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El cénit de la excelencia

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Fotos por Jose Luis Maldonado Quirindongo (Luigi)

Anoche fui a ver la última función de las obras teatrales El Pleito de las Calaveras y Pluft, el Fantasmita en el Teatro América. Ese recinto, que a pesar de su limitada capacidad física, poco personal y objeto de escalamientos, vandalismo y fenómenos meteorológicos, cada vez sigue añadiendo elementos.

La primera de las dos obras presentadas por el grupo teatral de Vega Baja tuvo un elemento integrador. De la Escuela de Bellas Artes de Vega Baja, participó, como parte del espectáculo, un grupo de estudiantes de música y el Coro. El resultado fue precioso. Vimos un joven director musical formar parte de la primera obra como todo un actor experimentado, participando como un serio comediante en completa complicidad con sus músicos.

En un momento había más de veinte actores y músicos en escena, bien coordinados, ataviados y maquillados en forma creíble para la obra específicamente dedicada al tema del bien y el mal en el ambiente de la costumbre mexicana de honrar a sus muertos. De hecho, por eso se colocó la obra en los días de los Santos y el de los Muertos,  los que se celebran el primero y dos de noviembre de cada año.  Los demás elementos, como las luces y el sonido, estaban muy bien administrados por los técnicos. Sólo faltó un programa escrito sobre la producción, sinopsis y actores.

La de anoche fue una producción importante para la historia vegabajeña, que marca un nuevo concepto no acostumbrado.  Se acerca, aunque en forma microcósmica, a la manera de hacer teatro musical (sin ser esta en esencia una obra musical), como las grandes obras en Broadway o en el Centro de Bellas Artes de San Juan, con músicos en vivo, coros y actuación. Un espectáculo completo permite que el aficionismo teatral tenga una educación sin limitaciones y una excelente presentación para el disfrute de la audiencia.

Hay muchos factores en esta ecuación.  Pero tengo que resaltar, entre tantos que habremos de conocer eventualmente, la presencia del director de todo, David Muñoz. Es el hombre de las conexiones  con el mundo del espectáculo y la literatura teatral, de las ideas coherentes y de un alto sentido de perfección. La otra persona que debemos acreditar es quien lo ha respaldado constantemente, el alcalde Marcos Cruz Molina, que no es un elemento de lejos sino de una presencia constante y física con su esposa y sus familias, que también apoyan todas las puestas en escena.

Sé que hay otros pueblos que quieren tener la presencia dinámica de David para igual hacer maravillas con las artes. Ese respaldo que le ha dado el alcalde por estos años sigue dando frutos en tiempos de carencia de todo.  Por eso, nuestro pueblo suena más allá de los confines. El resultado es que somos afortunados por esta mezcla de educación y entretenimiento.

Perdón para Edgar Santana

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

A principios de esta década un jurado debidamente constituido encontró culpable de 18 delitos de corrupción al alcalde de Vega Baja, Edgar Santana Rivera. Inmediatamente fue encarcelado y hasta el día de hoy, solo lo hemos visto en fotografías. Aunque su pena fue reducida a confinamiento en su hogar, para propósitos reales, continúa prisionero del estado.

No voy a repetir lo que otros y yo hayamos dicho por muchos años. Solo voy a iniciar, de buena fe, lo que yo creo que debe ocurrir en un futuro cercano.

He sabido que su familia ha iniciado un proceso para solicitar otro indulto al Gobernador Ricardo Rosselló Nevárez. Preguntado en la oficina del Diario Vegabajeño de Puerto Rico, el entonces candidato nos dijo en 2016 que él dejaría que las  autoridades judiciales tomaran el curso a seguir con Edgar Santana. Entonces, el pasado gobernador Alejandro García Padilla le concedió un indulto condicionado que lo mantuvo encerrado un tiempo adicional antes de permitirle el cumplimiento remanente de su sentencia en restricción doméstica.

Las penas criminales tienen el propósito de que el que comete un delito reflexione sobre el mismo y que la sociedad pueda descansar tranquila de que el delincuente no atente nuevamente en similares circunstancias y perjudique las mismas u otras personas. Pero las sentencias no son para toda la vida, salvo casos excepcionales de depravación moral. Es parte del procedimiento de rehabilitación que la persona sane y se reintegre a la sociedad.

