La memoria vegabajeña

por Thomas Jimmy Rosario Martínez, Escuela de la Historia Vegabajeña

Hace algunos años, por un tumor en la pituitaria, padecí de pérdida de memoria. Como consecuencia, comencé a sufrir trastornos hormonales, con síntomas y consecuencias transitorias y permanentes. Uno no puede saber cuándo empezó a afectar mi mente, pero aun hay cosas que no recuerdo de ese período de tiempo.

Asimismo, cuando se interrumpe una vida por cualquier padecimiento, situación personal o por la muerte, la transmisión de ideas, la realización de obras y la presencia en el mundo dinámico no se da, produciéndose una realidad alterna a la que podía ser tomada como costumbre. En ese momento se apaga la historia de la persona por un tiempo o permanentemente y el fruto de las vidas no lo podemos recoger.

Recientemente y casi simultáneamente fallecieron dos educadoras de excelencia en nuestra ciudad. Al notificar su fallecimiento, otros y nosotros escribimos sobre la obra particular de cada una, pero en las exequias fúnebres de ambas, se vertieron las memorias de algunos sobre la grandeza de ambas. Esos detalles importantes casi nunca son recogidos para la posterioridad y solo se quedan en el recuerdo de los que relatan y los que escuchan, lo que con el tiempo se distorsiona, omite, reduce o se olvida.

La memoria se convierte en historia cuando se graba, se reseña o se escribe. Mientras tanto, es consumo fugaz de los que le prestamos atención y posteriormente se convierte en olvido repentino o paulatino de muchas verdades que pueden ser importantes para nuestra historia colectiva.

Desde que comenzamos la Escuela de la Historia Vegabajeña fue nuestra intención perpetuar testimonios de personas que pudieran dar luz al pasado y presente vegabajeño para que no hubieran esos espacios difíciles para los historiadores del futuro donde no se puede determinar lo que es verdad o ficción. No significa que hayan inexactitudes en testimonios, pero las fuentes primarias siempre son las que pueden dar prueba directa de los acontecimientos.

Hay quien piensa que en una época tan vasta de recursos tecnológicos, es un acto de indiferencia, negligencia y hasta de naturaleza criminal no perpetuar los momentos importantes de un pueblo, de una familia o de una persona. Esa línea de pensamiento nos coloca a todos, gobierno y mundo civil, en igual responsabilidad de dotar al futuro de las mejores fuentes de información como documentos, tradición oral, testimonios, opiniones e ideas en todos los formatos y lugares posibles y reproducirlos para prevenir su desaparición.

En 2014, los Investigadores de la Escuela de la Historia Vegabajeña propusimos una lista de personas para invitarlas a darnos su testimonio de vida. Muchas de ellas tenían mucha edad. Prevenidos de que la longevidad no es eterna, tratamos de cumplir con nuestro bucket list institucional. Pero antes siquiera de que pudiéramos convidarlos al banquete histórico, muchos de ellos fueron incapacitándose, indisponiéndose mental o físicamente o pasando por la transición.

Tuvimos mucha suerte con Tilín Pérez y con otros. A Tilín incluso pudimos darle una despedida en ocasión de su fallecimiento en Casa Museo Portela, a poca distancia de su tarja como exaltado en el Salón de la Fama del Deporte Vega Baja Melao Melao y donde celebramos con su presencia en vida su biografía pública. En el caso de Luis Meléndez Cano, que afortunadamente está saludable y muy disponible a los historiadores e investigadores, le dedicamos tres sesiones en el Teatro América, luego nos contó su versión de la leyenda de la China y lo hemos programado para una comparecencia en el Programa del Diplomado en Historia Vegabajeña. Pero nunca pudimos tomar testimonios de otros como los hermanos Pérez Rodríguez, Julio Meléndez, Vitín Meléndez y Manolo Meléndez.

Cuando creemos que la historia puede ser útil para el futuro, debemos pensar en los accidentes de la vida. Esa experiencia de todos puede ser útil para algunos, para toda una nación o para el mundo, pero si se quiebra la posibilidad, se anula la probabilidad.

Pongamos esta tarea en nuestra agendas particulares. Para una persona, descubrir la familia debe ser importante porque hay coincidencias o hechos aislados que pueden y deben contarse y perpetuarse. Para la familia, debe haber una interacción en el pasado con su comunidad o su pueblo que sea relevante para explicar su desarrollo y ser parte de la historia colectiva.

Todas las memorias contadas comenzaron con una pregunta o una oración. Dediquemos tiempo a indagar con nuestros ascendentes y parientes colaterales mayores que nosotros para que nos cuenten lo que saben y lo que les dijeron. Todo lo que digan es importante. Pero si se busca el medio de perpetuarlo y de divulgarlo, es de un valor incalculable para confrontarlo al presente y forjar nuevas y mejores ideas para vivir. También, podrá ser visto de manera ejemplar o tal vez distinto, cuando llegue a las generaciones que no conoceremos y que a lo mejor no tendrán otros medios para llegar a esas otras verdades de los tiempos anteriores y el nuestro.

Un último consejo para aquellos que se están iniciando en la genealogía, buscando ese conocimiento sobre sus antepasados. Primero que todo, debe haber un diálogo con sus ascendientes o aquellos mayores que usted. Ellos saben nombres, apodos y origen de los mayores que ellos, porque vivieron esa experiencia. Usted, como menor, debe ir a esa fuente de saber, antes que se pierda esa fuente, de conformidad con la ley de vida.

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