución de la población de La Vega para el 1780, podría corresponder a la escisión del territorio con el que se conformó el nuevo Partido de La Vega del Naranjal en 1779. La cifra de 394 individuos podría corresponder al primer censo de población del nuevo pueblo. De hecho, las primeras estadísticas censales oficiales para el Partido de La Vega Baja del Naranjal corresponden al año de 1797 (973 individuos). Asumimos que la población de La Vega del Naranjal no volvería a conformar parte de las estadísticas hasta ese año. Durante el mismo se censan 942 hombres libres y 31 esclavos para un total de 973 individuos. Lo que sí resulta obvio es el hecho de que a partir del año de 1797, el nuevo pueblo de La Vega Baja del Naranjal se separaría definitivamente del pueblo de La Vega Alta de Espinosa.

El deslinde de 1797.

Del informe en que Don Manuel Negrón Maldonado explica los orígenes de la población (1809) se interpreta que en el momento en que establecen la raya entre La Vega Baja y Manatí (1768) el mismo no existía. La construcción de la iglesia del Naranjal, construida a orillas del Camino real, antecedió al eventual desarrollo del pueblo de Vega Baja en sus inmediaciones. Pese al hecho de que surge el enclave urbano, el mismo se desarrolla dentro de la jurisdicción del Partido de La Vega. Posteriormente con el propósito de deslindar el territorio correspondiente a la nueva población se encomienda al ingeniero Don Ignacio Mascaró y Homar para establecer la raya.

En una de las sesiones del Primer Cabildo Constitucional (1813), se observa que el trazado de la raya entre los Partidos de Vega Alta y Vega Baja era un “hecho público y notorio”. De hecho, como parte del mismo documento informan que la línea divisoria de ambos Partidos fue desde la boca del Caño de la Balandra cruzando por el paso Rl de Sibuco, á un Arbol de guaraguao que esta en el Cerro de los Cuervos hasta la boca del Rio Lamas…” El historiador Luis de la Rosa Martínez relaciona el deslinde con la erección definitiva de la parroquia. De hecho anota que a partir de 1797 “…se organizó políticamente el territorio municipal de la “Vega Baxa del Naranjal de Nuestra Señora del Rosario.”

La Tradición oral en la documentación decimonónica.

Cuando el Alcalde Ordinario Don Antonio María Dávila Bonilla responde el cuestionario de la Circular No. 60 del 10 de mayo de 1824 responde a la pregunta “Cuando se fundo el pueblo, á quien esta dedicado como patrono, el acta ú orden para fundarlo” afirmando que el mismo había sido fundado hacía 48 años y que “Su dedicación á la Virgen Sma. bajo la advocación del Rosario: El Acta ú Orden para su fundación; no existe en este Archivo.” No se debe perder de perspectiva que advierte la misma autoridad municipal que en sus archivos no tenían documento alguno que evidenciara la fecha de fundación del pueblo.

A base de la información suministrada por las autoridades municipales, Pedro Tomás de Córdova, Secretario de la Gobernación, publica en 1831 las “Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la Isla de Puerto Rico”. Y es a partir de ese momento que comienza a repetirse la fecha de 1776 como la fecha de fundación del Partido de Vega Baja en autores decimonónicos tales como Julio L. Vizcarrondo y Manuel Ubeda y Delgado.

FUENTES SELECCIONADAS

Abbad y Lasierra, Fray Agustín Iñigo. Historia Geográfica, Civil y Natural de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. Estudio preliminar de Isabel Gutiérrez del Arroyo. Editorial Universitaria. Río Piedras. 1979. 320 páginas.

Anejo XI fechado el 21 de agosto de 1775. ACSJ: 1774-1777. Municipio de San Juan, Puerto Rico. 1966. Páginas 305-306.

Córdova, Pedro Tomás. Memorias Geográficas, Históricas, Económicas y Estadísticas de la Isla de Puerto Rico. Tomo 2. San Juan de Puerto Rico, Ediciones Borinquen, Editorial Coquí. 1968. Primera Edición 1831. Pp. 90-94.

Miyares González, Fernando. Noticias particulares de la Isla y Plaza de San Juan Bautista de Puerto Rico. Apunte preliminar por Eugenio Fernández Méndez. San Juan, Ediciones de la Universidad de Puerto Rico. 1957. 146 páginas.