Edgar Santana forjó su propio destino, de eso no nos cabe duda. Tuvo malas asociaciones y permitió que se hicieran cosas malas. Por su contumacia, fue encontrado responsable y castigado. Siempre he estimado que severamente, pero sus llamados amigos empeoraron su entorno ambiental. Recordamos en ese menester  a Piñeiro, también convicto sacando su culum non pillare, como decía Peña Clós, a tiempo para no ser encarcelado; a San Miguel, ya fallecido; en su aspecto cercano, a Thomas Rivera Shatz, quien trató de descarrilar la investigación y a sus abogados, que le vendieron sueños imposibles. No quiero decir que Santana es una víctima, pero algunos piensan que por una aparente incapacidad mental, nunca vio venir al camión que lo aplastó.

Ya pronto entramos en otra década y es tiempo de liquidar cuentas. El mal que se hizo, otro lo ha remediado con sacrificios y ha recibido el reconocimiento público mediante los votos. En esa tarea Marcos Cruz Molina ha sido lo responsable y diligente con el librito de la sana administración y no como los amigos dicen que debe hacerse con la propiedad ajena del pueblo.

El gobernador debe concederle otro indulto a Edgar Santana Rivera. Por lo que me han dicho amigos en común, ha habido un acto de contrición de su parte. Además, hay dos hijos huérfanos inocentes literalmente desde 2011 que han triunfado a pesar de su ausencia y la adversidad que también son nuestros compueblanos. Hace falta que el pueda caminar libremente y que se una a la fuerza trabajadora de nuestro país. No hay razón para la restricción domiciliaria, él ya no puede ser considerado una amenaza.

Los vegabajeños también tenemos que sanar de esa convicción y castigo. Arrastramos  la verguenza pública que nos llevó esa administración de situaciones irrepetibles, pero el dolor siempre tiene un comienzo y un final. Hay que cauterizar la herida y empezar una nueva relación de todos nosotros con Edgar Santana Rivera y de él con nosotros.  En esta nuevo escenario del perdón funcional para su causa personal y el de nosotros como pueblo, ganaremos todos.

endi.com| Yarimar Bonilla| El conejo de todos los males

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En un mes de mucha lluvia y pocas noticias, las redes sociales se abarrotaron de debates en torno  a la figura del trapero Bad Bunny.

Primero causó controversia cuando desempolvó a La Comay para anunciar un nuevo concierto. Luego se formó un revuelo cuando el gobernador le pidió “a nombre del pueblo de Puerto Rico” que abriera una función adicional—pedido que el cantante se ha negado a contestar por considerar que hay asuntos muchos más importantes que atender, como el cierre de escuelas.

A pocos días explotó la controversia una vez más cuando una “maestra frustrada” ventiló contra el cantante sus resentimientos profesionales en un post de Facebook: “¿Cómo es que yo como maestra después de años de estudios apenas logro pagar mis cuentas, mientras usted por rimar palabras obscenas gana millones?” La maestra parece echarle la culpa al trapero por la posible creación de una “generación de imbéciles”, y hasta llega a verlo como señal de un futuro distópico: “¿Será que llegará el tiempo en que ya nadie quiera aprender y solo tratarán de versar palabras indecentes, el denigrar a la mujer será su mayor logro, y cerrarán nuestra escuelas?”

Al leer esta nota, reproducida en la prensa, me tuve que preguntar: ¿Cómo es posible que un cantante de 24 años se haya convertido en el símbolo de tantos males en Puerto Rico? ¿Por qué esta maestra arremete contra Bad Bunny por ganar millones, pero no contra Natalie Jaresko con su astronómico salario de $625,000 anuales? ¿Por qué si está preocupada por el cierre de escuelas y el futuro de la educación no le dirige su mensaje a Julia Keleher, que como bien señala Bad Bunny en su respuesta, es quien dirige ese sistema? ¿Cómo es que Bad Bunny llega a ser el blanco de tantas críticas y la imaginada raíz de tantos problemas sociales?

