¿Eres vegabajeño? 3. La primera familia vegabajeña de la historia, los Guacabo*

Por Dr. Carlos M. Ayes Suárez

Trabajo de investigación preparado para la tercera parte del Diplomado en Historia Vegabajeña y publicado el 2 de julio de 2019 en la Enciclopedia Vegabajeña

LECTURA 1

La vida en comarca. 1

El 15 de junio de 1508, el comendador mayor Fray Nicolás de Ovando firma unas capitulaciones para iniciar la conquista de la isla de San Juan Bautista con el adelantado Juan Ponce de León. Pocos días después, el 12 de agosto del mismo año este atraca su embarcación en una playa de la costa sur de la isla en las inmediaciones del asentamiento del cacique Agüeybana con una tripulación de 50 individuos. La aparente desconfianza de parte de los indios hacia los españoles debido a su obvio conocimiento de los violentos sucesos de La Española y por advertencia de la anciana madre del cacique, tratan de evitar que se repitan los hechos y entablan con Ponce de León un tratado de amistad mediante una ceremonia de intercambio de nombres. Anota el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que luego del tratado de amistad con el cacique Agüeybana“… el hijo se anduvo con el capitán Johan Ponce, y le dio una hermana suya por amiga, y le llevó a la costa o vanda del norte de aquella isla, y le mostró algunos ríos de oro, en especial al que se dice en aquella lengua Manatuabón y otro que llaman Cebuco, que son dos ríos ricos, de los quales el capitán Johan Ponce hizo coger oro, y truxo gran muestra dello a esta isla Española al comendador mayor….” Existe información cronológicamente contradictoria con relación a las exploraciones mineras iniciales y a las exploraciones mineras que se iniciaron una vez arriba Ponce de León a la isla luego de firmar las capitulaciones para llevar a cabo la conquista. Según el cronista Fernández de Oviedo, durante la exploración del litoral marino norteño, Juan Ponce de León hizo atracar su embarcación presumiblemente en la ensenada donde desemboca el Río Cibuco, bajó a tierra y presumiblemente entró en contacto con los habitantes nativos de la región. Con la idea en mente de conocer el potencial minero del lugar lleva a cabo catas en los placeres del río y obtuvo muestras de oro. Ya había ensayado dicha búsqueda en la parte sur de la isla y al continuar su bogeo hacia el oeste atraca nuevamente en el lugar donde desemboca el Manatuabón. Donde obtiene iguales resultados de sus catas. Decide entonces navegar de regreso a La Española. Resulta obvio que cuando se anota que cuando “el capitán Johan Ponce hizo coger oro, y truxo gran muestra dello a esta isla Española al comendador mayor.” no se refería a la ocasión de que se da cuenta de su visita a dichas regiones acompañado del hijo del cacique sino a una ocasión previa. De hecho, en la Probanza del “lenguas” Juan González de 8 de junio de 1532, este observa que “Y allegamos a puesta de sol a unos ríos que se llaman de Mabilla, que podrá aver ocho leguas, poco más o menos, desde el pueblo de los cristianos a ellos…y…dieron con los indios cuatro catas en lo mejor de los arroyos, las dos en dos madres del río y las otras dos, la una en una sabana, y la otra en una barranca del un arroyo, y se sacó de todas cuatro catas buen oro…y acabadas de labrar…nos partimos…para otro río que se llama Cibuco y que podía aver dos leguas desde estos ríos y arroyos de Mabilla…y de allí fuimos a otras quebradas, que pusimos por nombre los arroyos, y dimos en cinco de ellas diez catas, y en todas diez hallamos buen oro, que podía aver una legua desde Cibuco a ellos y de ally salimos obra de media legua a otro río que de Caynabón y a otro que se llama Manatoabón…” Según el historiador Jalil Sued Badillo, dichas exploraciones se llevaron a cabo en el 1506. Es decir, antes de que de Ovando y Ponce de León firmaran las capitulaciones y durante el periodo que el