EJERCICIOS

  1. Según el acta del Cabildo de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico del 21 de agosto de 1775, ¿existía gente viviendo en el paraje de Vega Baja?
  2. Según el Dr. Cayetano Coll y el, ¿Cuándo se autoriza la fundación del pueblo de La Vega o Naranjal?
  3. ¿Durante el recorrido por la isla de Fray Iñigo Abbad y Lasierra, acompañando al obispo Fray Manuel Jiménez Pérez en su pastoral entre los años de 1776 y 1777, hace este mención de la existencia de Vega Baja como pueblo?
  4. El capitán Fernando Miyares González, secretario de la gobernación y capitania general estuvo en Puerto Rico entre 1769 y 1779. En 1775 escribe su obra sobre Puerto Rico, la cual es copiada entre 1778 y 1779. ¿Hace mención durante su descripción de la isla de la existencia del pueblo de Vega Baja?
  5. ¿En que año se establecen las ayudantías de parroquia de Vega Alta y Vega Baja y en que año se convierten en parroquias?
  6. ¿En que año el Ing. Ignacio Mascaro y Homar deslinda el territorio entre Vega Alta y Vega Baja?
  7. Describa de norte a sur por donde se trazo la raya entre Vega Alta y Vega Baja.
  8. En el momento en que el Alcalde Ordinario Don Antonio María Dávila Bonilla responde el cuestionario de la Circular No. 60 del 10 de mayo de 1824, ¿existía el acta de fundación del pueblo?

1Tomado de “Los lindes de mampostería: culminación del proceso de estructuración del imaginario territorial del Partido de Vega Baja. Periodo Formativo: 1768-1847. “. Tesis doctoral del Dr. Carlos M. Ayes Suarez.

Miércoles 3 será Tercera Sesión del Diplomado: Prehistoria e historia de Vega Baja hasta su fundación

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

El arqueólogo e historiador vegabajeña Carlos M. Ayes Suárez habrá de ofrecer la tercera sesión del Diplomado en Historia Vegabajeña mañana miércoles 3 de julio a las 7:00 de la noche en el Museo Casa Portela.

En la misma se ofrecerá el producto de investigaciones que el Dr. Carlos M. Ayes Suárez ha realizado en los últimos años para obtener el grado de Doctorado en el Centro de Estudios de Puerto Rico y del Caribe. La entrada es libre para todos.

La memoria vegabajeña

por Thomas Jimmy Rosario Martínez, Escuela de la Historia Vegabajeña

Hace algunos años, por un tumor en la pituitaria, padecí de pérdida de memoria. Como consecuencia, comencé a sufrir trastornos hormonales, con síntomas y consecuencias transitorias y permanentes. Uno no puede saber cuándo empezó a afectar mi mente, pero aun hay cosas que no recuerdo de ese período de tiempo.

Asimismo, cuando se interrumpe una vida por cualquier padecimiento, situación personal o por la muerte, la transmisión de ideas, la realización de obras y la presencia en el mundo dinámico no se da, produciéndose una realidad alterna a la que podía ser tomada como costumbre. En ese momento se apaga la historia de la persona por un tiempo o permanentemente y el fruto de las vidas no lo podemos recoger.

Recientemente y casi simultáneamente fallecieron dos educadoras de excelencia en nuestra ciudad. Al notificar su fallecimiento, otros y nosotros escribimos sobre la obra particular de cada una, pero en las exequias fúnebres de ambas, se vertieron las memorias de algunos sobre la grandeza de ambas. Esos detalles importantes casi nunca son recogidos para la posterioridad y solo se quedan en el recuerdo de los que relatan y los que escuchan, lo que con el tiempo se distorsiona, omite, reduce o se olvida.

La memoria se convierte en historia cuando se graba, se reseña o se escribe. Mientras tanto, es consumo fugaz de los que le prestamos atención y posteriormente se convierte en olvido repentino o paulatino de muchas verdades que pueden ser importantes para nuestra historia colectiva.

Desde que comenzamos la Escuela de la Historia Vegabajeña fue nuestra intención perpetuar testimonios de personas que pudieran dar luz al pasado y presente vegabajeño para que no hubieran esos espacios difíciles para los historiadores del futuro donde no se puede determinar lo que es verdad o ficción. No significa que hayan inexactitudes en testimonios, pero las fuentes primarias siempre son las que pueden dar prueba directa de los acontecimientos.

Hay quien piensa que en una época tan vasta de recursos tecnológicos, es un acto de indiferencia, negligencia y hasta de naturaleza criminal no perpetuar los momentos importantes de un pueblo, de una familia o de una persona. Esa línea de pensamiento nos coloca a todos, gobierno y mundo civil, en igual responsabilidad de dotar al futuro de las mejores fuentes de información como documentos, tradición oral, testimonios, opiniones e ideas en todos los formatos y lugares posibles y reproducirlos para prevenir su desaparición.

En 2014, los Investigadores de la Escuela de la Historia Vegabajeña propusimos una lista de personas para invitarlas a darnos su testimonio de vida. Muchas de ellas tenían mucha edad. Prevenidos de que la longevidad no es eterna, tratamos de cumplir con nuestro bucket list institucional. Pero antes siquiera de que pudiéramos convidarlos al banquete histórico, muchos de ellos fueron incapacitándose, indisponiéndose mental o físicamente o pasando por la transición.