Me parece que la furia alrededor de Bad Bunny se ha convertido en lo que los sociólogos llaman un “pánico moral”. Esto consiste en la creación de un símbolo que encarna los problemas de la sociedad, hacia el cual el público canaliza sus preocupaciones y sobre el cual se debate para restablecer normas sociales. Las características principales de un pánico moral son: (1) la amenaza percibida es desproporcional a la real; (2) los medios de comunicación enmarcan el problema dentro de estereotipos comunes de raza, clase y género, que son reconocidos fácilmente por un público que ya está acostumbrado a reproducir dichos discursos; y (3) se utiliza el pánico moral para afianzar normas sociales o justificar políticas que recrudecen las jerarquías de raza, clase y género. En el fenómeno del conejo malo podemos ver en juego cada uno de estos aspectos.

Pero, ¿quién es Bad Bunny? Cabe recalcar que Bad Bunny es Benito Antonio Martínez Ocasio, un joven de Vega Baja, hijo de una maestra retirada y un camionero, que comenzó a cantar en el coro de su iglesia. Benito no viene del “bajo mundo” sino que estudiaba comunicaciones en la UPR-Arecibo mientras trabajaba a tiempo parcial como empacador en un supermercado. Desde niño le gustaba la música y hacía sus propias canciones, que compartía en las redes sociales. Fue así como sus productores lo descubrieron cuando sus canciones se tornaron virales.

Ya aquí esto nos dice algo: este supuesto símbolo de violencia y criminalidad es un producto de la clase media. Como tal sus canciones no representan realmente crónicas, sino fantasías, del bajo mundo. Esto es muy común dentro de este género en el que reina la exageración y en el que los jóvenes buscan representarse como heroicos protagonistas de lo que en realidad es una cotidianidad banal y asfixiante. Quizás es por esto mismo que Bad Bunny ha calado tan profundamente en el imaginario de la clase media boricua: porque refleja claramente sus fantasías, sus miedos y sus prejuicios.

Se dice que su lírica es misógina y violenta. Ciertamente sus canciones suelen caer en los libretos trillados de la música popular: sexo, drogas, dinero, fama. Pero realmente no son crónicas de violencia sino más bien usan metáforas de violencia para hablar de los mismos temas que reinan en los boleros y las canciones románticas: el amor, el desamor, la traición y el despecho. Por ejemplo, en la canción Soy peor, Bad Bunny declara que le rompieron el corazón, que lo traicionaron, y jura que no se volverá a enamorar. La única violencia a la que hace alusión es cuando dice que por despecho “compré una forty y a cupido se la vacié”. En el vídeo aparece un hombre con una capucha metido en el baúl del carro; luego se revela que es el mismo Bad Bunny, el rehén de su propio corazón.

Aun la canción Chambea, que es la que más se asocia con la violencia y glorificación de las armas, engaña. El vídeo empieza con una introducción por Ric Flair, estrella de la lucha libre americana—género por excelencia de la exageración y la parodia. En el vídeo no aparece ni una sola arma, sino un grupo de amigos jugando Nintendo. Al escuchar atentamente uno se da cuenta que de lo que se habla es del “fronte” y el “guille”, o sea, del que “chambea” pero no “jala”, lo que otros cantantes llaman el “buchipluma na’ ma”. Es cierto que se muestran “pacas” de dinero y mujeres bailando sugestivamente, pero también sale Bad Bunny con espejuelos rositas y un gabán floreado, bailando con un cinturón de lucha libre en la mano.

Me parece que aquí lo que se celebra no es tanto la violencia sino el espectáculo de guapería del cual la lucha libre es emblemático.

Se dice que su lírica es grosera y representa a la mujer como un objeto sexual, pero igual se podría decir que es sumamente “sex positive”— el énfasis no es exclusivamente en el disfrute del hombre sino también en el placer de la mujer. Además, aunque tiene algunos vídeos en los que salen mujeres en bikini, también tiene otros, como Dime si te acuerdas, donde sale una pareja de edad “dorada” que se reencuentra con nostalgia en un centro para envejecientes.