mismo comendador mayor había capitulado con Vicente Yáñez Pinzón la conquista de la isla. Por eso es que Ponce de León insiste en asentarse en el área costera más cercana a las futuras minas. De hecho, según se desprende de la Probanza de Diego de Villalobos, se consideraban las minas de Cibuco como las mejores de la isla. Y esto era así porque, según el testimonio de Miguel de Toledo, el oro obtenido de los placeres de los cuerpos fluviales de la región sólo mermaba a dos y medio y tres pesos, lo que representaba oro de buena calidad en pureza y limpieza. Pocos meses después de la visita del Adelantado Juan Ponce de León, este se asienta en el poblado o yucayeque del cacique Guaraca de Guayaney, en el banco oriental de la desembocadura del Manatuabón a pocas leguas hacia el occidente del Sebuco. Varios debieron haber sido los motivos para haber seleccionado dicho lugar como asiento de su empresa colonial. Pero resulta obvio que los resultados obtenidos por este de sus catas exploratorias tanto en el Manatuabón Alto como en el Bajo y la gran densidad demográfica de la región, ya observada de antemano, según se desprende de los documentos de la época, fueron los factores principales. Para el desarrollo de la empresa minera que iniciaba necesitaban de una fuerza laboral con la que no contaban. Pese a esto informan del uso de trabajadores indígenas durante las exploraciones mineras que llevan a cabo en las cuencas de los ríos Mavilla, Cibuco, Caynabón y Manatuabón. De ahí que decidieran apropiarse del trabajo de los taínos llevando a cabo una reorganización del mismo bajo un sistema de encomiendas. De hecho, el 1 de mayo de 1509, Ponce de León solicita autorización para aprovecharse del trabajo de los indios y Fray Nicolás de Ovando lo autoriza a llevar a cabo el primer repartimiento donde se da cuenta de que repartieron 5,000 indios y 500 indias. Es durante ese primer repartimiento que el cacique Guacabó es encomendado por Ponce de León a la Granja del Rey. Al observar que los taínos mantenían un sistema político donde el cacique ejercía de forma dictatorial el poder, entendieron que la reorganización del trabajo de los taínos tenía que llevarse a cabo manteniendo la estructura de poder de los caciques sobre el resto de la población. De esa manera comienzan a concentrar la población indígena cerca de las “haziendas de minas”, otorgándoles a los caciques y su familia cincuenta naborías para su servicio personal y comenzando la alfabetización de los niños de los caciques como parte del proceso de adoctrinamiento cristiano. Tanto el cacique Guaraca de Guayaney como el cacique Guacabó de Sebuco, junto a los caciques Orocoviz, del cauce alto del Manatuabón; y Aramana, del cauce del Toa, fueron encomendados por el Adelantado Juan Ponce de León; Guacabó y Aramaná a Diego Colón en la Granja del Rey. (No olvidar el contacto en los años iniciales) Sin embargo, cuando Juan Cerón lleva a cabo el segundo repartimiento de indios, le permite a Juan Ponce de León retener al cacique Guaraca de Guayaney pero le quita al cacique Orocoviz, cuya encomienda debió de haber estado relacionada con las minas del Manatuabón Alto y al nitaíno Guamaraca de Guacabó. El cacique Orocoviz es encomendado por el propio Juan Cerón mientras que el nitaíno Guamaraca de Guacabó es encomendado a Juan Bono de Quejo. El dia 12 de marzo de 1513, el rey ordena que se le den 100 indios a Hernando Mogollón, aposentador de la villa de Caparra en San Juan. A través de un pleito incoado por Antonio Sedeño contra Miguel de Castellanos por indios de encomienda en 1527 y mediante el interrogatorio de testigos sabemos que el cacique Guacabó fue encomendado al estanciero Hernando de Mogollón y que Guamaraca de Guacabó fue encomendado a Juan Bono de Quejo. No olvidemos que ya el cacique Guacabó había sido desplazado a la Granja del Rey por el mismo Ponce de León.