Tuvimos mucha suerte con Tilín Pérez y con otros. A Tilín incluso pudimos darle una despedida en ocasión de su fallecimiento en Casa Museo Portela, a poca distancia de su tarja como exaltado en el Salón de la Fama del Deporte Vega Baja Melao Melao y donde celebramos con su presencia en vida su biografía pública. En el caso de Luis Meléndez Cano, que afortunadamente está saludable y muy disponible a los historiadores e investigadores, le dedicamos tres sesiones en el Teatro América, luego nos contó su versión de la leyenda de la China y lo hemos programado para una comparecencia en el Programa del Diplomado en Historia Vegabajeña. Pero nunca pudimos tomar testimonios de otros como los hermanos Pérez Rodríguez, Julio Meléndez, Vitín Meléndez y Manolo Meléndez.

Cuando creemos que la historia puede ser útil para el futuro, debemos pensar en los accidentes de la vida. Esa experiencia de todos puede ser útil para algunos, para toda una nación o para el mundo, pero si se quiebra la posibilidad, se anula la probabilidad.

Pongamos esta tarea en nuestra agendas particulares. Para una persona, descubrir la familia debe ser importante porque hay coincidencias o hechos aislados que pueden y deben contarse y perpetuarse. Para la familia, debe haber una interacción en el pasado con su comunidad o su pueblo que sea relevante para explicar su desarrollo y ser parte de la historia colectiva.

Todas las memorias contadas comenzaron con una pregunta o una oración. Dediquemos tiempo a indagar con nuestros ascendentes y parientes colaterales mayores que nosotros para que nos cuenten lo que saben y lo que les dijeron. Todo lo que digan es importante. Pero si se busca el medio de perpetuarlo y de divulgarlo, es de un valor incalculable para confrontarlo al presente y forjar nuevas y mejores ideas para vivir. También, podrá ser visto de manera ejemplar o tal vez distinto, cuando llegue a las generaciones que no conoceremos y que a lo mejor no tendrán otros medios para llegar a esas otras verdades de los tiempos anteriores y el nuestro.

Un último consejo para aquellos que se están iniciando en la genealogía, buscando ese conocimiento sobre sus antepasados. Primero que todo, debe haber un diálogo con sus ascendientes o aquellos mayores que usted. Ellos saben nombres, apodos y origen de los mayores que ellos, porque vivieron esa experiencia. Usted, como menor, debe ir a esa fuente de saber, antes que se pierda esa fuente, de conformidad con la ley de vida.

Laura Esther Marrero Torres, educadora al estilo antiguo

 

 

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Laura Esther Marrero Torres, quien acaba de pasar por su transición,  fue mi maestra de segundo grado en la Escuela José Gualberto Padilla. La recordaba anoche junto a mi amigo Herminio Marrero por la extraña ubicación separada de su aula, entre el edificio principal y “los ranchones”, frente al pequeño “parque” como le decíamos al espacio libre de recreo donde jugábamos deportes. Ambos coincidimos en que su agradable imagen ha quedado grabada por siempre en nuestras mentes, por su amor incondicional y continuo y una vocación educativa indiscutible.

“Misis Marrero” era una mujer de poca estatura, pero yo la veía grande. Crecí más que ella, pero nunca la pude alcanzar porque al momento de su transición, tenia 103 años. Y creo realmente que no llegaré a tener ese privilegio de longevidad. No en balde decía Victor Hugo que las grandeza de las personas no se mide por su estatura.

En el proceso de aprendizaje de mi vida luego descubrí a su esposo, Don Ernesto y a sus hijos Grisel, Ernesto, Javier y Eduardo. Si por los frutos conocemos a las personas, ahí estan esos cuatro jinetes de la decencia humana que son sus hijos y su descendencia. Tambien los hemos visto interactuar con mucho amor hacia su madre y a su madre con ellos, en una relación felízmente ejemplar.

Nació el 13 de febrero de 1915. La historia escrita cuenta que se destacó como maestra de niños en diferentes sectores rurales y urbanos de Vega Baja por 37 años, aunque su labor educativa se extendió hacia adultos que querían aprender a leer y escribir. Se retira en 1982. Su labor social incluye ser parte de asociaciones de padres y de maestros y Presidenta de la Damas Auxiliares de la Legión Americana por varios años. En 1986 recibió la distinción como Familia Ejemplar de Vega Baja.

Los primeros años de la existencia y formación de todo ser humano uno los recuerda mejor porque uno no entiende mucho del complejo mundo que nos rodea. Ahí es donde asocio esa época con una persona excepcional que sin tener vínculos familiares se preocupaba de mi persona con la dedicación y atención que me prodigaban en mi hogar.

Así era la educación al estilo antiguo. Así era Laura Esther Marrero. Cuando los vegabajeños miremos hacia atrás y busquemos modelos, ya tenemos esa historia provechosa de una dama sensible, preocupada y ocupada de su entorno, vinculada y activa en su sociedad y de un profundo compromiso con la educación y el amor. Ha sido un privilegio conocerle y amarle.