Recientemente la diva ponceña Ednita Nazario incluyó un medley de canciones de Bad Bunny en uno de sus conciertos, y declaró que no nos debemos escandalizar por el amor y el sexo. Lo cierto es que al final de cuentas las canciones de Bad Bunny no son más escandalosas que ciertas baladas “corta venas”, como A que no le cuentas o La prohibida, de la misma Ednita, que narran la cultura de infidelidad boricua y celebran la sexualidad de la mujer. Las canciones de Bad Bunny no están libres de sexismo, pero no se comparan con canciones violentas “del ayer”, como Amor trágico, de la autoría de Perín Vásquez pero hecha famosa por el legendario dúo Quique y Tomás, en la que se dice que el cantante quiere besar a su amada y luego “rodear tu cuello con un cordón de seda y apretar bien el nudo para que más nadie pueda jamás poner los labios donde los puse yo”. Estas líricas son mucho más violentas, pero al estar libre de palabras soeces nos parecen “bonitas”.

En estos días, el éxito Estamos bien ha dado mucho de qué hablar. Algunos sienten que el tema encubre los males de la sociedad con una fachada artificial de sonrisa y felicidad. Pero casi no se ha hablado de que él cantó esta canción en el programa The Tonight Show, donde le reprochó a Donald Trump el querer encubrir las muertes de María.

Luego de este reclamo es que entonces dice “But you know what? Estamos bien. Con o sin billetes de cien”. En ese momento, Estamos bien no representa un himno de escapismo sino de resiliencia. Es el reflejo musical de la actitud de miles de personas que han puesto sus propios techos, que han alimentado sus propias comunidades, y que han buscado la manera de sobrevivir y resistir sin tener que recurrir a la migración y el exilio. Es decir, no es ni más ni menos problemático que el “palantismo” que se promueve todos los días en cada rincón del país.

Pero lo que realmente me parece preocupante es que se detone un pánico moral alrededor de un cantante que no amerita tal nivel de alarmismo. Mi punto no es defenderlo. Más bien mi pregunta es: ¿Quién se beneficia de este pánico moral? ¿Y quién está en riesgo de perjudicarse? ¿Cómo es que los miedos y las preocupaciones de la clase media: el moralismo, el pudor y el desprecio a todo lo asociado con clases de menos recursos se movilizan una y otra vez para distraernos de las verdaderas amenazas?

Ciertamente cuando nos distraemos hablando de Bad Bunny nos olvidamos de que Keleher ha cerrado escuelas, eliminado la semana de la puertorriqueñidad y gastado millones en promover “valores” de cartón. Cuando nos preocupa la violencia de las líricas del Trap nos olvidamos de que el secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, anduvo negando los muertos de María y promoviendo fuerzas de seguridad privada que llevan a una preocupante militarización del país. Cuando entramos en brote por la cultura misógina de la industria musical nos olvidamos de todos los que votaron en contra de la perspectiva del género, los que les quitan fondos a programas para víctimas de maltrato y los que explotan sus puestos de poder convirtiendo las alcaldías en casas de desprestigio.

La impunidad de los políticos y su indiferencia frente a la violencia real (física, social, económica, burocrática, etc.) que se le inflige día a día a los puertorriqueños es lo que verdaderamente nos debe causar pánico y no el que un joven de 24 años cante sobre chambear mientras juega Nintendo.

La autora es profesora en Rutgers University.

Detrás de la inauguración del Centro de Bellas Artes de Vega Baja

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Parecería que estos no son tiempos de nuevas cosas. La economía en precario como los efectos de los huracanes de 2017 son dos strikes en contra para que un alcalde inaugure una Escuela de Bellas Artes. Pero el nuestro está haciendo posible su creación. ¿Donde esta la magia?

INAUGURACION BELLAS ARTES VEGA BAJA

Para los que no lo recuerden y para los otros que no se quieren acordar, este edificio se comenzó a construir dentro de un dudoso propósito de un anterior alcalde cuya meta era dejar al Partido Popular sin su comité municipal para poder dominar el futuro de la política de los vegabajeños.

Para entonces, un edificio sede era sumamente importante para demostrar fuerza y poder. La historia ha cambiado. Ya ninguno de los partidos, por razones económicas principalmente, tiene un lugar alquilado para reuniones. Y el primero que se quedó sin uno fue precisamente el partido de aquel alcalde de entonces. Pero también su partido ha perdido casi todo el apoyo electoral del pueblo vegabajeño que una vez tuvo, de manera que esa estrategia fue fallida.