Durante el interrogatorio a Diego de Cuellar este declara que en efecto, inicialmente le habían encomendado un grupo de cien indios del cacique Abey. Sin embargo, “…se quexava muchas vezes eldicho Mogollon diciendo que tenia pocos yndios e que después oyo decir a muchas personas que le avian encomendado otro capitán pero que no sabe quantas personas tenia.” dicho Mogollon diciendo que tenia pocos yndios e que después oyo decir a muchas personas que le avian encomendado otro capitán pero que no sabe quantas personas tenia.” El dia 23 de julio de 1519, Martín de Medrano informa haber notificado y leído el mandamiento del Licenciado Antonio de la Gama para iniciar la investigación que se iba a llevar a cabo para el juicio de residenciamiento de Sancho Velázquez (1519-1520) en la estancia de Hernando Mogollón localizada en la ribera del Toa. A través de dicha información podemos concluir que fue a su estancia localizada en la Ribera del Toa donde fue trasladado el cacique Guacabó junto a sus naborías.

Nos llama la atención la mención que hacen de que uno de los “capitanes” o “nitaínos” del cacique Guaraca de Guayaney era Guamaraca de Guacabó. Esto nos sugiere la posibilidad de que el cacique Guaraca fuera de mayor jerarquía que el cacique Guacabó y que, por ende, la casta de “nitaínos” provenía no solo del propio cacicazgo de Guayaney si no de los cacicazgos alrededor de este.

El nombre de Guacabó, aunque parece haber sido muy común entre los taínos encomendados, parece identificar a los parientes del cacique Guacabó. Afirmamos que pudieran ser parientes porque hemos identificado otros indios provenientes del cacicazgo de Sebuco cuyos nombres eran Juan Pérez y Magdalena, que no hacían uso del nombre Guacabó, encomendados a Antonio Sedeño en el Aymanio. Vamos a encontrar en muchas relaciones de dicho periodo la mención de indios con dichos nombres encomendados en los valles del Turabo, Toa y Otoao los cuales pudieron ser oriundos del cacicazgo del Cebuco. También encontramos la mención repetida de los nombres Guamaraca y Cucana los cuales asociamos a los cacicazgos del Guayaney y del Cebuco. El nombre Cucana identificaba la actual Ciénaga Tiburones.

En la “Granja del Rey” se da cuenta de que hay un indio de nombre Padre Guacabo, lo que sugiere su ancianidad pese al hecho de que no hace mención de que este fuera cacique o “capitán”. Lo que, como sabemos, conllevaba ciertos privilegios o tratos preferenciales. Es de suponer, entonces, que el cacique Guacabó de Sebuco, el cual fue encomendado al Regidor Hernando de Mogollón en su estancia del Toa, aparece previamente alistado en la Granja del Rey para el periodo en que (29 de agosto de 1513 – 9 de abril de 1517/26 de junio de 1516 – 8 de marzo de 1519) se lleva a cabo la relación del vestuario suministrado a los indios encomendados. Resulta obvio el hecho de que el cacique Guacabó es retenido como “naboría de casa de minas” hasta que el 22 de septiembre de 1514, es finalmente encomendado a Hernando Mogollón. Desde el momento en que fue encomendado hasta su última mención en los documentos de la Real Hacienda, transcurrieron al menos diez años de coerción de su trabajo por los conquistadores.

Resulta de gran relevancia el hecho de que Padre Guacabó aparece alistado como naboría de casa de minas el 26 de junio de 1516 con el cacique (¿Diego?) Aramaná en la Ribera del Toa. Diego Aramaná tenía entre sus esposas a Magdalena Guabuca (¿Guacabo?), hermana del cacique Guacabó. No se debe pasar por alto el hecho de que si Magdalena Guabuca era la única hermana de Guacabó, sería un hijo de esta con el cacique Aramaná quien tendría la sucesión de éste como cacique. Observa el Dr. Ricardo E. Alegría que dicho matrimonio es evidencia de las alianzas matrimoniales entre los caciques.

El desplazamiento de la población originaria del Sebuco hacia el Toa incidió, junto a otros factores, sobre todo epidemiológicos y laborales, a la reducción de la misma. Ya para la tercera década del siglo XVI (1528) se ha evidenciado la introducción de indios esclavos procedentes de la Isla de las Perlas (Isla Margarita) de la costa suramericana al menos en la estancia de Rodrigo Ortiz, localizada en el Unibón, cerca de las viejas “mynas de çybuco”, al igual que esclavos negros. Como parte de un pleito judicial por el asesinato de Francisco Gutiérrez, negro horro, por su propio padre, el estanciero Rodrigo Ortiz, se hace mención de que los indios Juanica çibagua y Juanico macolote eran parte de ladotación de esclavos de la misma. Ambos indios habían sido introducidos por el propio estanciero desde América del Sur.

Durante dicho periodo se anota la existencia no solo de estancias, como las de Rodrigo Ortiz y Juan Santiago (Juan Gonçales – estante en la estancia de Rodrigo Ortiz proveniente de las minas de Cibuco) en Unibón, sino de la crianza de ganado porcino en el “Cebuto el Bajo” (Cibuco Bajo) por parte de Francisco de Cardona y Francisco de Barahona, quienes le vendieron “…veinte puercas preñadas y treinta puercos, y cree que un verraco o dos…” al Licenciado Sancho Velázquez quien tenía una estancia en la Ribera del Toa.

