Vegabajeñismo | La misión cultural

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Para aquellos que sienten como deseo personal, convicción ó tienen que hacerlo como su responsabilidad en algún trabajo, la misión cultural debe tener sus reglas. Ser vegabajeño es un sentimiento que se tiene que continuar nutriendo principalmente de lo que los vegabajeños hacemos por nosotros, por nuestra familia y por nuestra comunidad. Dejar o marcar la huella que los que se esfuerzan por mantener ese orgullo sano por nuestra ciudad nos beneficia a todos.

El Gobierno Municipal tiene varias dependencias que crean labor cultural que en los últimos tiempos, por razones económicas, han tenido que reducirse bajo una sombrilla y nada se hace si no lo preautoriza, autoriza y aprueba el alcalde Marcos Cruz Molina. Nuestro alcalde tiene mucho conocimiento de nuestra historia y cultura, pero a veces no es suficiente o completa su intervención porque no tiene todo el tiempo para escuchar recomendaciones para mejorar la propuesta cultural. Bajo subordinación tiene algunos especialistas en deportes, historia, turismo, artesanías y otros menesteres y recibe el insumo de personas de fuera del gobierno municipal que les dan ideas originales o de mejoramiento, pero en realidad algunos no se sienten satisfechos de hacer sombra al político que los dirige. Como consecuencia, hay desmotivación o se hace lo necesario o lo que se le pide.

Los museos, por ejemplo, trabajan con deficiencia porque son depósitos de objetos culturales cuando los hay, aunque generalmente son lugares para leer la cultura, ver imágenes y dejar permanente, sin crecer, las colecciones que se exhiben. En los últimos cuatro años, no ha habido crecimiento en las exhibiciones militar, Salón de los Inmortales del Deporte, sala de historia en el Museo Casa Portela y lo que se exhibe en Museo Casa Alonso. Esto no es la primera vez que lo digo. No he visto planes para el futuro sobre lo que se puede estar haciendo o se ha hecho, porque el Gobierno Municipal es muy parco en este particular. En lugar de consultar a las insituciones culturales, hay mentes creativas en su derredor que no profundizan no solo en la variedad cultural sino en el criterio de cambio como un factor de interés del público y para servir a los mejores intereses de la cultura. Una exhibición inamovible es una oferta muerta.

Ahora con la pandemia, no hay oportunidad de tener actividades culturales. Dependemos de la generosidad de algunos artistas que nos brindan su arte gratuitamente, como el músico y compositor José Luis Meléndez que ofrece conciertos por internet. Mi hijo Jimmy y mi sobrino Carlos también lo han hecho, aunque con menor frecuencia. En la Internet hemos seguido publicando nuestros escritos y otros, todos los días, con temas de la cultura y la historia vegabajeña, en nuestra plataforma de Pueblicaciones Educativas Vegabajeñas, Inc. Pero eso no es suficiente.

Hay un episodio en nuestra historia que nunca he entendido. Para la inauguración del Centro Cultural de Vega Baja en 1958 trajeron a Maricusa Ornés, una cantante dominicana que era profesora en la Universidad de Puerto Rico. No se presentaron recursos puertorriqueños, pero la velada era para instalar la Junta Directiva Local y empezar a difundir la cultura puertorriqueña. De la misma manera no puedo entender que algunas organizaciones culturales dediquen parte de su tiempo a adelantar causas políticas o ideológicas, con exclusión de participación de personas que no piensan igual o con la prevalencia de expresiones a nombre del grupo sobre temas de parcialidad.

La cultura presupone la diversidad. No está ligada al poder político ni a las tendencias ideológicas o políticas. Cuando alguien secuestra parte de las manifestaciones o niega acceso a ellas, deja de ser importante pues es una manera de amañar y tal vez sea un fraude hacia quienes esperan recibir las ideas completas de la cultura y por los que se supone que la divulguen correctamente.

Al gobierno municipal le falta un trecho para llegar a la excelencia en su oferta cultural, pero a las instituciones y a las personas nos falta integrarnos entre nosotros y compartir una agenda en común que nos beneficie a todos los vegabajeños, dejar la rutina de clubes privados de la cultura y de manipulaciones políticas e integrarnos como buenos vegabajeños, lejos de ese venenoso proceder.

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