La construcción del edificio se convirtió en una gestión multimillonaria cuyo cambio de órdenes nunca terminaba. Sin duda alguna, se hizo para robar dinero de los contribuyentes estatales, municipales y hasta del gobierno federal.  Sé que muchos se beneficiaron de la danza del dinero desde el primer croquis que vi. Pero al fin se  va terminando un proyecto que heredó en ruinas Marcos Cruz Molina y que lo ha transformado para una utilidad práctica y un fin educativo.

El “elefante blanco” como se le llamaba parecía que nunca sería más que un carapacho. Mala planificación y construcción, contratistas irresponsables y en un momento dado, ausencia de recursos para terminarlo. Era ese adefesio el hermano gemelo del edificio de la playa que por fuera parece monumental pero que por dentro es un desastre. Dos ATH de aquella funesta administración.

De seguro que aquel otro edificio sucumbirá pronto a los efectos del calentamiento global. Para este comienza una nueva era de positivos encuentros con el quehacer cultural y una gestión educativa sin precedentes en nuestra ciudad. Cuando no hubo más préstamos para los municipios, hubo un movimiento para conseguir el financiamiento.

La diferencia la ha hecho Marcos Cruz Molina, nadie más. Tocó puertas, creó confianza y le dieron crédito y oportunidades  económicas a nuestro pueblo basadas en la seriedad y credibilidad de sus ejecutorias. Esa es la historia. No hay otra. 

 

 

 

 

En el “Día del Vegabajeño”, hoy 7 de octubre

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

(Escrito publicado bajo el título de “240 Aniversario de la Existencia de Vega Baja” en ocasión de la cancelación del sello conmemorativo el 7 de octubre de 2016 en la Plaza José Francisco Náter).

Los vegabajeños existimos en el mundo con una personalidad distinta de todos los demás seres humanos. Nadie tiene nuestro gentilicio, nuestras costumbres y vivencias propias. Somos una gota en el inmenso océano del caribeñismo, antillanismo, americanismo e internacionalismo. Aun perteneciendo a tantos mundos, tenemos nuestra propia idiosincrasia como un pueblo del archipiélago puertorriqueño, con un orígen y desarrollo distinto y distinguible y un orígen por conocer.

ESCUDO Y BANDERA DE VEGA BAJA (1)

Presentacion Escudo a Junta Bicentenaria

Ser vegabajeño es un sentimiento, tan fuerte o definitorio para algunos, que aun cuando no fuera nuestro lugar de nacimiento, es donde reside o compartimos nuestro corazón.

Vega Baja fue lugar de vida de los aborígenes. Y ha sido espacio de interacción con personas de distintas nacionalidades del mundo que aportaron a la formación del vegabajeño de la actualidad. Donde escogieron para vivir es prolijo en recursos y ambientes. La costa, la vega, la montaña, terrenos secos o húmedos, cuevas y cavernas, cerca o lejos del agua que nos persigue por todos lados y que hemos reservado. Bajo la tierra o en las alturas; cerca del cielo.

Nos forjamos en pensamientos distintos, en la tolerancia y la diferencia en creencias, en el disfrute de los recursos naturales, en el desarrollo de comercio e industria singular y de proyección mundial, en el destaque de la política administrativa y partidista. Nuestros hijos han sobresalido en las distintas ramas de la actividad humana  como las profesiones, arte y deporte.

Recordar es una oportunidad para darnos cuenta del precioso valor que tenemos en bandera de vega baja 2nuestro alrededor. Es el momento para celebrar y buscar la continuidad de la ruta exitosa que hemos trazado.

!A celebrar nuestra historia vegabajeña!

Fiestas Patronales en Vega Baja hace medio siglo

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Hace medio siglo, se celebraron las tradicionales fiestas patronales en nuestro pueblo. Para entonces el alcalde era Rafael Cano Llovio, tío del próximo alcalde Luisito Meléndez. Como era acostumbrado, se hacía una invitación, proclama del alcalde, mensaje del párroco, fotografías, informaciones generales y anuncios en el programa escrito.

Se construía un templete de madera y pencas que servía para los espectáculos que se presentaban y para un baile “hasta que el pueblo diga”. Se colocaban quioscos de distintas entidades sociales, la Iglesia Católica y otros.