Las condiciones geomorfológicas de la región del Cibuco Bajo resultaban favorables para la crianza de ganado porcino. Grandes extensiones de terrenos de los llanos costaneros del norte conformaban extensas marismas o ciénagas de las cuales se conservan importantes reductos. A principios del siglo XVII, el Capitán General Sancho de Ochoa, observa mientras explica el problema que representaba para la seguridad de los habitantes los continuos asedios de los indios Caribes, que “…han puesto tanto miedo en toda la isla que se van despoblando las estancias que están cercas de las marismas, que son las mejores y más provechosas respecto de ser el pasto del ganado de cerda de toda la isla…”

Anota el investigador Jalil Sued Badillo, que “Todavía en la década de los treinta se nombran las minas de Manatoabón, Alto y Bajo, de Cibuco, Alto y Bajo, como centros mineros, habiendo sido estos los primeros en descubrirse en 1508.”73 Sin embargo, a la vuelta de la próxima década era evidente de que las minas se habían agotado, pues al hacer referencia a las mismas las llaman las “minas viejas de Cebuco”. El 21 de enero de1542, trece estancieros habitantes de la Ribera del Cibuco le plantean al Cabildo de San Juan su reclamo de que se redujeran los hatos ganaderos de una a media legua de manera que no solo pudieran proteger sus cultivos del ganado que pacía en la vasta región sino que pudieran ellos mismo criar su propio ganado para abastecerse de carne. Entre los peticionarios se encontraba Frey Bernardo; lo que evidencia la importancia de los vecinos desde el punto de vista demográfico.

FUENTES SELECCIONADAS

Fernández Méndez, Eugenio. Las encomiendas y esclavitud de los indios de Puerto Rico: 1508-1550. Sevilla. Separata del Tomo XXIII del Anuario de Estudios Americanos, 1966. Página 6.

Las hordenancas (para el) tratamiento de los indios. AGI. Indiferente General, Legajo 419, Libro 4. En Alegría, Ricardo E. Editor. Documentos Históricos de Puerto Rico. Volumen I. 1493-1516. Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, Instituto de Cultura Puertorriqueña. San Juan. 2009.

Murga Sanz, Vicente. Historia documental de Puerto Rico. Volumen II. El juicio de Residencia, moderador democrático: Juicio de Residencia del Licenciado Sancho Velázquez, Juez de Residencia y Justicia Mayor de la Isla de San Juan (Puerto Rico), por el Licenciado Antonio de la Gama (1519-1520). Sevilla, 21 de diciembre de 1956. Página 520.

Probanza de Juan González (1532). Acompañó a Juan Ponce de León en 1508. AGI. México 203. Citado en Sued Badillo, Jalil. El dorado borincano: la economía de la conquista (1510-1550). Ediciones Puerto. San Juan, 2001. Página 332.

¿Eres vegabajeño? 2. Los aborígenes vegabajeños

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Los primeros vegabajeños que conozcamos por la prehistoria e historia de nuestra ciudad fueron los aborígenes. Para afirmar eso no podemos decir que el concepto vegabajeño existía como lo hemos formulado en teoría de que es un sentimiento, porque no hay registros históricos de una admisión personal. La conciencia local de espacio reclamado con algún grado de propiedad personal por los que han tenido contacto como natural, residente o itinerante en nuestro Vega Baja ocurrió después, a mi entender, en la segunda mitad del siglo XIX.

Pero a veces no hay que decir las cosas para uno darse cuenta de su sustancia. Antes de que llegaran los colonizadores, los aborígenes ya habían escogido a parte o la totalidad de nuestra tierra para hacer sus asentamientos y dejarnos evidencia de su presencia. El efecto es que hoy día seguimos con la presencia de lo que nos dejaron. Y le damos perpetuidad usando su lenguaje nominador y algunas de sus sus palabras de uso diario dentro de lo que llamamos idioma español.

Tomemos como ejemplo el lenguaje de los taínos. Un barrio, un río, un sector y un área protegida lleva el nombre de Cibuco. Otros barrios, Ceiba y su sector Sabana, son también palabras aborígenes. Una de las teorías del nombre de Pugnado (Afuera y Adentro) corresponde a alegadas pugnas entre indios y españoles.

