Laura Esther Marrero Torres, educadora al estilo antiguo

 

 

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Laura Esther Marrero Torres, quien acaba de pasar por su transición,  fue mi maestra de segundo grado en la Escuela José Gualberto Padilla. La recordaba anoche junto a mi amigo Herminio Marrero por la extraña ubicación separada de su aula, entre el edificio principal y “los ranchones”, frente al pequeño “parque” como le decíamos al espacio libre de recreo donde jugábamos deportes. Ambos coincidimos en que su agradable imagen ha quedado grabada por siempre en nuestras mentes, por su amor incondicional y continuo y una vocación educativa indiscutible.

“Misis Marrero” era una mujer de poca estatura, pero yo la veía grande. Crecí más que ella, pero nunca la pude alcanzar porque al momento de su transición, tenia 103 años. Y creo realmente que no llegaré a tener ese privilegio de longevidad. No en balde decía Victor Hugo que las grandeza de las personas no se mide por su estatura.

En el proceso de aprendizaje de mi vida luego descubrí a su esposo, Don Ernesto y a sus hijos Grisel, Ernesto, Javier y Eduardo. Si por los frutos conocemos a las personas, ahí estan esos cuatro jinetes de la decencia humana que son sus hijos y su descendencia. Tambien los hemos visto interactuar con mucho amor hacia su madre y a su madre con ellos, en una relación felízmente ejemplar.

Nació el 13 de febrero de 1915. La historia escrita cuenta que se destacó como maestra de niños en diferentes sectores rurales y urbanos de Vega Baja por 37 años, aunque su labor educativa se extendió hacia adultos que querían aprender a leer y escribir. Se retira en 1982. Su labor social incluye ser parte de asociaciones de padres y de maestros y Presidenta de la Damas Auxiliares de la Legión Americana por varios años. En 1986 recibió la distinción como Familia Ejemplar de Vega Baja.

Los primeros años de la existencia y formación de todo ser humano uno los recuerda mejor porque uno no entiende mucho del complejo mundo que nos rodea. Ahí es donde asocio esa época con una persona excepcional que sin tener vínculos familiares se preocupaba de mi persona con la dedicación y atención que me prodigaban en mi hogar.

Así era la educación al estilo antiguo. Así era Laura Esther Marrero. Cuando los vegabajeños miremos hacia atrás y busquemos modelos, ya tenemos esa historia provechosa de una dama sensible, preocupada y ocupada de su entorno, vinculada y activa en su sociedad y de un profundo compromiso con la educación y el amor. Ha sido un privilegio conocerle y amarle.

 

 

 

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