Durante el día se celebraban “juegos populares con premios para los ganadores”. El juego cumbre era el “palo encebao” que consistía de un poste que se insertaba anticipadamente en la parte este de la Plaza en un espacio de jardín que quedaba hacia la Iglesia Católica. Allí se colgaba de un palo transversal en su parte superior salchichón, botellas de licor y dinero que usualmente repartían entre los participantes al lograr treparse y llegar hasta los premios. La estrella histórica era “Julio el Sucio”, un residente de Altos de Cuba medio inadaptado social pero que todos lo queríamos y admirábamos. En su pecho tenía un tatuaje que leía “vengansa”.

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Viva La Gente | Fototeca Jimmy Rosario

El primer viernes en la mañana una banda de acero y fuegos artificiales anunciaban el comienzo de las fiestas. Por la noche había un espectáculo cumbre  y luego un baile. Los espectáculos del 1968 trajo a figuras musicales del momento como el Indio Araucano, Lucho Muñoz (organista), cantante Verónica Judith, Los Alegres Tres, Felipe Pirela. Grupo “Viva La Gente”, música jíbara, Willy Padín, Show de Go-go Girls, “The Ice Cream Rebelion”, Onelia Sánchez, Trío Los Monarcas, Isabel Sánchez y su esposo Ricardo Fábregues.

Distintas compañías auspiciaban a los artistas como la Cervecería India, Ron Don Q, Cervecería Corona y Del Monte. Las orquestas para los bailables eran Joe Ortíz, Joe Papi, Conjunto Popular, Vicentico Morales, Pepito Torres, Jr. y Continental Sextet. Las fiestas entonces duraban 10 días. Había juegos de azar con apuestas de dinero que las conocemos como picas.

Hay similitudes y coincidencias, pero llamar tradición a estas fiestas no es correcto. Es más, es atrevido dada la separación constitucionaol el querer continuar vinculando este evento de forma expresa con la Iglesia Católica como lo hace el Programa de este año.

La historia nos une en el pasado aunque algunos creen que el proceso de colonización y evangelización de alguna manera incidió en violaciones a los derechos de los seres humanos que vivieron en nuestra ciudad, incluyendo pero no limitado a la institución de la esclavitud, interferencia en política y en políticos y otras áreas de actividad social.

No tengo nada contra la religión y mucho menos contra el Padre Jorge, actual párroco del templo Santa María del Rosario,  a quien distingo y admiro la gran obra que ha hecho desde que llegó a nuestra ciudad.  Es sin duda, un ser excepcional y afortunado no solo para los católicos, sino para todo el pueblo.

Pero si quieren matizar un pasado honorable y llamarlo tradición ligado a nuestro pasado común impuesto, debemos conocer y analizar la historia completa. La tradición y devoción  la puede celebrar la Iglesia, eso es algo sagrado. El Gobierno Municipal puede paralelamente celebrar la fundación y logros continuos del pueblo y de los vegabajeños, lo que es que es nuestro deber. En ocasiones, podemos coincidir con nuestros hermanos espirituales como un gesto de unidad, pero manteniendo la distancia que es la ley y apicación del derecho. A veces, creo que retrocedemos. Retroceso no es tradición.

Descubrir la verdad y mejorar será la misión de todos, aprovechando lo que podamos aprender en ocasiones como esta.

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Uno de tres asuntos mal manejados por la actual administración municipal

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Ninguna gestión pública es perfecta ni ningún  gobierno hace bien todas las cosas. Uno, desde la perspectiva cómoda del ciudadano puede evaluar, adjudicar y hasta premiar o castigar con el voto cuando cada cuatro años  hay  que renovar el contrato social a los políticos recurrentes o a los partidos. Pero en el ínterin uno solo puede sufrir, esperar y chuparse un pirulí.

De la presente administración municipal me apena que todos los años choquen con la misma piedra en los mismos asuntos. Reconozco que hay gente comprometida pero que en ocasiones no utilizan la historia como experiencia.