Sobre este tema, véase: https://enciclopediavegabajena.com/2020/01/04/bibliografia-vegabajena-arqueologia-linguistica-de-manuel-alvarez-nazario/

La música tradicional y la moderna en ocasiones utiliza las maracas. En este arte, antes ceremonial y después de entretenimiento, hay un vínculo continuo. En nuestra región se han encontrado maracas de los aborígenes., por lo que comprueba una vez más que la presencia aborigen ha quedado marcada en nuestra historia vegabajeña y es parte de ella.

Si vamos a trazar la raya de lo que es vegabajeño, ahí está nuestro génesis. No sabemos más porque en el proceso de la vida esas culturas previas se fundieron con las que vinieron luego. Pero posiblemente la herencia mayor no sea visible ni historiable. Los vegabajeños que se han hecho exámenes genéticos lo han descubierto.

¿Eres vegabajeño?

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Cuando hace muchos años buscamos definir lo que era un vegabajeño, comenzamos, como es usual, por el diccionario. La definición del Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe nos resultó insuficiente. Fuimos entonces a la historia.

Encontramos el desconcertante ejemplo de un padre que había nacido en San Juan, que hizo su carrera profesional y literaria en Vega Baja y su hija que había nacido en Vega Baja, que habiéndose ido a los pocos años a Arecibo por razones de salud, se sentía arecibeña. Me refiero al Dr. José Gualberto Padilla Alonzo y Trina Padilla de Sanz.

En mi investigación, fui en busca de otros ejemplos. Y como nuestros primeros pobladores fueron los indios, me pregunté:¿Eran vegabajeños los aborígenes? ¿Podemos trazar un tracto lógico entre aquellos primeros pobladores y nosotros, los que hoy día nos consideramos vegabajeños genuinos? ¿Y los españoles que luego nos “colonizaron” junto a los negros africanos que luego trajeron?

Al investigar a los aborígenes tenemos limitaciones pues no dejaron escritura que conozcamos. Lo que sabemos, es por la interpretación del colonizador. Pero al residir en lo que ahora llamamos nuestras tierras, no podemos perder de vista que eran de ellos primero. Tal vez sus límites no eran las mismas colindancias, pero los lugares, aunque modificados, no se han ido. Y dejaron su huella en prácticamente los catorce barrios de Vega Baja. Y tal fue su presencia, que no hay contabilidad perfecta para sus aportaciones en el tiempo que estuvieron aquí.

De ellos, no lo sabemos todo. Aun lo que se ha descubierto, como lo del Paso del Indio, permanece secreto bajo una treintena de cuerdas donde se ha detectado presencia de artefactos aborígenes y lo que se sacó de allí permanece sin documentarse para el pueblo. En otros sectores locales, igual. Las investigaciones arqueológicas son costosas y requieren mucho estudio preparativo y procesal, sin contar la preparación de informes preliminares y finales e interpretaciones.

Las posibles escenas aborígenes cuentan con otro impedimento y es el de los que sin permiso y sin ningún estudio ni preparación y en violación de la ley, hurtan las piezas de yacimientos. Cada unidad descompone un área de estudio que pudiera darnos las claves para entender esa presencia en nuestro lugar y el porqué esos primeros vegabajeños pasaron, llegaron y se quedaron en este espacio bendito.

Continuaremos…

Vegabajeños más destacados de todos los tiempos| Juan Alberto González Vázquez (Igor)

“Tablero” de Fototeca Jimmy Rosario 900327. Usualmente Jimmy Rosario preparaba unas tarjetas sobre historia de Vega Baja (personalidades, edificios, lugares, recursos naturales y otros) para los estudiantes de las distintas escuelas de Vega Baja que los maestros le daban asignaciones para que conocieran a su pueblo y su gente.

Vegabajeños más destacados de todos los tiempos| Emilio Miranda Negrón

“Tablero” de Fototeca Jimmy Rosario 900326. Usualmente Jimmy Rosario preparaba unas tarjetas sobre historia de Vega Baja (personalidades, edificios, lugares, recursos naturales y otros) para los estudiantes de las distintas escuelas de Vega Baja que los maestros le daban asignaciones para que conocieran a su pueblo y su gente.

Vegabajeños más destacados de todos los tiempos| Enrique Torres Concepción

“Tablero” de Fototeca Jimmy Rosario 900324. Usualmente Jimmy Rosario preparaba unas tarjetas sobre historia de Vega Baja (personalidades, edificios, lugares, recursos naturales y otros) para los estudiantes de las distintas escuelas de Vega Baja que los maestros le daban asignaciones para que conocieran a su pueblo y su gente.