He leído el programa de la Fiestas de Pueblo, que de nuevo, no se ponen de acuerdo con el nombre oficial. Uno es el que autoriza la Legislatura Municipal y otros son con los que la promueven. En esta ocasión el anuncio suelto anuncia “Fiestas Tradicionales de Vega Baja”. ¿En qué quedamos? ¿son Fiestas Patronales, Fiestas de Pueblo, Fiestas Populares o el nuevo nombre que se le ha dado para la vieja cosa? Fiestas Populares fue el nombre que se le dio en una ocasión en la década del 1940, que tuvieron que descartar luego para no matizar la relación con el partido político que entonces regía. Fiestas Patronales ya no se usa por la separación constitucional de la iglesia y el estado. Fiestas de Pueblo parece el nombre más apropiado, utilizado desde hace aproximadamente quince años por las últimas cuatro administraciones municipales. Fiestas Tradicionales es un nombre vago pues hay otras fiestas que se realizan en un año.

Pero mi objeción medular no está en el nombre sino en el contenido. En los espectáculos que anuncian hay apenas una rancia participación de vegabajeños que ni siquiera salen en los anuncios de televisión que hemos visto. Oro Entertainment y el Gobierno Municipal utilizan el tradicional método de darle prominencia al nombre y la imágen del alcalde y la participación de algunos de los artistas de relativamente mayor renombre y obvian deliberadamente el talento vegabajeño. De milagro anuncian el Rumbón de Pueblo, pero ese tradicional junte me informan que no le cuesta al productor ni al municipio.

En los tiempos de Rafael Cano, la Federación de Músicos de Puerto Rico boicoteó al alcalde y lo declaró “non grato”, pero Don Rafa siguió celebrando las fiestas. Luis Meléndez Cano en una ocasión decidió no celebrar las Fiestas Patronales porque el operador de las machinas prácticamente extorsionaba al municipio subiendo el precio cada año.

Nuestro actual alcalde también ha tenido sus retos en el pasado pero por lo que aparece publicado haber cedido a las condiciones del contratista. Con el mismo contratista. Algunos dicen que es otro tipo de extorsión y que el alcalde, pelado y desesperado firmaba cualquier cosa con tal de que el pueblo ganara presencia para esta temporada. Si eso fuera verdad,  el alcalde estaría sacrificando a los músicos vegabajeños al negarle la oportunidad del año. Prefiero pensar que es tímido negociando y que no mide consecuencias. Por un lado promueve nuevos pinos en este arte desde su gran obra con el Centro de Bellas Artes municipal, pero troncha a los profesionales del ramo de nuestro patio que puedan ser conocidos y respaldados por los suyos.

Otros dicen que lo que pasa es que no hay vegabajeños pegados en el ambiente musical. Pero los que se ofrecen que no son vegabajeños, están apagados. Buenos, nos gusta oírlos y verlos personalmente y celebramos su presencia, pero la mayor parte de esos buenos cantantes no son un Bad Bunny que tiene un brake mundial actualmente con Marc Anthony y Will Smith y que hizo récord en su primera presentación masiva en Puerto Rico. Ni tienen la prominencia que tiene Pedro Brull en Colombia y otros países aun cuando ese maravilloso sesentón corre a todo galope en la curva de las margaritas de su larga y exitosa carrera musical. Ni son las orquestas que aun josean un mermado billete con sus músicos talentosos en una época de escasez general.

Cuando creamos la palabra vegabajeñismo que nos da tanto orgullo ante una realidad histórica, tenemos que reconocer su antónimo que debe ser antivegabajeñismo. Y ese borrón nos hace pensar que hay actuaciones equivocadas de quien fue autor legislativo del Dia del Vegabajeño que apenas se acuerda de celebrar. Yo puedo escribir positivo de Marcos Cruz y su desempeño honesto y admirable los trescientos sesenta y cinco días del año, pero también debo ayudarlo señalándole lo que entiendo es una deficiencia que debe corregir. Antivegabajeño es una palabra obscena, que nunca debemos adjudicar a ninguno de los que queremos. No debe, pues, colocarse en la antesala del mote.

En años anteriores, planteando lo mismo me dieron la razón y balancearon la participación. No sé si ahora hay tiempo y si están interesados en hacerlo o considerarme majadero y cargar el embarre. Pero debieron pensarlo antes. Cuando se trate de Vega Baja y los vegabajeños, entiéndase que nadie no defenderá, excepto nosotros mismos.

Sigue habiendo mucha luz en la calle, pero sombras en el hogar. Lamentablemente, este no es el único fallo que se repite, se repite y se repite como el conejito de la famosa batería.

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